Ausencia
(Absentia,
latín)
I. Acción y efecto de
ausentarse o estar ausente.
Como cada día, él le daba un beso a su esposa y se
iba a trabajar. Durante años hacía y decía lo mismo. Un beso ya breve, rutinario,
un “te veo a la noche” desganado, como si no tuviera ganas de volver. Ella
contaba minutos para que él se marchara. Y poco después, vestida elegantemente,
iba a ver a su joven amante.
II.
Tiempo en que alguien está ausente.
Una noche él tardaba en volver. Ella lo esperaba con
el valor reunido después de fingir el amor durante los últimos años. Quería el
divorcio. Como un animal enjaulado daba vueltas por el salón. Miraba por la
ventana. Él no llegaba. Le llamó al móvil repetidas veces. Saltaba el
contestador. Se durmió en el sofá, tapada con la vieja bata de él.
III.
Falta o privación de algo.
Despertó con una sensación de que algo malo había
pasado. Un nudo se instaló en su estómago. Volvió a llamar a su marido. El
teléfono seguía muerto. Su amante la llamó. Varias veces. Le mandó mensajes. No
contestó. La preocupación crecía a cada minuto. Llamó al trabajo. Su marido no
había ido ni ayer, ni los últimos cuatro meses… Se había despedido. Y no le
dijo absolutamente nada. ¿Por qué?
IV.
Derecho. Condición legal de la persona cuyo paradero se ignora.
La policía dejó sus cosas revueltas y se llevaron
una camiseta para el perro. La acribillaron con cientos de preguntas: ¿si sabía
de esto?, ¿si sabía de lo otro?, ¿qué relación tenían?, ¿si todo iba bien entre
ellos? Tras veinte años de matrimonio, ella no fue capaz de contestar nada. Su
vida conyugal era intangible… Quedaron en avisarla con lo que fuera. El nombre
de su marido engrosó la lista de desaparecidos.
V.
Medicina. Supresión brusca, aunque pasajera, de la conciencia.
Su amante dejó el teléfono saturado. En algún
momento tendría que hablar con él. Pero no ahora. Ahora él era una
complicación. Se sentía herida y traicionada. Por Dios, ¿por qué? No tenía
derecho. Era ella la que engañaba. ¿Quién de los dos era el peor? Se sirvió una
copa de whisky, el preferido de su marido. La casa la aplastaba con el
silencio. Encendió la televisión. Noticias: en la playa cercana han encontrado
el cadáver de un hombre… Lo supo. Se desmayó.
Vi.
Psicología. Distracción del ánimo respecto de la situación o acción en que se
encuentra el sujeto.
La morgue dejó su mente embotada. Lo vio. Allí.
Solo… sobre el acero gris, tapado con una sábana. Como en películas policíacas que
vieron juntos. Causa de la muerte: un infarto. Encontraron sus cosas en un
barco. Lo compró hace un año. Lo estaba restaurando. Con qué dinero, nadie lo
supo decir. El barco llevaba el nombre de ella: Lilith. La inspectora hablaba y
preguntaba. Ella no oía nada. Cuando eran jóvenes, soñaban en navegar. Juntos. Su
mirada no se separaba del bulto blanco que era su marido. Sus dedos se tocaban
la boca. Ahí la besó por última vez.
12/09/2025, Gijón
© La Pluma del Este
Querido Lector, te agradezco por la visita y por la lectura de mis historias.
Te dejo esta pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que miraste de verdad a quien tienes al lado?...
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