Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

2 de marzo de 2025

Un jardín en la cabeza

Un jardín en la cabeza


“Si mis cuernos fueran flores,
yo tendría un frondoso jardín en la cabeza”.

Proverbio popular

 

 En un confortable sofá de un elegante despacho:
—Es mi mujer… Tssss… Hola, Tere… Aquí, liadísimo con el papeleo y me da que tendré que viajar.  Ah, ¿sí? … ¿No te importa? … ¡Dios! Acabo de acordarme del aniversario de tus padres… No podré ir. ¡Cuánto lo siento, cariño!… Ya… Dales un beso de mi parte y no escatimes con el regalo… Sí… Tú me conoces y sabes que nunca fallo a las celebraciones familiares. Eeh… Es que vino un cliente de Alemania y tengo que irme urgentemente a… Madrid. Sí, sí… Hoy mismo… ¿De veras?… Y yo a ti…
—¡Al final lo resolviste, mi vida! ¡Qué ilusión! Iremos de compras, a restaurantes… ¡Qué feliz estoy! Ven, que te lo demostraré…
—Mmmmm, siiiiiiiiii… Haremos lo que tú quieras, nena… Qué raro… Me extraña que mi esposa no insistiera… Ni se cabreó conmigo. Es como si se alegrara… Estaba rarísima…
 
 
En la cama revuelta de un lujoso hotel:
—¡Qué coincidencia! ¡Estamos de suerte! Así que tenemos mucho tiempo… Ven, mi fierecilla… Ufff, cómo me pones… Te comeré entera…
—¡Ha salido mejor de lo que pensaba!… Y qué fácil. Ni siquiera tuve que mentir… Mmmmm… Espera un momento. ¡Qué narices! ¡Mis padres celebran su aniversario en un crucero que les regalamos!… ¿A qué vino lo de darles el beso de su parte? De hecho, ayer él mismo los llevó al aeropuerto… Qué raro todo esto. Bueno, al hecho, pecho y al cuerpo, alegría. ¿Dónde lo hemos dejado, machote? ¿Dijiste “comer”?…
 





22/02/2025, Gijón
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Este relato participa en el reto de  El Tintero de Oro dedicado al desamor.






25 de febrero de 2025

El último abrazo

 El último abrazo



 

Matilde se ahogaba en su propia indignación: el violador y asesino de su hija quedaba libre por falta de pruebas.
   Después de que el juez lo declarara no culpable de todos los cargos, el malnacido con descaro le guiñó un ojo y sonrió a la madre de su víctima. Incluso se atrevió a enviarle un repugnante beso. Estaba satisfecho y preparado para la siguiente muchacha. Matilde lo vio en sus ojos muertos. Ese hijo de puta envalentonado iba a recuperar el tiempo perdido. Ella estaba segura de ello. Lo presentía. Como suele pasar, la policía llegaría muy tarde para evitarlo.
    La mujer estaba asqueada y devastada, todavía incapaz de creer en tanta injusticia. Se ararró a los respaldos de las sillas y obligó a sus piernas a moverse. Salió al pasillo.
   Entre el típico ajetreo de un juzgado, divisó al individuo que hablaba animadamente con su abogada en el rellano de la escalera.  Al lado de una barandilla.  Sin pensar, corrió hacia ellos y, con todas sus fuerzas, se abalanzó sobre él.
   La caída duró una eternidad o un instante, pero Matilde no soltó al ser que le arrebató lo más preciado, su hija…
   Los dos se estamparon contra el blanco suelo de mármol en un mortal abrazo.




 

                                                                              25/02/2025, Gijón

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21 de febrero de 2025

Babuci

 Babuci


 

Docenas de babuci, sentadas en las banquetas y las cajas de fruta, ocupan la acera alrededor del mercado. Ellas son la alegría para la vista con sus vestidos estampados, los delantales replanchados y los pañuelos florales en las cabezas.
   Venden un poco de todo: las pipas de girasol y calabaza, los caramelos de colores en un palo, las cestitas repletas de frambuesas y grosellas, las galletas caseras, los pyrozhký, rellenos de carne picada, mermelada o requesón; las manzanas recién cogidas del árbol, expuestas sobre los paños impolutos, las zanahorias, los tomates de un rojo intenso, los ramos de olorosas peonías…
    Aunque es la costumbre, mi madre nunca regatea con ellas, y les paga lo que le piden. Un día me dijo que ella misma podría ser una de estas abuelitas. Entonces yo no lo entendí. Mi mamá, tan joven y guapa, jamás sería una viejita arrugada, con las manos llenas de callos. Se lo dije y ella me dio un beso y me compró una piruleta.
   En aquel momento yo no sabía que tenía la razón: mi mamá nunca llegó a envejecer. Yo era solo una niña que estaba feliz chupando un osito de caramelo rosa.
 

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Nota de autor:
Babuci – pl. “abuelas” en ucraniano.
Pyrozhký – en Ucrania, similar a las “empanadillas”.



                                                                                                                                         
                                                                                                                           20/02/2025, Gijón
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