19 de septiembre de 2026

Tertulia de La Pluma del Este (#7)

¿Qué libro cambió tu forma de ver la vida?






 


Ufff… esta pregunta me ha hecho pensar.

Hay un libro que leí con doce o trece años y que cambió para siempre mi manera de mirar a los animales: Одіссея нічийного хорта (La odisea del lebrel sin dueño) del escritor ucraniano Grigori Pavlovich Krymchuk.

Desde niña había tenido perros en casa de mis abuelos. Eran mis amigos. Pero también había visto desaparecer a muchos de ellos y, por aquella época, la crueldad hacia los animales formaba parte de nuestra realidad cotidiana.

Aquel libro hizo que comprendiera algo que, en el fondo, ya sabía: los perros no eran cosas. Eran seres que sentían.

Y desde entonces, nunca he vuelto a mirar a un perro de otra manera.

Quizá eso sea lo maravilloso de un libro: que puede cambiar nuestra forma de mirar el mundo para siempre.

¿Y a ti, mi querido Lector? ¿Qué libro cambió tu forma de ver la vida?

Me daría mucha ilusión leer tu comentario.

9 de septiembre de 2026

RESPETO

Respeto 


Oímos esta palabra constantemente.
«Hay que respetar».
«Exijo respeto».
«Respeta mi opinión».

Pero, si lo pienso bien, ¿sabemos realmente qué significa respetar?

Yo, al menos, no estoy segura.

Porque hablamos mucho del respeto hacia los demás y bastante menos del respeto hacia nosotros mismos.

¿Respetarse es ponerse límites? ¿Es no aceptar aquello que nos hace daño? ¿Es reconocer nuestros errores? ¿Es dejar de hacer algo que sabemos que no queremos hacer? ¿Es atrevernos a decir «no»?

Quizá respetarnos sea también escucharnos.

Y aquí aparece la contradicción: podemos exigir respeto mientras nosotros mismos permitimos que otros traspasen nuestros límites. Tenemos miedo de defender nuestras ideas y traicionamos lo que pensamos para no molestar. Podemos cuidar a todo el mundo mientras nos dejamos para el último lugar.

Tal vez por eso esta palabra sea mucho más difícil de lo que parece.

¿Sabemos respetar a los demás si todavía no hemos aprendido a respetarnos a nosotros mismos?






09/09/2026, Gijón

La Pluma del Este

6 de septiembre de 2026

PERTENENCIA

 Pertenencia







Pertenecer es mucho más que poseer algo.

   Es sentir que formamos parte de un lugar, de una familia, de una historia, de una tierra. Es ese vínculo invisible pero profundo que nos da raíces y nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos.
   Sin embargo, la pertenencia también tiene otra cara. Porque, a veces, pertenecer significa ser colocado dentro de un grupo. Según nuestras creencias, nuestra procedencia, nuestra cultura, nuestro nivel social o nuestra manera de pensar, alguien decide que pertenecemos a unos y no a otros. Y entonces aquello que debería darnos identidad puede terminar convirtiéndose en una etiqueta.
    Necesitamos sentir que pertenecemos, pero también necesitamos conservar nuestra individualidad. Porque una persona no cabe por completo dentro de un grupo, una ideología, una tierra o una etiqueta.
     Podemos amar nuestras raíces sin estar atados a ellas. Como en mi caso. Añoro a mi tierra natal, Ucrania. Me duele Cuba, donde he dejado un pedacito de mi corazón. Amo a España. Podemos pertenecer a un lugar y, al mismo tiempo, sentirnos libres para cuestionarlo. Podemos formar parte de un grupo sin tener que pensar exactamente como los demás. Podemos otorgar nuestro voto a un partido, pero no claudicar por él. 
     Quizá la verdadera pertenencia no consiste en que nos digan dónde encajamos, sino en encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos sin dejar de ser libres.





     ¿Creéis que la pertenencia nos ayuda a descubrir quiénes somos o, algunas veces, termina diciéndonos quién deberíamos ser?