Con el escritor Javier Mier Prado
Antes de
empezar con la entrevista, quiero presentarles a nuestro invitado.
Javier Mier
Prado es escritor y, antes que nada, un apasionado de la literatura.
Nació en los
últimos días de diciembre de 1956, en Ponferrada. Su trayectoria como autor
comenzó con «Piernas de majorette», una novela en la que recorre
la memoria de la España de posguerra. Después llegó «Mi reina de Manila»,
una historia en la que utiliza la ironía para acercarse a los hechos de nuestra
historia reciente. Su tercer libro, «El embajador», se adentra en
la ciencia ficción especulativa y plantea cuestiones como el poder, la
libertad, la memoria y la supervivencia.
Pero detrás del escritor hay un hombre con otras
vidas. Antes de dedicarse a escribir, Javier fue maquinista de excavadora, un
trabajo muy alejado de la imagen que solemos asociar a un autor. Quizá por eso
resulte especialmente interesante descubrir cómo llegó de remover las tierras a
construir los mundos con palabras.
Hoy tenemos la oportunidad de conocer al hombre que
hay detrás de las historias: sus recuerdos, sus inquietudes, su manera de entender
la literatura y aquello que todavía le queda por contar.
Querido
Javier, bienvenido. Te agradezco que aceptaras ser mi invitado en este Tête-à-tête virtual. Ponte cómodo.
1. Para
empezar, Javier, si tuvieras que presentarte, ¿qué contarías de ti?
Muchas gracias,
Tatiana, por tenerme en cuenta y darme la oportunidad de mostrarme a los
lectores.
Pues soy un
tipo corriente, si quieres demasiado corriente, con los mismos problemas,
supongo, que la mayoría. No me considero especialmente ingenioso, ni tengo
grandes proyectos ni elevados ideales; me conformo con vivir sin sobresaltos, o
con los mínimos posibles, acompañado de la gente que quiero.
2. Dices que
eres un hombre corriente; sin embargo, yo añadiría que con mucha imaginación
para la escritura. Y esto, seguramente, viene desde lejos. ¿Cómo era Javier
cuando era niño?
Yo era hijo de
unos padres ovetenses que habían emigrado a Ponferrada tras la Guerra Civil y
que, en 1959, decidieron regresar a Asturias, esta vez a Gijón. Vivía en un
barrio obrero y pobre, como Roces. Por aquella época, los barrios obreros eran
todos pobres. Nosotros éramos los más pobres de aquel barrio de pobres. Fuimos ocho
hermanos, así que ya te puedes imaginar. En mi primera novela, Piernas de majorette,
se retrata bastante fidedignamente aquel barrio y aquellos ambientes.
A ver, yo antes de eso leía lo que todos los críos, tebeos: el Jaimito, Pulgarcito, Tío Vivo… qué sé yo. Pero con aquel libro descubrí que la lectura te podía transportar a mundos lejanos, exóticos… Y ya fue un no parar. Claro, a medida que iba creciendo, llegaban las lecturas más maduras. Aparecieron la Ilíada y la Odisea; la Eneida, de Virgilio; la Divina Comedia, de Dante. Esta me la encontré en la biblioteca de un hospital en el que me tiré tres meses. Naturalmente, no solo leía eso, también leía novela contemporánea. Me gustaban y me siguen gustando los autores latinoamericanos del realismo mágico: Alejo Carpentier, García Márquez… Pero digamos que aquellos clásicos son como mi fondo de armario literario. No obstante, algunos escritores contemporáneos, especialmente los de la narrativa barcelonesa en castellano, fueron los que más me influyeron: Marsé, Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza. Sin duda, en mi modo de escribir hay algo de ellos… Pero oye, que no sé si estoy contestando a tu pregunta o me estoy yendo por los cerros de Úbeda.
5. Madre mía… Ahora ni me atrevo a seguir con esta
entrevista. Creo que no leí ninguno de esos libros, aparte de Ilíada y de Odisea,
y porque nos lo mandaban en el colegio. Tienes un tremendo bagaje literario. Sí,
señor… Ahora si te pregunto: ¿qué cosas pequeñas pueden arreglarte un día malo?
¿Cuáles serían?
Pocas cosas me hacen tan feliz como tomarme una copa
de vino en buena compañía. Si tuviera que irme a una isla desierta, solo me
llevaría unas botellas de vino y algún libro. Más vino que libros.
6. ¡Ja, ja, ja! Vaya salto que hemos dado. Pero estoy
segura de que todos los escritores clásicos de vez en cuando se abandonaban en
los brazos de Baco. Ja, ja, ja. De escritor a escritor, cuando escribes, ¿prefieres
hacerlo en silencio o necesitas tener ruido alrededor?
No necesariamente en silencio, pero sí en un
ambiente tranquilo.
7. En esto coincidimos. Aunque he visto a gente
escribiendo en una cafetería con mucho ruido. Y les envidio un poco por saber
aislarse. Y dime, Javier, ¿tienes alguna manía que quienes te conocen bien ya
dan por inevitable?
