6 de julio de 2026
17 de junio de 2026
196. Testamento
Don
Raimundo Vidal apenas llevaba dos horas en el ataúd, expuesto en el centro del
salón de la mansión familiar, y el ruido de los presentes ya se hacía notar. No
era un ruido concreto. Más bien un murmullo espeso, algún sollozo aislado, los
carraspeos como respuesta a las preguntas en voz baja. Las frases cortadas sobre
la casa, las tierras, los bonos y las cuentas. Lo mundano e interesado había desplazado el
ritual de la despedida de un ser humano.
Alex
permanecía junto a la ventana, vestido completamente de negro. Nadie de sus
parientes le prestaba atención. De hecho, la tía Brígida, la prima del difunto,
lo había confundido con un empleado de la funeraria. Él le siguió la corriente.
Nadie lo conocía. Ni siquiera sabían de su existencia. Él los conocía a todos.
El
tiempo pasaba; el ruido ya parecía una recepción cualquiera. El muerto no
importaba. Alex sentía pena por aquel hombre. Un padre ausente. Pero en fin de
cuentas, su padre.
Recordó
algunas comidas, regalos, cartas escritas con letra pequeña y firme —los
treinta y tantos años de secretismos. Él era el fruto de una noche y antes llamaba
«papá» al otro. Nunca llamó «papá» a Raimundo. Al quedar viuda, su madre aceptó
que le pagara la universidad. Sin embargo, Alex no estaba cómodo con aquella
deuda moral. Siempre había visto aquel dinero como el blanqueamiento de una ausencia. Por eso trabajó duro para devolverle cada céntimo.
El
ruido subió de volumen. Alex se giró. Llegó la viuda. Tendría su edad. Un año
arriba o abajo. El musculitos que la acompañaba sería su entrenador de pilates.
La agarraba por la cintura. Raimundo ya le había avisado que en su casa las
cosas andaban revueltas. Ni siquiera esperaron a que el marido estuviera
enterrado. Si no fuera por el cáncer terminal, estos dos serían los sospechosos
perfectos.
Asqueado,
Alex se sirvió un vaso de whisky. El espectáculo continuaba.
Reunidos
en corrillos y cuchicheando, los parientes parecían hienas alrededor de un
cadáver. Alex y el muerto estaban solos. Por última vez contempló el rostro de
su padre. Por un instante se vio a sí mismo.
La
entrada de un hombre de traje azul oscuro y con un maletín negro interrumpió a
los presentes. Era el abogado. Enseguida se vio acorralado por las caras
ansiosas. El ruido se convirtió en un griterío. Todos le preguntaban a la vez y
tiraban de él. Aquel espectáculo era obsceno. Era una parodia grotesca de un
funeral. Raimundo lo sabía.
Alex
se palpó la americana.
A través de la tela sintió las aristas de un grueso sobre
con el testamento de su padre.
26/05/2026, Gijón
© La Pluma del Este
16 de mayo de 2026
193. Sin testigos
Sin testigos
La mujer dio un paso atrás, después otro. Con las manos temblorosas intentó unir los girones de su vestido. En su cara se dibujaba la conciencia de lo que acababa de hacer. El sujeto apenas gemía. La mujer miró hacia los lados y sus vacilantes pasos se perdieron en el oscuro callejón.
Una sombra se desprendió de una fachada de enfrente. Una anciana con un chucho en brazos se acercó al moribundo. Le dio una patada. Se agachó y recogió el cuchillo. Lo metió en el bolso y se fue calle abajo.
11/05/2026,
Gijón
© La
Pluma del Este
7 de abril de 2025
142. «Mi caaaaasa»
«Mi caaaaasa»
La frase épica de
un ser extraterrestre
—¡Woow! ¡Qué trabajos más excelsos! Entre todos los cortos, el del “Apartamento” es el que más me gustó. El concepto es absolutamente subversivo y antagonista. A pesar de que es en blanco y negro, la gama de los obscuros transmite la desesperación y la cruda realidad de la vida proletaria. ¿Te das cuenta? ¡Se grabó en el año sesenta y ocho y, sin embargo, es muy contemporáneo! La lucha contra el sistema anquilosado y cómo este acaba con el individuo… La desesperanza y el acatamiento reducidos a una lista interminable de nombres cincelados en la pared… Uff. ¡Una auténtica obra de arte! Me dará mucho que pensar… ¿Qué te ha parecido? ¿Repetimos?… No te veo convencido…
La cara de mi ligue cambió del éxtasis supremo a la desconfianza suspicaz. No quise mentirle y crearle las falsas expectativas:
—¿Qué quieres que te diga? Me dormí justo cuando apareció el tío con la gallina. Lo demás está cubierto por un tupido velo. Para la próxima, elijo yo la película. Una de Marvel o un buen thriller con un asesino en serie. Nunca vi una peli más rara. No tiene ningún sentido. Un tío lúgubre y su piso más lúgubre aún. Bufff, me dio hasta un repelús. Imagina vivir así, en una casa que te quiere matar… Es surrealista. —Me despaché a gusto. No sé si me dolieron más los diez euros de las entradas o la imposibilidad de poder seguir con mis planes de “conquista”. Por la cara que ella puso, la cita había acabado y sin posibilidad de repetir.
