14 de junio de 2024

Muerte por flechazo

Muerte por flechazo 





   —Abogado de la defensa, ¿cómo se declara la acusada?

   —No culpable, Señoría.

   —¿Y la acusada desea hacer alguna declaración?

   — Sí, Señoría.

   — Suba al estrado, señorita Acosta. ¿Jura decir la verdad?

   — Gracias, Señoría. Sí. Lo juro.

   —Prosiga, la acusada.

   —Antes de todo les ruego que me comprendan, por favor.  Me encontré superada por las circunstancias… No vi otra salida … Tuve que hacerlo. Quiero que oigáis mi historia. Estoy segura de que cualquiera en mi situación habría hecho lo mismo. Todo empezó hace un año.

» Yo soy una mujer corriente. Como podéis ver – ni guapa ni delgada – sino todo lo contrario. No soy de esas que enamoran por donde van. Pero a principios de febrero del año pasado, mi soledad y el deseo de tener un hombre decente en mi vida me han llevado a un estado de desesperación. Ver parejas se me hacía insoportable. Y mucho más, cuando parecían felices y enamoradas. Ya tengo una edad, ¿saben? Y el tiempo vuela.  Así que el día catorce se me ocurrió ir a la iglesia de San Valentín. ¿No es un Santo de novios? Pues eso.  Le llevé un ramo de rosas y unas velas y me puse a rezar. Recé mucho. Muchísimo. Estuve arrodillada durante horas y horas…

» Aquella misma noche me despertó un ruido. Cuando encendí la lámpara de la mesita, a los pies de la cama, vi sentado a un niño o alguien que se le parecía mucho. Era desnudo, con el pelo rubio ensortijado, unas alitas muy cucas y un arco dorado y flechas…

   La sala del tribunal exploto en risas y carcajadas. El juez mandó a callar al público so pena de expulsión y pidió a la acusada continuar.

   — Gracias, Señoría. Ejem, ejem… En conjunto, era la cosita más adorable que yo haya visto nunca. Y, de repente, se dirige a mí con una voz muy grave: “Mujer, vamos al grano. Mi jefe, San Valentín, me mandó a solucionar tu problema. Dime cómo lo quieres. No te enrolles demasiado que no tengo toda la noche. Hay montones de pedigüeños como tú. No me mires con esa cara de boba. Al hombre, ¿cómo lo quieres?”.

» Apenas pude articular una palabra para contestarle:

   — No lo sé. Así de pronto. Que sea muy detallista y romántico, que me regale flores, que me … —Y el Cupido desapareció con la palabra “hecho”, flotando en el aire.

» Al día siguiente, al abrir la puerta de mi piso, vi un enorme ramo de rosas rojas con una tarjeta:

 

Para la mujer más bella del mundo, la que me hace vibrar como

un abejorro buscando el dulce néctar de las flores.

Siempre tuyo, tu enamorado secreto. N.B.

 

» Madre mía, me puse loca de contenta. Nunca, jamás, me han regalado ni siquiera un cactus escamochado. ¿Quién sería ese hombre?

» Al llegar al trabajo, también había ahí un enorme ramo de rosas. Los compañeros estaban ojipláticos, viendo aquello. Y yo, tan contenta. Por fin, alguien se había fijado en mí. El ramo también tenía una tarjeta:

 

Las rosas rojas para mi dulce rosa escarlata.

Con todo el amor, tu enamorado secreto. N.B.

 

» Cuando llegué a casa con mis rosas, en la puerta de nuevo había un enorme ramo, pero de lirios. Con la tarjeta con un poema muy romántico que hablaba de mis atributos físicos. Había tantas flores que he ocupado con ellas todos los jarrones y botes que tenía.

» Al día siguiente, otra vez en la puerta había un enorme ramo de rosas blancas. Con tarjeta. Y en el trabajo, también. Con tarjeta. Regalé mis flores a todos los compañeros. Estaba muy contenta y ellos, también.

» Al volver a casa, de nuevo encontré un gigantesco ramo de flores en mi felpudo. Gladiolos o dalias. Ya no me acuerdo. Con otra tarjeta y un poema. Tuve que ir al chino a comprar más jarrones. La casa olía como un jardín botánico o como un funeral. Mi mente está confusa al respecto.

» Y así, durante varias semanas, tres o cuatro enormes ramos de flores cada día. Ya no sabía dónde meterlos. Los compañeros empezaban a reírse a mis espaldas. Tampoco nadie quería flores, ni regaladas. Entre las marchitas y las frescas me mareaba. Los vecinos se quejaron de que los ramos amontonados en mi puerta daban un mal olor y el aspecto de abandono. Ya no podía más… Estaba desesperada … Ejem… Llamé a la policía. Me han dicho que nada podían hacer al respecto, ya que no era ningún delito regalar flores. Tampoco se molestaron en averiguar quién era el repartidor o florista que traía los ramos. Me dio la impresión de que les divertía la situación…

   Las risas del público subieron de tono y el juez de nuevo llamó al orden:

   — Señores y Señoras presentes, me veo obligado a interrumpir este juicio para un receso de media hora. Espero que recapacitéis y a la vuelta tomaréis esta corte con más seriedad y respeto. Acusada, seguiremos con su declaración después del receso. Tómese un descanso, veo que lo necesita. Se levanta la sesión.