No sé si es una manía, pero los que me conocen bien
saben que a veces soy un poco bocazas. Quiero decir que, en ocasiones, hablo lo
que no debo o a destiempo. Qué se le va a hacer. Nadie es perfecto y yo menos
que nadie.
8. ¡Ja, ja,
ja! Qué sinceridad más encantadora... ¿Eres de los que necesitan tener un plan
cuando escribes o te dejas llevar por la historia y personajes?
¡Uf! ¡Qué va!
Soy absolutamente caótico y poco disciplinado. Puedo estar un día entero dándole
a la tecla para, al final, aprovechar media docena de líneas, si no lo borro
todo. Y otras veces me paso semanas, meses, sin acercarme al teclado. Además,
empiezo una historia y, a medida que la narración va tomando forma, me doy
cuenta de que lo primero que escribí tiene que ir en el capítulo dieciséis. O
escribo un par de capítulos y a continuación se me ocurre el final, antes de
continuar donde lo había dejado.
Efectivamente,
son la historia y los personajes los que me escriben el guion; no tengo método
alguno. Mira, Mi reina de Manila estuvo parada como siete u ocho años.
Por el contrario, El embajador lo escribí en muy poco tiempo. No sé
exactamente cuánto, pero poco más de dos meses. Escribirlo, porque luego vienen
las correcciones y eso es otro cantar.
9. ¿Quién lo iba a decir? He leído Mi reina de Manila
y El embajador, y son las novelas con mucho control en el texto. Imagino
que te ha costado lo tuyo. Y saliendo un poco del tema literario, ¿hay algún
lugar al que llegues y sientas inmediatamente que estás en casa?
Sí. Y es una sensación curiosa. Me pasó en Roma. En el
Trastevere nunca me sentí de afuera. Es todo como muy de andar por casa, no sé,
me resulta familiar. Tanto nos gustó, a mi mujer y a mí, que unos cuantos años
después volvimos. Sin embargo, ya no era lo mismo: allí ya no viven los
romanos, todo son negocios hosteleros y apartamentos turísticos. El turismo
masivo lo estropea todo. Y me incluyo.
10. Cierto. Por más que nos guste viajar, dejamos una
huella que cambia los lugares. Nada vuelve a ser lo mismo cuando lo vimos por
vez primera. Y esto deja una sensación agridulce. Tengo una curiosidad, Javier.
Fuiste un maquinista de excavadora. ¿Cómo recuerdas a Javier de aquella época?
De aquella
época recuerdo levantarme al alba, las jornadas eternas, la ausencia de
festivos, llegar a casa siempre muy tarde, sin tiempo que dedicarle a la
familia. Sobre todo en verano, que es cuando se hacen la mayoría de las obras
públicas. Recuerdo los largos desplazamientos por carretera, porque las obras
muchas veces estaban a cien kilómetros o más. Pero no siempre fui maquinista de
excavadora; fueron las circunstancias las que me condujeron a ello.
Como mucha
gente de mi época, sin carrera, tuve que empezar a trabajar muy pronto y
desempeñar multitud de empleos. En la construcción; en una plataforma
petrolífera mar adentro; en una empresa de reparaciones navales, con la que
recorrí los puertos de España, hasta que la atmósfera irrespirable de los
tanques de los petroleros me enfermó. Y entonces fue cuando apareció la máquina
excavadora. Nunca me entusiasmó ninguno de aquellos trabajos, pero era lo que
había.
11. Vaya, Javier, te ha tocado vivir unas cuantas
vidas antes de sentarte a escribir. Un currículum impresionante; daría para
varias novelas. Ahora que has compartido todo esto, me gustaría saber: ¿cuál es el mejor
maestro para ti, la vida o los libros?
Ambos, solo que cada uno enseña cosas
diferentes.
12. Cierto. Aunque yo creo que la vida es la que
enseña a los que escribimos. Uuy, nos hemos vuelto solemnes, ja, ja, ja. Y si miráramos atrás,
¿qué cosas haces hoy que el Javier de hace veinte años no habría imaginado?
Esto que hago ahora, tu entrevista,
escribir. Tardé mucho en empezar. Aunque hacía tiempo que, después de tanto
vivido y leído, me apetecía también a mí contar cosas, pero o no encontraba el
momento o no sé qué. Un día llegué a casa y me puse a escribir. Me salió un
truño, pero me sirvió para aprender. Después vino Piernas de majorette,
de la que creo que salió razonablemente bien. La gente me ha dicho que les gustó
mucho. No sé, ellos sabrán.
13. Yo he leído La reina de Manila y lo
confirmo: muy bien escrito y con un sentido de humor que me hizo reír a
carcajadas. Como sabes, no soy española, pero gracias a tu libro he aprendido
un montón de palabras cultas. Manejas el vocabulario con una maestría
envidiable. Y aquí viene la siguiente pregunta: ¿Hay algo que antes te
preocupaba muchísimo y que hoy te resulta casi anecdótico?
