Pertenencia
Pertenecer es mucho más que poseer algo.
Es sentir que formamos parte de un lugar, de una familia, de una historia, de una tierra. Es ese vínculo invisible pero profundo que nos da raíces y nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos.
Sin embargo, la pertenencia también tiene otra cara. Porque, a veces, pertenecer significa ser colocado dentro de un grupo. Según nuestras creencias, nuestra procedencia, nuestra cultura, nuestro nivel social o nuestra manera de pensar, alguien decide que pertenecemos a unos y no a otros. Y entonces aquello que debería darnos identidad puede terminar convirtiéndose en una etiqueta.
Necesitamos sentir que pertenecemos, pero también necesitamos conservar nuestra individualidad. Porque una persona no cabe por completo dentro de un grupo, una ideología, una tierra o una etiqueta.
Podemos amar nuestras raíces sin estar atados a ellas. Como en mi caso. Añoro a mi tierra natal, Ucrania. Me duele Cuba, donde he dejado un pedacito de mi corazón. Amo a España. Podemos pertenecer a un lugar y, al mismo tiempo, sentirnos libres para cuestionarlo. Podemos formar parte de un grupo sin tener que pensar exactamente como los demás. Podemos otorgar nuestro voto a un partido, pero no claudicar por él.
Quizá la verdadera pertenencia no consiste en que nos digan dónde encajamos, sino en encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos sin dejar de ser libres.
¿Creéis que la pertenencia nos ayuda a descubrir quiénes somos o, algunas veces, termina diciéndonos quién deberíamos ser?