   Pasada media hora, después de subir al estrado, la señorita Acosta continuó con la voz temblorosa:

   — La situación empeoró cuando la prensa se instaló en el portal. Salir de mi casa a diario se convirtió en un suplicio… No podía dar un paso sin una alcachofa en mi cara… Sobre mí publicaron en el periódico local y nacional. Ya ni hablo de las redes sociales… Mi cara estaba en todas partes. Hasta llamaron a mis padres, pobrecitos ellos. Me pusieron varios apodos: la mujer de mil rosas, la mujer florero, la mujer de flores marchitas… Era insoportable vivir así… Ejem, ejem, ejem… Y, mientras tanto, los ramos aparecían en mi puerta y en el trabajo como por arte de magia. Ahí es cuando comprendí que el Cupido me ha tomado el pelo. Esto no podía continuar más, así que he vuelto a la iglesia para suplicar a San Valentín que pare esta locura…

   — ¡Ruego el silencio en la sala! Aguacil, expulse a aquel grupo del fondo. Este juicio no es una broma, señores. Señorita Acosta, ¿desea un vaso de agua? Continúe, por favor.

   — Le agradezco, Señoría.

» Como dije, he vuelto a la iglesia. Y me quedé ahí rezando durante horas. Por la noche el Cupido no apareció. (El público volvió a reír. La acusada empezó a llorar). Perdonen, pero es que todo es tan absurdo, lo sé… He vuelto otras dos o tres veces a suplicar a San Valentín. Cuando ya perdí la esperanza de ser escuchada, el Cupido apareció en mi dormitorio. Estaba muy enfadado; me gritó y me llamó de todo. Que yo era una caprichosa, chivata, que no sabía lo que quería…

» Parece mentira, pero aquel ser me culpaba de todo… (La pobre mujer lloraba y no paraba de sonarse la nariz.) Con su flecha gesticulaba como un loco. Así que no aguanté y se la arranqué de la mano. Lo agarré por sus alitas con la otra y le clavé la flecha. Justo en la barriguita … Y la he vuelto a clavar y clavar y clavar… Cuando me di cuenta, el cuerpo del Cupido parecía un colador… Estaba muerto. Muy muerto. Después, desapareció.

» Llamé a urgencias. Creyeron que estaba bromeando. Llamé a la policía… Varias veces… Cuando vinieron los acompañaba una ambulancia. Ejem, ejem… Para mí… Me ingresaron en la planta de psiquiatría… Estuve ahí casi tres meces…

» Un día, cuando pasaba delante de una floristería, algo hizo un “clic” en mi cabeza. Así que he ido a la gasolinera más cercana y compré una garrafa de gasolina. Esperé que las floristas cerraran la tienda. Ya de noche, con una tapa de registro, rompí el escaparate; metí la garrafa dentro y la volqué. Con un fular hice la mecha y le prendí el fuego.

» Me senté en el banco de un jardín cercano a disfrutar del espectáculo. Por vez primera en un año estaba feliz y aliviada. No me importa ir a la cárcel, ¿sabe? Mientras no haya flores ahí …

 

 


 

SUCESOS

El Cupido “ataca” de nuevo

La Pluma del Este

 

 

Hoy, 25/03/2024, hemos sabido que en una pequeña ciudad de EE. UU., Tennesi Stone, una mujer ha prendido fuego a una tienda de juguetes y ha disparado a un camión de reparto de Toys & A con un arma semiautomática. El conductor salió ileso. Tampoco hubo víctimas entre los trabajadores de la tienda.

 

En su declaración a la policía, la mujer dijo: «Que ya estaba harta de tanto pu… oso de peluche y que ella solo quería a un hombre detallista y que el cabrón del Cupido le ha tomado el pelo…» Estas eran sus palabras exactas.

 

Por lo que hemos podido averiguar, la señora americana, estuvo recibiendo ingentes cantidades de osos de peluche con un corazón rojo donde pone escrito I love you desde el Día de los Enamorados. La pobre tuvo una tremenda crisis nerviosa a causa de aquello.

 

Queremos recordar a nuestros lectores un caso parecido que sucedió en España el año pasado. Pero aquí han sido los incontables ramos de flores frescas. Y la mujer, víctima de una pesada broma – lo que se confirmó en la investigación y la consiguiente sentencia – ha quemado una floristería. También sin víctimas.

 

Seguiremos informando.