Uf… No sé. La verdad es que las cosas que me
preocupaban antes siguen preocupándome ahora. No sabría decirte.
14. Ja, ja, ja. Bueno, no pasa nada. Cuando publiques
el siguiente libro, dejaremos esta pregunta para una nueva entrevista. Tienes
un buen sentido del humor, pero me gustaría saber qué te hace reír de verdad.
Está bien hecha la pregunta: «de verdad». Porque hay
cosas que te promueven la risa, pero es una risa nerviosa. Pues me hace reír el
humor inteligente, irónico, no las zafiedades que se estilan ahora.
15. Estoy de acuerdo contigo, Javier. Me gustaría
creer que esto sea una moda pasajera y que el humor inteligente volverá a
ocupar su lugar. Y en tu día a día, cuando no escribes, ¿qué sueles hacer?
Llevo una vida bastante tranquila. Mira, cuando me
jubilé, mi señora esposa me dijo: «Elige, cocinar o limpiar, hacer las camas,
planchar, la lavadora…» Obviamente, escogí cocinar. Ana fue muy generosa.
Entonces suelo hacer yo la compra y cocinar. También hago pilates, que me viene
bien para la espalda que me fastidió la máquina excavadora. Paseamos y nos
vamos los dos de vinos.
16. ¡Un cocinillas! Otra pregunta que queda apuntada
para la próxima vez. Y esa misteriosa
Ana tiene que ser una gran mujer. Y la siguiente pregunta nos viene de perlas: ¿Qué cosas necesitas
que estén en tu vida para sentirte bien?
Creo que, más o menos, lo que quiere
todo el mundo. Tener cerca a la gente que quieres, mi esposa, nuestros hijos y,
por supuesto, algunos amigos.
17. Creo que
todos deseamos lo mismo, Javier, que nuestra gente esté bien y cerca de
nosotros. ¿Qué cualidad valoras más en las personas?
Ah, sí. El humor, la conversación inteligente, la honestidad y algo que no
sé si valora todo el mundo: la puntualidad.
18. ¿Puntualidad? ¡Qué cosas! Y eso que no se practica
mucho en estos tiempos. Y, dime, si pudieras recuperar un solo día de tu vida
para volver a vivirlo, ¿cuál elegirías?
Umm… carajo, la preguntita. Yo no sé si contestar con
las obviedades de siempre: el día que conocí a mi mujer, el día que nació mi
hijo… La primera vez que mi señora y yo nos pudimos tomar unas vacaciones de
verdad, que tampoco fue gran cosa, un viaje a Mallorca a un hotel de cuatro
estrellas, pero para nosotros en aquel momento sí lo fue. Fíjate tú.
19. Oooh, qué bonito y romántico. (Ana, cuando leas
esto, dale un achuchón.) Imagina si mañana no tuvieras ninguna obligación
durante una semana, ¿qué harías con esos siete días?
Irme otra vez a las Rías Baixas, por ejemplo. Nos
gustan mucho las rías y en general toda Galicia. Vamos todo lo a menudo que
podemos, y también los gallegos nos gustan; bueno, no todos, algunos no. Je,
je.
20. Ay, Galicia… Me encanta. Me hace suspirar. Es tan
parecida a Asturias y tan diferente. Después de todo lo vivido, Javier, ¿qué
crees que todavía te falta por aprender?
Mucho. Siempre hay cosas que aprender; aquel
que crea que ya lo sabe todo es que no sabe casi nada. Mira, ahora estoy en un
curso sobre la historia de Oriente Medio, desde Sumeria en adelante. También
estoy haciendo un cursillo sobre primeros auxilios y me está resultando de lo
más instructivo; espero no tener que poner en práctica tales enseñanzas.
21. No paras de sorprenderme. Oriente Medio, Sumeria,
antiguas civilizaciones… Los primeros auxilios, creo que deberíamos saber hacer
todos y desde el colegio Y para acabar, una pregunta extra: ¿Hay algo que te
gustaría compartir con los lectores y que no te haya preguntado?
A ver, a ver… No me has preguntado qué
signo del zodiaco soy, que se lleva mucho en algunas entrevistas. Bueno, pues
soy Capricornio.
¡Ja, ja, ja! Javier, te agradezco esta
oportunidad de conocerte y que te conozcan tus lectores. Esto no es una despedida,
sino un hasta pronto. Nos vemos cuando quieras; ojalá sea con el otro libro
bajo el brazo. Estamos en contacto.
Hasta luego, escritor.
Y aquí acaba nuestra charla con el escritor
Javier Mier Prado en el Tête-à-tête en la casa
virtual de La Pluma del Este. Y ahora os toca a vosotros. Dejadnos
vuestros comentarios y preguntas. ¡Os leemos!
Y si quereis zambillirce en una buena lectura le dejo los enlaces a los libros de Javier:
Recuerden que Amazon les ofrese a leer una muestra de cada libro.