Con un «adiós» seco y un «ya hablamos» nos despedimos en la parada de taxi. Sin mucho pesar por mi parte, terminé quedando con los colegas en el pub cercano.
Unas cuantas rondas después, llegué a casa. Pasé de ducharme. Me tiré en la cama. La cabeza me daba vueltas. Intenté poner un pie en el suelo (según Manolo, ayuda a quitar el mareo), pero casi me pego un trompazo con la esquina de la mesita. Cerré los ojos…
Me despertó el sonido del microondas. No me acordaba de haberlo encendido. Me levanté. Busqué la lámpara de la mesita. No la encontré. Mi mano agarró el cable y tiró de él. Al fondo del pasillo sonó una campanilla. Volví a tirar y volvió a sonar. Busqué mi móvil. Estaba apagado. Lo intenté encender… Nada. Seguro que se quedó sin la batería.
Recorrí la pared hasta encontrar la llave de luz. La encendí. Vi a la lámpara de tres brazos flotando sobre mi cama… del revés, empujándose con los cables pelados como si fuera un calamar… Cerré los ojos. Definitivamente, seguía borracho.
Quise levantarme, pero la cama, como las arenas movedizas, me empezó a arrastrar hacia dentro. El cabecero me salvó de ser engullido… Como pude, salí al pasillo. La lámpara me seguía. El pasillo se hizo interminable… Según caminaba, los cuadros cobraban vida: me salpicó el mar embravecido, unas gaviotas salieron volando hacia el salón; la ventisca de nieve me dejó helado y el suelo se volvió resbaladizo… Empecé a caer… Y caer… Miré abajo y vi la boca abierta de la lavadora. Dentro, una negrura infinita. Intenté agarrarme por el aplique, pero este me mordió… Grité de dolor y me solté… La lámpara seguía mis pasos… Detrás de ella, los libros y demás chucherías, en bandada como pájaros…
No sé cuánto tiempo estuve “viajando” … Sobrevolé un campo de calcetines, que se mecía en un oleaje multicolor. ¡Ahí es donde terminan todos! ¡Lo sabía!
La caída terminó conmigo flotando en mi cocina. Debajo, en la mesa, mis tres perros jugaban al póquer. Lúa, la chihuahua, con sus dientes mellados, sostenía un enorme hueso como si fuera un cigarro cubano… Esta imagen me recordó algo que he visto en otra parte… En el medio de la mesa había un enorme plato de pechugas de pollo… El aire me dejó de sostener y me caí justo encima. Las pechugas salieron volando y los perros me atacaron… Empecé a correr…
Llegué a la puerta de entrada. Estaba cerrada con llave. Llaves, llaves… Ah, en el cajón. Lo abrí… El cajón se estiró como un chicle… Tiré y tiré… Me quedé enredado… No podía moverme… El chicle se convirtió en la boa constrictor. ¡Odio a las serpientes! ¡¡Ayudaaaaaaa!! ¡Dios! ¡¡¡Que alguien me ayude!!!
Me desperté en mi cama peleando con la manta. ¡Uff, joder! Ha sido un sueño. Encendí la lámpara de la mesita. El móvil marcaba las cuatro de la mañana. Madre mía, vaya sueñecito. Ni de coña volveré a un festival de esas pelis raras. Seguiré durmiendo…
Cuando levanté la mirada al techo, me vi a mí mismo como en un espejo… Siendo engullido por una enorme anaconda…
07/04/2025, Gijón
© La Pluma del Este
22 de enero de 2024
SUCESOS: "El afortunado"
Encontrado
el cuerpo sin vida de un hombre
La
Pluma del Este
Ayer,
22/01/2024, a las 10.35 de la mañana, un paseante de perros encontró el cuerpo
sin vida de un hombre en la playa de San Lorenzo.