 

 

 

 

 


Haiku N.3


 

Haiku N.2

 


Haiku N.1

 


12 de junio de 2024

Cariño, ya estoy en casa

 Cariño, ya estoy en casa





El peso de cientos de kilos de tierra y escombros poco a poco hace su trabajo: aplastarme como un miserable insecto.
   He perdido la noción del tiempo. ¿Cuánto llevo aquí abajo? ¿Una hora, un día, una semana…? Da lo mismo. Para mí — una eternidad. El pánico de primeros minutos acabó cuando un punzante dolor en el costado izquierdo me hizo desmayar…
   Cuando me he vuelto en mí, comprendí que muy pronto iba a morir… Un rato después, dejé de gritar y llorar… Me reí con la boca llena de tierra. Qué situación más absurda: todavía vivo, pero muerto. Es para morirse. Puta redundancia.
   Apenas respiro y tengo un hierro clavado en el costado. Mi vida se me escapa a borbotones. ¿Cuánta sangre tiene una persona? ¿Cinco, seis litros? A principio pude sentir el calor del chorro pegajoso. No he podido taponarlo ni siquiera con las manos, ya que las tengo retorcidas en ángulos imposibles, rotas y encajadas entre los trozos de hormigón.
   Ya no noto el goteo. Parece que la tierra y la sangre coagulada han hecho un tapón. Justo para que el rato que me quede de vida esté divagando gilipolleces. Total, nadie sabe dónde estoy.
  No tenía que haber vuelto a… mi antigua casa. Estúpido… Imbécil… Joder. Pude dejarlo todo a la suerte y olvidar. Igual nadie la hubiera encontrado después de más de veinte años.  A mi primera esposa… Son solo unos huesos. Limpios y blancos. Hervidos con lejía durante horas. Seguro que ni ADN encontrarían. Pero tuve miedo. Mucho miedo. Mi vida actual ahora es perfecta. Y he pagado un precio muy alto para conseguirla.
   Así que aquí estoy, de vuelta con ella: en el pozo de nuestra casa. Su calavera con las mandíbulas rotas a martillazos, cuando le arranque los dientes, me mira fijamente. Y se ríe de mí. Maldita hija de puta. Ni muerto puedo separarme de ti. Cariño, he vuelto…  A casa contigo… Ja, ja, ja…
 


Una semana antes.
  «—… Sí, sí, es un ambicioso proyecto de construcción que cambiará la imagen del barrio de Cerrillano. Toda esta zona de casas viejas, hasta el mes pasado, era un foco de insalubridad y tráfico de estupefacientes. Los ocupas y delincuentes tenían aterrorizados a los vecinos. Pero gracias a los fondos europeos y la participación del sector privado, el barrio volverá a ser bonito y con mucha gente nueva que se mudará a esta zona residencial.
   —Gracias, Señor alcalde. Cómo podéis observar, las máquinas excavadoras ya han empezado a demoler y remover el terreno. Según el proyecto, debajo de cada edificio habrá dos plantas de aparcamientos, lo que no es usual en este tipo de construcciones. Así que van a cavar muy profundo…»
   ¡Mierda, mierda, mierda…! ¡Joder! No puede ser. Ahora, no. ¡Si aquello antes era un pueblo fuera de la ciudad! Nunca se me había ocurrido que iban a construir ahí. ¡Mierda! Tengo que desenterrarla y cambiarla de sitio. ¡Joder!:
   —Laura, nena, debo ir de viaje unos días a Madrid. Sí, también el fin de semana, pero ya sabes, que el curro es lo que tiene: te avisan de un momento a otro. Dale un beso a Nina de mi parte. Las veré el lunes. Te quiero.







                                                                                                11/06/2024, Gijón

 

 

 


5 de junio de 2024

Todas son iguales

 Todas son iguales



   — ¡Vaya pinta, tío! Ni que una manada de búfalos pasara sobre ti. Hey, tú, sírvele a mi compadre un vaso de ese matarratas que tienes. Y a mi otro. Joder, deja la botella, roñoso. Apúntala a mi cuenta. Bebe, Jonny, y cuéntame tus peripecias.
   No hay mucho que conta, estoy jodio, tío, eventao po dento. Y muy a disgusto. La puñetea Camen no me hace ni puto caso. Y eso que me quedé pendao de ella naa más vela. Su cuepo, sus andaes, su pote… Dese que está conmigo, come de lo mejocito. No escatimo en las viandas. Dueme en el mejo sitio. Intento no fozala mucho. Y la cabona me tata así. Tengo el cuepo paa escombo. Tengo golpes por toos laos. Estoy hecho un puñeteo moraón con patas, joer. Man engañao con ella. Cuando vea al viejo Billy, le pegaé un tio en toa fente.
   —Por Cristo, ¿por qué hablas así?
   —Joer. ¡Mia! Me fatan tes dientes, joer. La cabona me tió cuando la quise montá. Me caí como un saco de bosta. Y la hija e puta me pateó en la cabeza. Casi no lo cuento.
   —Mal asunto con las hembras: las de dos patas o de cuatro, todas son iguales.  Venga, toma otro vaso…




