Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

26 de mayo de 2025

Por fin en casa

Por fin en casa 



 
Cuando entré por la puerta de mi nueva casa, otra nueva casa, ella me miró y se fue arriba. Cuando mi nueva mamá me llevó a mi habitación, vi que también era la de ella. Mi nueva hermana estaba en su cama con unos cascos y mirando el teléfono. Esta vez pasó de mí. Dejé mi mochila en la otra cama, la mía, y bajé a merendar. Ella se quedó en la habitación.
          Al volver, vi que una línea de tiza en el suelo partía la habitación por la mitad. Me quedé en mi mitad. Le di un “buenas noches”. No me contestó. Me despertó un sonido. Era ella. Estaba llorando, muy bajito. Pero yo la oía. Yo también me puse a llorar. Pero por dentro.
          Cuando desperté por la mañana, ella ya no estaba. En mi mesita había una muñeca Barbie y una nota. Leí: «Bienvenida». Abracé a la Barbie y lloré… Pero en voz alta.





                                                                    24/05/2025, Gijón

© La Pluma del Este


14 de mayo de 2025

Perfume, problemas y muerte asegurada

Perfume, problemas 
y muerte asegurada 



El manto de la noche cubría las desiertas calles. Las farolas perdían su luz en la emboriada oscuridad. Abrí la ventana de mi despacho. Me asomé. Encendí un cigarrillo… Solté una nube de humo… Llevaba unos días su cumbido a la galbana. Estaba jodido… Muy jodido. Sin un mísero caso que resolver, mi cartera tenía más agujeros que las dianas de un campo de tiro. No tenía ni para pagarme una cena decente…
      El humo de tabaco ascendía en el aire, mezclándose con el olor de las chimeneas, de gasolina y solo Dios sabe de qué más… Abajo, en el tugurio de enfrente, se oían las risas estridentes de mujeres y los gritos de borrachos. Los acordes de jazz apenas se notaban en aquel local de mala fama. Di una profunda calada al cigarrillo y lo tiré. Observé cómo el punto rojo caía en la negrura. Un instante después, unos faros alumbraron la sucia calle y despertaron a un borracho, tirado en medio. El tipo apenas pudo rodar hacia un lado para no ser aplastado por un Bentley negro.
    ¿Un cochazo así y en esta calle de mala muerte? ¿Quién podría ser? Se paró en mi entrada. Salió el conductor, un tipo grandote, y abrió la puerta del pasajero. Antes de cerrar la ventana, solo pude atisbar una pierna larga en una media negra de rejilla y un zapato rojo de tacón, posándose en la mugrienta acera. Era de una mujer, sin duda alguna…
    Después de un par de golpes, la puerta de mi despacho casi saltó de los goznes. Un negro enorme, embutido en un traje hecho a medida, repasó toda la habitación y, con un gruñido, salió. Entró ella…
     Mil cosas pasaron por mi cabeza, obliterando todos los pensamientos lógicos de un hombre y, para más inri, de un detective. Era la mujer más impresionante que yo había visto nunca. No solo por su cara, el pelo o el cuerpo, no. Toda ella exudaba la sensualidad y el poder. El poder de una mujer que sabe que lo tiene y que sabe que lo puede usar a su antojo. 
    —¿Detective, Smith? Necesito de sus servicios y, por supuesto, exijo la discreción. —Su voz ligeramente ronca me hizo cosquillas… 
    —Siéntese, por favor. ¿Una copa? ¿No? Entonces me serviré una, estoy sitibundo. ¿De qué se trata? 
     —Me han informado de usted. Creo que es el hombre que busco. Necesito a alguien que no le tema a nada ni a nadie. Ni siquiera a las sombras de esta maldita ciudad. Y este es usted.
    No podía apartar la mirada de sus labios de un rojo sangre. Yo bebía de estos labios cada palabra que pronunciaban… Con dificultad pude asimilar que ella tenía un caso para mí… Un asesinato… Un robo… Una traición… Y una reliquia familiar desaparecida… Le pregunté si sospechaba de alguien.
   —Luisa Tolvaj, mi ex asistente. Es muy inteligente, aunque antes la llamaban “Babieca”. Es peligrosa y conoce muchos trucos. No debía haber confiado en ella, pero una es débil… Aquí tiene su fotografía. Lo dejo en sus manos… Ah, empiece por el club “Copablanca”, es ahí donde la conocí…
   Repasé mis apuntes y, por supuesto, acepté el caso. A estas alturas, yo ya estaba metido hasta las gónadas. Seguir al lado de ella y respirar el mismo aire me bastaba. Aunque…
   —Señora, voy a necesitar un adelanto. Mis honorarios...
   —Descuide. Aquí tiene un cheque. Si necesita algo más, hable con Patrick, mi chofer y… guardaespaldas. Adiós, señor Smith. Espero noticias suyas. Pronto… Y se fue… Dejando en el aire su perfume y el olor a un millón de problemas que acabo de aceptar. ¿Quién era esta mujer? ¿Y por qué tengo la sensación de que no saldré vivo de esto?
  




13/05/2025, Gijón

© La Pluma del Este

 

Nota de autor:
emboriado - neblinoso
galbana - pereza, desidia
sitibundo - sediento
obliterar - anular, tachar, borrar, obstruir los conductos
babieca - persona floja y boba


 


8 de mayo de 2025

Café en buena compañía

 Café en buena compañía



Ella tiene todo bajo control. Su pelo, veteado de gris, recogido en un moño y las gafas de pasta le dan un aire de descuidada elegancia. Con amor y esmero ordena las infinitas estanterías por los géneros literarios y por los nombres de los autores. Camina con pasos silenciosos en una suave cadencia que solo ella es capaz de interpretar.
        Cada viernes, a las seis en punto, él se acerca al mostrador para devolver un libro y recoger uno nuevo. Es alto y delgado, con un sombrero de ala que no esconde los ojos de color whisky. Los ojos que adquieren un brillo socarrón al ver a la bibliotecaria. Las frases: «¿Qué le ha parecido?». «Este tiene buenas críticas». «Este tiene un final feliz» —es lo único que se atreve a pronunciar. Aun así, ella ya conoce sus gustos y guarda los libros para él.
        Un día, él le dejará una nota dentro de uno: «¿Qué tal un café en buena compañía?». Ella, tímida y con las cicatrices en su corazón, ignorará esta nota y otras muchas más. Pero él no se dará por vencido. Hasta que un día ella leerá: «Cómo duele reconocer que mi compañía no es tan buena. No la molestaré más». Ella, asustada, al entregarle un libro, lo rozará con las puntas de los dedos y, mirándole a los ojos, le dirá: «Hice bollos de canela riquísimos. Serán perfectos para acompañar el café…».
 


 

                                                                                                                   07/05/2025, Gijón

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