A.G.G.
declaró que al principio pensó que era una alfombra enrollada, pero al acercarse
vio que era un hombre vestido con un traje y gabardina.
Las
autoridades no quieren especular, sin embargo, las fuentes cercanas hablan de
un posible suicidio. El comisario Benítez no lo ha confirmado, pero tampoco lo
ha desmentido.
Al
finalizar su rueda de prensa, la policía ha pedido la colaboración ciudadana
para poder identificar el cuerpo del desconocido. Para aportar la información
sobre el caso, contactar por tel. 999 999 999.
Descripción del fallecido:
Varón
de unos 50-52 años. Alto, de complexión mediana. Calvo. Vestido con el traje
color azul marino y la gabardina gris. En el bolsillo interior de la misma se
encontró una nota:
“Después de veinte años jugando los
mismos números, este sábado, por fin, me ha tocado el Gordo. Con tanta suerte
que mi mujer ha lavado mis pantalones sin mirar en los bolsillos.
Esto no
es vida…”
Seguiremos informando.
6 de octubre de 2023
La salvación
La salvación
(Continuación de “La huida”)
Su búsqueda diaria por los contenedores no
le llenó el estómago: un trozo de pizza y una madalena rancia — es todo lo que
encontró entre la basura. Y para el colmo, empezó a llover. Todavía hambriento,
volvió a su escondrijo y se puso a dormir con el sonido de las gotas.
Soñaba con un plato de carne y salchichas cuando
oyó unos gritos. Se levantó con mucha rapidez. Salió a la calle
y afinó su viejo oído. Los gritos se repitieron. Cruzó un par de callejones
detrás de las naves. Se acercó al hueco que había en la valla. El ruido de una
lucha lo llevó hasta unos matorrales.
Vio a dos humanos peleándose. Uno estaba tirado
en el suelo y el otro, encima, haciéndole daño. El de abajo lloraba y gritaba.
Sufría. Era una hembra que peleaba por su vida. Tenía que ayudarle. Corrió y
saltó a la espalda del malo y le clavó los dientes en el cuello. Su boca se
le llenó de sangre. El humano gritó y soltó a su presa. Cuando se giró hacia él,
su cara expresaba sorpresa y dolor.
—¡Pero qué coño es…! — e intentó darle una
patada. Él hincó los dientes en su pierna. El humano sacó una cosa brillante y
la clavó en su lomo. Un fuerte dolor lo hizo caer. La humana, llena de golpes y
arañazos, se levantó. Antes de caer inconsciente,
por el rabillo del ojo, vio que ella volvía con algo alargado en las manos y
asestaba un tremendo golpe al malo. Otro. Y otro. Este caía. Después,
oscuridad…
Cuando abrió los ojos, se sintió aprisionado
y con algo molesto en la boca. Un pitido le taladraba los oídos. Entre todos
los olores del lugar reconoció a uno. De ella. Estaba ahí con él.
—Te vas a poner bien. Muy
pronto nos iremos a casa…
28 de marzo de 2023
El final esperado
El final esperado
© La
Pluma del Este
19 de marzo de 2023
En la noche
En la noche
El pequeño ladrón
Lo despertó un ruido extraño…
Por la pequeña ventana de su tétrica habitación divisó a una
figura embozada en una capa negra, metiéndose en el callejón del frente y
dejando unos bultos detrás de sí.
La curiosidad pudo con el chico y este se bajó por la
destartalada escalera haciendo el menor ruido posible.
Gracias a su ingenio
y audacia Chris sobrevivió en las calles desde el niño y vio de todo. Pero lo
que encontró, lo dejó horrorizado: sus dos amigas, fulanas Katty y María,
estaban tiradas dentro de un enorme charco de sangre. La luz mortecina de la
farola se reflejaba en el líquido rojo creando un aura maléfico alrededor. En
los pechos blancos de las mujeres se veían unos enormes agujeros: les faltaban
sus corazones. ¿Qué monstruo pudo hacer esto? ¿Para qué?
El chico,
reprimiendo las arcadas, se santiguó y decidió seguir al asesino, ergo olvidar
del todo su instinto de supervivencia. Se metió en el callejón. Por el rabillo
de ojo vio a una sombra negra que entraba en un enorme y siniestro caserón. De puntillas y pegado a las paredes, Chris la
siguió y se coló por la ventana del sótano.
El oscuro interior
apestaba a la carne podrida y a algo más. Detrás de una vieja puerta se oía una
voz carrasposa murmurando: «Sirenia… Me obedecerás… Sí… Estés viva o muerta… Me
perteneces…»
La curiosidad pudo
con el chico y este, a través del resquicio de la puerta, vio una habitación lúgubre.