05/06/2024, Gijón


 


4 de junio de 2024

La "mascota" maldita

 La «mascota» maldita




   —¡Maestro, nos han robado! Cuando llegué, la puerta de la cripta estaba abierta. El arca de contención — vacía. Los ladrones han dejado una nota: «Hemos sacado a vuestra mascota de paseo. Prometemos devolverla, sana y salva. ¡Ja, ja, ja, ja!» Firmado por S.A.A.
   El Maestro de la Orden quedó blanco y su ayudante tuvo que agarrarlo antes de que se cayera al suelo. Unos estúpidos e insensatos la han dejado libre. Que Dios se apiade de sus almas:
   — Avisa a todos, Saúl. Hay que encontrarla enseguida antes de que sea tarde. Ellos no saben de lo que es capaz.
   Mientras tanto, en alguna zona de la misma ciudad, en una casa, llena de jóvenes bailando como posesos y bebiendo el calimocho en cantidades industriales, tres chavales juegan y se hacen fotos con algo parecido a una calavera. Esperen, ¡sí! Es un cráneo humano y estos zopencos se lo pasan como si fuera una pelota de rugby.
   A medianoche, en el pleno apogeo de la fiesta, las luces y los aparatos eléctricos explotan y la casa se sume en la oscuridad. Después de unos segundos de silencio el ambiente se llena de gritos. Empujándose, los chavales intentan salir, pero las puertas y ventanas no se abren. Prueban a romper los cristales, es inútil: parece que están hechos de hormigón.
   Debajo de lloros y gritos empieza a oírse un molesto zumbido. El sonido va subiendo de volumen, taladrando los oídos. El rincón alejado del salón se tiñe de una luz roja que se expande por toda la estancia. La acompaña el olor desagradable a podrido. La luz se hace más intensa. Los chicos quedan como petrificados. Algunos se esconden. No saben que es inútil. Ella les encontrará…




                                                            
                                                                    03/04/2024, Gijón

  

14 de mayo de 2024

La Isla Bonita

La Isla Bonita






Nunca he sentido tanta impotencia.
   Ver a mi hija de tres años comer aquella cosa del color grisáceo y de una textura apelmazada, llamada “el pan”, con tanta ansia y disfrute, me dejaba hecha polvo. Pobre niña no sabía lo que era un pan blanco, esponjoso y rico, untado con la mantequilla y mermelada, con un vaso de leche de verdad y no de polvo amarillento, hecho de no se sabe qué…
   Vine a Cuba cuando la URSS empezaba a desmoronarse y su ayuda a la Isla disminuía con mucha rapidez. Sin sospecharlo, todos íbamos de cabeza al “periodo especial”. 
   Para los cubanos fueron los años de hambre y miseria. Con los apagones de dieciséis horas diarias. Con las estanterías de los supermercados vacías. Farmacias, sin medicamentos. Por la libreta apenas se vendían los productos básicos. Para conseguir huevos, mantequilla o algo de leche, recurríamos a la “bolsa negra” - el mercado ilegal. 
   Tuvimos que adaptarnos para sobrevivir. Aprendimos a sacar donde no había nada; reciclar, reinventar. Hacer lo que nunca uno ha pensado para llenar la barriga con algo. Éramos como aquellos niños pobres que miran los escaparates con golosinas; así veíamos las “shopping” para los turistas y gente con contactos, llenos de todo tipo de productos, y sin poder siquiera entrar ahí.
   Lloraba mucho, metida en el baño. Lloraba cuando acostaba a mi pequeña, contando sus costillas. Y me sentía culpable por no darle más, porque ella no tenía la misma infancia que tuve yo.
   Me ha costado mucho muchísimo esfuerzo para salir de la isla.  Pero al final me marché, me escapé y me llevé a mi hija conmigo…
   Sin embargo, una parte de mi corazón ha quedado ahí para siempre.







                                                                                                                        14/01/2023, Gijón

13 de mayo de 2024

La víspera del joropo

   La víspera del joropo



Quedaba un día para el joropo y ella todavía no sabía si Marcelo vendría.
   Nada más ver sus ojos verdes y la linda sonrisa, que no se le quitaba de la cara, supo que era para ella. Por más que su amigo maripozuelo le advertía que era un picaflor y que contaba las copuchentas a todas las mozas de los pueblos cercanos, para ella eran tan solo rumores y habladurías de los envidiosos.
   Él hacía bailar su corazón como un rayo del sol en el agua cristalina del arroyo. Todo en él la atraía. Para ella él era perfecto y …  Lo amaba.
   Marcelo, un huacho sin dinero y flacuchento, tocaba con la gran maestría la marimba. Sus dedos con mucha delicadeza agarraban los palillos que recorrían las láminas y ella imaginaba estos dedos sobre su cuerpo.
   La semana pasada se han encontrado en el cocotal que quedaba más allá del pueblo. Después de besarla con mucho brío, le había confesado que era la única para él y que quería casarse con ella. Y ella le contestó…
   El grito de su madre la bajó de las nubes:
—¡Hija, se te está quemando la marucha! ¡Deja de soñar despierta y no me vengas con alharacas amorosas por un muerto de hambre!
 





