24 de septiembre de 2026

200. En silencio

 
       Ella bailaba sola en el medio del bar.
       Sin música.

     La barra y las mesas con gente charlando, bebiendo y riendo hacían un círculo alrededor de ella. Decenas de bocas se abrían y se cerraban. Algunas rojas, otras con el brillo chispeante, y otras, masculinas, con o sin pelo. La mujer, ajena a todo aquel ruido, tenía los ojos cerrados y se movía al compás de la música que solo ella podía oír.
     A primera vista, podría decir que estaba borracha. O mal de la cabeza. O rara. ¡Sí! Una típica tía rara. Y ella seguía bailando. Y yo no podía apartar la mirada. Eché un vistazo alrededor. La gente charlaba y bebía sin prestar la atención a la extraña bailarina.
     Entonces me levanté. Me acerqué. Le toqué el hombro. Ella me miró y sonrió. Me dio la mano. Empecé a oír la música. Acompasé mis pasos a su ritmo. Ya éramos dos iguales que bailaban en el medio del silencio.
 




23/09/2026, Gijón

© La Pluma del Este

Este relato nació en nuestra reunión de los miércoles. 
Lo escribí sobre la marcha, con una idea que ha dado un giro inesperado. Creo que tú, mi querido Lector, lo descubrirás. 



Imagino que esta es la canción que sonaba en aquel bar…




23 de septiembre de 2026

HOGAR

 


Durante mucho tiempo pensé que hogar era simplemente el lugar donde vivíamos.

Primero fue la casa de mis padres. Después, en Cuba, viví en la casa de mis suegros. Eran casas donde vivía, pero que no eran realmente mi hogar. Y añoraba tenerlo y saber cómo se siente vivir en algo que es tuyo.

Mi primer hogar lo tuve en España. Un apartamento pequeño con diminuta cocina, salón, baño y dormitorio. Un lugar que pagaba con mi esfuerzo y que fui llenando poco a poco de cosas, de momentos y de vivencias. Pero tuve que irme. Y así he cambiado de casa varias veces. Sin embargo, he procurado que cada una sea un hogar para mí, mi hija y mi mamá. 

Y creo que entendí algo: el hogar no siempre es el lugar que encontramos. A veces es el lugar que mantenemos con nuestros propios esfuerzos.


¿Qué convierte para vosotros una casa en un hogar?




19 de septiembre de 2026

Tertulia de La Pluma del Este (#7)

¿Qué libro cambió tu forma de ver la vida?






 


Ufff… esta pregunta me ha hecho pensar.

Hay un libro que leí con doce o trece años y que cambió para siempre mi manera de mirar a los animales: Одіссея нічийного хорта (La odisea del lebrel sin dueño) del escritor ucraniano Grigori Pavlovich Krymchuk.

Desde niña había tenido perros en casa de mis abuelos. Eran mis amigos. Pero también había visto desaparecer a muchos de ellos y, por aquella época, la crueldad hacia los animales formaba parte de nuestra realidad cotidiana.

Aquel libro hizo que comprendiera algo que, en el fondo, ya sabía: los perros no eran cosas. Eran seres que sentían.

Y desde entonces, nunca he vuelto a mirar a un perro de otra manera.

Quizá eso sea lo maravilloso de un libro: que puede cambiar nuestra forma de mirar el mundo para siempre.

¿Y a ti, mi querido Lector? ¿Qué libro cambió tu forma de ver la vida?

Me daría mucha ilusión leer tu comentario.