La luz azulada de alguna especie de fuego alumbraba una estantería llena de
frascos y libros, una mesa y a un hombre siniestro en ropajes arcaicos
practicando algún tipo de ritual.
—Te ruego que me
liberes… Deja que me vaya o mátame. — Suplicaba la voz de una mujer.
A su espalda
resonaron unos pasos y Chris se tapó la boca con las manos presa de pánico. Se
apretó lo más posible a la oscura esquina del pasillo. El hombre de negro pasó
a su lado casi rozándole. No lo ha visto. Gracias a Dios. El hombre con su mano
enguantada abrió la puerta y entró.
—Maestro, te traigo
un obsequio. Te complacerá. Son tres corazones muy frescos, todavía palpitaban
cuando los metí en la saca. Como me ordenaste. Ahora necesito verla. Me lo
prometiste.
—Tranquilo,
muchacho. Todo a su tiempo. Dame la saca… Bien… Bien… Bien… Muy frescos. Ahora
mi elixir estará listo. Vete. Y no te atrevas … La mataré si me desobedeces. Psss…
Oigo un ruido. Mira si tenemos a algún intruso…
Antes de que lo
descubrieran el pequeño ladrón se arrastró fuera de su escondite y salió
corriendo como el alma que lleva el Diablo.
20 de noviembre de 2022
En la noche
En la noche
Hombre de negro
Es noche cerrada.
Silencio. No se ve ni un alma. El viejo barrio está sumido en un sueño
intranquilo. En alguna parte de la negrura empieza a oírse el eco de unos pasos
que poco a poco resuenan en toda la calle, pobremente iluminada.
Las paredes oscuras
de los edificios acechan al transeúnte. Las ventanas, cerradas a cal y canto,
son incapaces de proteger a sus habitantes de frío y humedad. Las sucias farolas
apenas dan luz para reunir enjambres de insectos. La atmósfera execrable llena
cada recoveco. Parece que el mismo mal está al asecho de algún incauto.
Al acercarse los
pasos, un gato callejero, muy cenceño, queda atónito en medio de la calle. Él
conoce el comportamiento insidioso y atrabiliario de los humanos y se mete en el
primer agujero que ve. Por ahora, estará a salvo. Los pasos continúan su
camino.
De repente, unas
risas y el jolgorio rompen el tenso silencio cuando una taberna escupe a un
borracho. El tipo, profiriendo obscenidades y con ganas de una buena trifulca,
grita algo al transeúnte. Este se le acerca. Con un movimiento rápido, un puñal
atraviesa las ropas andrajosas y el borracho cae con la mirada perpleja,
balbuceando un galimatías. El asesino limpia la daga con un pañuelo níveo y
prosigue su camino.
Más adelante, en una
pequeña plaza, un par de prostitutas se acercan a una farola para contar los
míseros peniques. Con este frío hay pocos clientes. Apenas les llegará para
pagar el cuartucho de mala muerte. Y para comer habrá que seguir trabajando. La
noche es larga. Igual les cae algún ricachón generoso.
La figura oscura con
pasos firmes se dirige hasta ahí. No lo esperan. Ellas, tan denostadas por los
demás, son una presa fácil. Nadie las echará en falta. No son nada, pero sus
corazones frescos serán perfectos para que el experimento siga adelante. El
Maestro estará complacido y le permitirá verla, aunque un minuto.
La daga brilla en la
noche…
14 de octubre de 2022
002. La huida
La huida
Ya son las nueve de la noche. El polígono está desierto. La ventana de mi oficina, que está al ras de la calle, es un faro. Todo el mundo ya se fue, pero yo sigo trabajando. El cierre del año me tiene exhausta y quiero irme ya. Por fin termino con el papeleo y salgo a la oscuridad.
El silencio me rodea. Estoy sola. Empiezo a caminar. Las escasas farolas, como silenciosos guardianes, apenas alumbran la calle. Huele a lluvia. Las primeras gotas me salpican la cara.
Detrás de mí oigo unos pasos. Me giro y no veo a nadie. Pero me siento observada y el escalofrío recorre la espalda. Otra vez el ruido, pero de algo metálico, arrastrado por el asfalto. Busco el móvil. Me tiemblan las manos. Estoy muerta de miedo. ¡Mierda! Lo he dejado cargando en mi mesa. Tengo que llegar al coche. Los cuarenta metros que separan mi oficina de la plaza del aparcamiento, ahora son kilómetros.
Empiezo a correr.
Los pasos, también...