                                                                                                                  13/05/2024, Gijón

Diccionario:
Joropo - fiesta popular, fiesta en un pueblo
Copuchentas - chismes y murmuraciones
Huacho - huérfano
Marimba - instrumento musical
Marucha - un corte de carne de vacuno




10 de mayo de 2024

El tío duro

 

El tío duro

 

Con una inesperada finta el atacante me dejó casi KO. El golpe ha sido tan fuerte que mi cabeza empezó a dar vueltas y sentí tremendas ganas de vomitar.
   — ¿Qué, vas a llorar como una niñita? ¿Ya no eres tan terne? Me vas a suplicar que pare, mientras escupes los dientes. Lo que quedará de ti, lo tendrán que recoger con una pala. — El tipo me dio varias patadas en el estómago. Me doblé del dolor. Sus compinches le jalearon.
   » Por el rabillo del ojo avizoré a Marco haciéndome la señal de que el rescate ha salido bien. Mis hijos están a salvo.
   » El odio y la rabia acumulados me impelieron al ataque. Cogí al cabrón por sorpresa. Con un fuerte puñetazo en los riñones y con una patada en su rodilla derecha, lo derribé al suelo. Me puse encima y con un twister le rompí el cuello. Los pandilleros se quedaron mudos. Ahora a por ellos…
   — ¡Corten! ¡Corten! Los del maquillaje, necesito más drama y más sangre. La cara del protagonista no está bastante maltratada. Los de la banda, no sois tan fieros como exige el guion. ¡Poneos las pilas! Vamos a repetir la escena. Cuando quieran.
   — ¡5 y Acción!
   Mis ojos tumefactos apenas han visto venir el puñetazo. Ser un especialista es una mierda…
  


                                                                      09/05/2024, Gijón

7 de mayo de 2024

El rescate fallido

 El rescate fallido




He llegado demasiado tarde.

   El graznido estridente de los cuervos que sobrevolaban el pueblo y el olor dulzón de la muerte no me prepararon para tan dantesco espectáculo. Los cuerpos mutilados de los habitantes estaban por todas partes. A algunos les faltaban las extremidades, a otros, las cabezas. Decenas de mujeres y niños destrozados. Ni los hombres armados se salvaron. El olor repugnante me hizo vomitar. Tropecé con un brazo pequeño, que agarraba un conejito rosa. Caí al suelo ensangrentado. Me ahogaba en rabia y culpa por no estar ahí. Grité, lloré… El eco de mi dolor resonó en todo el pueblecito. Me olvidé por completo del peligro: el causante de aquella carnicería podría estar cerca.

   Y sí que estaba…

   Oí una respiración y jadeos, seguidos de unos pasos. Lo vi. En la oscuridad sus ojos, fijados en mí, inyectados en sangre, emanaban el odio visceral. Las pupilas amarillas tenían un brillo diabólico. Esta mirada no era de un ser humano, sino de una criatura hambrienta, salida de las peores pesadillas. Cada poro de su piel exudaba una maldad primigenia. Su demonio interior, agazapado a la espera de una mínima ocasión para matarme…

   Pero no la tuvo: mi Desert Eagle, con su bala del calibre cincuenta, le reventó la cabeza.









                                                                                   07/05/2024, Gijón

2 de mayo de 2024

La lluvia

 La lluvia


 

 La lluvia fría está cayendo,
cayendo,
cayendo;
Llenando los ríos con la vida
Que desembocan en océanos inmensos,
Pintando nuestro orbe en azul.

 
El tiempo tritura sin piedad
Las montañas por más altas que sean,
Reduciéndolas a un simple polvo gris
Que nos va cubriendo,
cubriendo,
cubriendo.
 
La eternidad revela su rostro cruel
E impasible ante la muerte de la vida.
Nacemos entre lágrimas y dolor,
Vivimos con temor a morir solos.
 
La suave lluvia está cayendo,
cayendo,
cayendo
De tus ojos ahogados en los míos.
Rogándome que no me vaya
y suplicando a Dios que me deje contigo.
 
Susurrando tu nombre sin parar
Mi triste alma se agarra al presente.
Mi conciencia explota en estrellas,
Mientras la vida me abandona
poco a poco,
paso a paso,
huyendo.





02/05/2024, Gijón


1 de mayo de 2024

El ocaso

El ocaso

 

Observo el silencioso ocaso del sol y al asomarme por la ventana, oigo el susurro cómplice de las montañas. Nota a nota el canto de los pájaros llena de melodía el valle. La brisa suave con un sutil aroma a jazmín juega con los pétalos y algunos se posan en mi mano extendida, haciéndome cosquillas.
   Cierro los ojos, sonrío. Respiro. Me empapo de este momento de paz y de belleza. Abro los ojos. Miro abajo. Veo a mi viejo perro que está retozando en el prado como un cachorrito. Y más allá, en el linde del bosque, caminan dos personas, cogidas de la mano. Nico se olvida de su cola y corre para saludarles. Me resultan familiares. Se parecen muchísimo a mis padres. ¡Sí, son ellos! Se ven jóvenes y muy felices. Miran hacia la ventana. Me ven. Me sonríen y me llaman. El perro no para de ladrar y dar vueltas. ¡Que bobón! Tengo que ir con ellos. Ahora. Hay tantas cosas que contarles. Casi toda mi vida.
   Hecho un último vistazo a la cama. Ahí estoy yo, una anciana de noventa años. Me veo tan tranquila y relajada. Como si estuviera dormida. Salto por la ventana y empiezo a volar, volar y volar …




01/05/2024, Gijón


26 de abril de 2024

SOY...

 Soy …

 

 Soy un viajero solitario
En busca del aquel amor
Que me saque de la oscuridad
En la que oculto moro.
 
Mis tinieblas bajo llave están
Me corrompen y quieren salir.
No soporto la decepción
De no poder controlarme.
 
Soy un viajero errante
En busca de un sueño
Quizás imposible de soñar
Pero tan añorado de vivir.
 
¿Dónde estás, el amor anhelado?
Sálvame con tu bendita luz.
Ilumina mi ánima oscura,
Ayúdame a vencer la soledad.
 
Soy un viajero perdido,
Guiado por la estrella fugaz,
La que murió en el firmamento,
Condenándome a la inexistencia.



Soy...

26/04/2024, Gijón


25 de abril de 2024

Un trabajo perfecto

 Un trabajo perfecto

 

 
Decía mi padre, que en paz descanse: “En todo lo que hagas, intenta ser el mejor. Un trabajo bien hecho requiere las mismas energías que uno desastroso. Y el respeto de la gente será tu tarjeta de visita”.
   He seguido su consejo al pie de la letra toda mi vida.
   Por ejemplo, ahora mismo. Con mucha delicadeza voy echando el producto al agua y con la paleta estoy mezclando los ingredientes. A mano. No me gustan los artilugios, soy un artesano. Lo remuevo todo con constancia y calma. En esto las prisas no son buenas. Por fin la mezcla adquiere una textura suave y ligeramente elástica, con un poco de brillo lacado. Perfecta.
   Con movimientos precisos, desarrollados durante muchos años de mi total dedicación al oficio, voy colocando un ladrillo detrás de otro. Ya no necesito usar el nivel. Mi ojo del buen cubero sabe detectar cualquier defecto. Las filas rectas de ladrillos unidos con mortero van subiendo a buen ritmo. Ya casi he terminado la pared.
   Echo el último vistazo a mi obra. Perfecta. Nada falta, nada sobra.
   Pasarán muchos años, seguro que yo estaré criando malvas, pero alguien descubrirá mi colección de cuerpos emparedados. En fin, es a lo que me dedico…

 



                                                                           25/04/2024, Gijón

11 de abril de 2024

En silencio

 

En silencio

 
 Hablamos en silencio con los labios cerrados.
Nos miramos con los ojos sin abrir
Y acariciamos con el roce de la brisa.
Sin tocarnos nos podemos sentir.
 
Cada instante de amor lo guardamos
Como un tesoro sin querer compartir
Con el mundo, lleno de envidia,
Que cruelmente nos quiere herir.
 
Lo que sentimos es algo tan bello
Y, sin embargo, tan frágil también.
Pero resiste a pesar de los tiempos
Sin importarnos el “cómo” y el “por qué”.
 
Caminamos, cogidos de las manos.
Nos sostenemos, sin dejarnos caer
En la triste rutina y el desánimo.
Si nos amamos, los podemos vencer.
 
Hablamos en silencio y, sin embargo,
Nos decimos todo…







         11/04/2024, Gijón

9 de abril de 2024

El estreno desastroso..o no

 El estreno desastroso… o no


 No sé si les ha pasado alguna vez, chicas.
   Un día te levantas, estás feliz y con un bonito subido. Te metes un buen desayuno de huevos y bacón entre pecho y espalda acompañado de un enorme tazón de café con leche. Claro, sin pan. Una tiene que mantener la línea. Te vistes a estrenar y te maquillas según el último tutorial de YouTube. Estás despampanante.
   Antes de salir a la calle a comer el mundo, te entran las ganas de hacer pis. La vejiga es muy inoportuna y más cuando tienes el medio litro de leche y café dentro.
   Por fin, sales del portal y bajas a la calle igual que una diosa. Barbilla en alto y haciendo el caso omiso (aunque disfrutando como el cerdo en una charca) de los piropos que te echan desde los coches que te adelantan. Llevas una falda nueva, de esas que tienen mucho vuelo y encaje. Un top ajustado y zapatos de aguja. Te encanta sentirte empoderada y rezas para no tropezar y caer desde la altura de tu ego.  En el fondo eres una mujer normal y no estás acostumbrada a tanta atención. Por fin te das cuenta de que la dieta Keto funciona y que el sacrificio corporal en el gimnasio ha dado sus frutos. ¿Quién lo iba a decir?
   Tú eres una nave con velas henchidas que surca el mar de la multitud hasta que esperando en el paso de peatones oyes un carraspeo:
   — Señora, disculpe. — Te giras y ves a un hombre elegante y de buen ver—. Siento molestarla, pero tiene su falda levantada justo por detrás. Se le ve todo…
   Ahí mismo te mueres y antes de entrar en el purgatorio te das cuenta de que cuando fuiste al baño, el bajo de tu nueva falda ha quedado dentro de la cinturilla de los pantis. Y tú, sin enterarte, ibas enseñando el culo desde hace una eternidad.
  ¿Que qué pasó después?
   Me casé con este hombre galante y samaritano. Por cierto, no me permitió tirar la falda. Alguna que otra vez la uso en nuestros juegos de alcoba.




                                                                                                                             08/04/2024, Gijón

  

22 de marzo de 2024

La traición

                                La traición

 

  

El hombre estaba blanco como papel y sin saber a dónde meterse: tartamudeaba y temblaba. De su frente empapada resbalaban unas enormes gotas de sudor. Por fin reunió algo de valor y soltó la primera frase, tan mañida en el mundo entero:
   — Cariño, esto no es lo que parece. Es un malentendido. No te pongas así. Deja que te lo explique…
   — A ver, cabronazo, cómo me vas a explicar esto—. La mujer se sentía demasiado dolida y decepcionada. —¿Cómo pudiste romper nuestro acuerdo? Y tú, ¿qué haces aquí todavía? ¡Lárgate!
   «Uf, vaya lío. Nunca me pasó nada igual. Pobre hombre. No le envidio. Aunque su mujer está buenísima. Pero ponerse así por una pizza, bueno, por dos, no es normal. Menos mal que ya he cobrado.» — El repartidor puso los pies en polvorosa. Los gritos de la mujer sobre la dieta, el sacrificio y nosequé boda todavía se oían cuando arrancó su moto.





 




                                                          20/09/2024, Gijón

18 de marzo de 2024

Las lágrimas de Ianthe

 Las lágrimas de Ianthe

 

 
Las olas de un añil cristalino la estaban meciendo arriba, abajo, arriba, abajo… El agua templada la envolvía con suavidad y los rayos de sol besaban su hermoso cuerpo. Ianthe estaba relajada, se sentía feliz y complacida con el momento de tranquilidad sin el molesto ajetreo de los navíos.  Aunque este rato no durara mucho, ella aprovechaba cualquier oportunidad para salir a la superficie y disfrutar de un cielo, lleno de azules, y de la enigmática costa, donde vivían los humanos. Tenía prohibido acercarse hacia ellos. Su mera existencia dependía de la ocultación.
   Un día, hace muchas lunas, ella ha roto el tabú: conoció a un humano. Él la había enamorado con su música, aquel extraño sonido que salía de un instrumento que tocaba.
   Lo vio por vez primera en una puesta de sol, cuando sus rayos dibujaban el camino dorado hacia el horizonte.
  Después de cazar unos peces, Ianthe retozaba en el suave vaivén de las olas. Él vino en una nave blanca, una de tantas que surcan las aguas de su hogar.  Echó el ancla y quedó muy quieto mirando al más allá. Parecía que estaba rezando. Después abrió una especie de vasija y tiró unos polvos al mar. Empezó a llorar. Lloró mucho, postrado de rodillas. Se le veía muy triste y abatido. Después se sentó, abrió un enorme cofre y sacó algo grande de una extraña forma redondeada. Puso este objeto entre sus piernas y con un palo fino empezó a hacer unos movimientos.
   De repente el aire se llenó de un sonido delicado y a la vez, potente. Ella nunca había oído nada igual. Gaviotas y albatros se han enmudecido. Y el mar se calmó, convirtiéndose en un enorme plato de cristal.
    Ianthe se sintió arrastrada por la triste melodía y quiso acompañarla con su voz. Al unísono – el hombre y la sirena – empezaron a tejer una bella canción que los atraparía en un vertiginoso baile de emociones.
   El hombre dejó de tocar. Extrañado se acercó al borde para ver quién era la cantante. Pero ella ya se había sumergido a las profundidades del mar.
   Pasaron unos días y él volvió.
   De nuevo se puso a tocar, pero esta vez la melodía era más alegre y que invitaba a bailar y saltar las olas como si fuera un pez volador. Por lo menos es lo que ella sintió en aquel momento. Ianthe lo acompañó con su voz cantarina y cuando él quiso verla, se escabulló por debajo del navío sin atreverse a más.
   Pasaron muchas lunas, varias tormentas y tempestades, pero el hombre volvía a la bahía a tocar su música y la sirena le acompañaba en el ritual lleno de magia.
   Un día él no tocó. En silencio se sentó en el borde de la nave con los pies colgando a la espera de su acompañante misteriosa. Albergaba la esperanza de conocerla, por fin. Amaba su voz y quería ponerle una cara.
   Ella se acercó al yate y empezó a flotar dejándose llevar por el suave oleaje.
   Sus miradas se encontraron y se reconocieron al instante. Algo muy antiguo ha resurgido en sus corazones. ¿Tal vez un amor de la vida pasada? ¿Quién lo sabe? Pero estos dos seres tan diferentes se sintieron como uno solo. Se han reencontrado.
   Después vinieron muchos atardeceres llenos de música y amor.
   Ella ya sabía su nombre, Leonardo, y el extraño instrumento que tocaba era un «violonchelo». Que aquel día, cuando lo vio por vez primera, él vino a tirar al mar las cenizas de su mujer que había fallecido de una terrible enfermedad. Leonardo iba a arrojarse al mar también, ya que no imaginaba vivir sin su esposa. Pero conocerla a ella, Ianthe, le ha salvado de aquella terrible decisión.
   Él era profesor en un lugar llamado “la universidad”. Vivía en una ciudad pequeña costera, Sutomore, y le explicaba las maravillas de la vida en la tierra firme. Ella le contaba sobre los tesoros ocultos de las profundidades y de sus habitantes. Los dos eran huérfanos, dos almas solitarias, que tuvieron mucha suerte de encontrarse en un mundo tan inmenso.
   El tiempo pasaba. El pelo castaño de Leonardo iba cogiendo el color de la madera blanquecida por el sol.  Su cara poco a poco se llenaba de arrugas. Ya no era tan fuerte y vigoroso. Sin embargo, Ianthe seguía siendo la misma, con su melena violeta y la piel tersa y suave de una mujer joven. La música de Leonardo ya no sonaba con tanto ímpetu, pero ella seguía acompañándola con su voz cristalina. Con esto le bastaba.
   Algunas veces, Leonardo tardaba en regresar y Ianthe nadaba dando vueltas, desesperada y loca de preocupación por su enamorado. Pero él siempre volvía. Tocaba su violonchelo y ella cantaba para él. Después, retozaban juntos en el suave vaivén de las olas.
   Un día él no volvió.
   Pasaron varias lunas…
   Ella seguía en el mismo lugar como si estuviera anclada con una cadena invisible: «Vendrá. Seguro que volverá. Somos uno solo».
   De repente, en el ocaso, apareció un navío que ella conocía tan bien. ¡Por fin! ¡Ha vuelto! Ianthe estaba fuera de sí de alegría y preocupación. Lo reñiría por ser tan desconsiderado y dejarla sola mucho tiempo. Se abrió el paso entre las olas para acercarse al yate.
   La persona que la saludó no era Leonardo, sino una mujer joven. Después salió un hombre.
   Ella no sabía qué hacer: huir o preguntar por su amante. La muchacha lo hizo por ella:
   — Hola, Ianthe. No te asustes, por favor. Señor Leonardo nos habló mucho sobre ti. Somos sus alumnos y amigos. Yo soy Dafne y él es Eric. Sentimos decirte que Leonardo ha fallecido. Su último deseo era volver aquí, contigo. Estas son sus cenizas…
   Un grito desgarrador rompió la calma marina. La sirena estiró sus manos para coger la urna con los restos de su amado y se sumergió en aguas profundas. Los muchachos levantaron el ancla. El yate se perdió en el ocaso siguiendo la estela dorada del sol. El silencio con su halo mortuorio cubrió aquel rincón del Adriático, testigo de un gran amor y de una gran pérdida.
   Todavía hoy, después de cada tormenta, se oye el llanto de Ianthe. La sirena llora por su amado. Algunos han visto su cabellera, ahora blanca, surcando las olas. Y, los más afortunados, han podido encontrar unas raras perlas de color violeta. Dicen que son las lágrimas de Ianthe. Pero pocos se atreven a buscarlas en el mar, el dominio de una sirena enloquecida por dolor.
 

        



 

                                                                               15/03/2024, Gijón