Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

2 de julio de 2023

Fermín de Pompaelo

Fermín de Pompaelo




El obispo Fermín contempla su ciudad, cuando el sol ya empieza a teñir de oro bruñido los tejados de Pompaelo y sus calles estrechas se llenan del bullicio festivo.
   A Fermín le agradan las ferias. Cuando era un muchacho, se mezclaba con los vendedores, juglares errantes y gente, venida de Hispania y Aquitania. Su padre, el gobernador, no lo aprobaba. Y para frenar el ímpetu de su vástago, lo puso bajo la tutela del presbítero Honesto, que lo envió a Tolosa, en Occitania, para completar la formación. Cuando la fe cristiana lo llamó, Fermín solicitó que lo ordenasen como sacerdote.
   No sin dolor recuerda aquella época. Desde la muerte de Cristo, los cristianos no eran extraños en este mundo, pero los credos paganos todavía oscurecían las almas de los no creyentes.
   Hace unos cinco años regresó a su querida Pompaelo, ya como el obispo, para continuar con la obra de Dios. Hasta hoy.
   Mañana, después de maitines, Fermín de nuevo emprenderá el camino a las Galias. De ciudad en ciudad, convertirá a miles de personas. La fe crecerá y con ella, el miedo. Por esto los prefectos romanos lo querrán muerto. Y bajo el manto de la noche, de su cuello brotará un pañuelo carmesí.




                                                                                              28/05/2023, Gijón

Pompaelo - nombre de Pamplona en los tiempos del Imperio Romano.
Obispo Fermín - según las leyendas es gracias a él nace la festividad de Pamplona.
El pañuelo carmesí es el símbolo de la sangre que ha brotado del cuello de San Fermín.
Fuente: www.sanfermin.com





21 de junio de 2023

Sin ti

Sin ti 


Nuestras palabras no habladas
reposan en completa soledad
entre las flores marchitas
de aquel jardín olvidado.


El tímido sol con su despertar
tiñe en dorado la muerte
prematura de la naturaleza,
otrora viva y llena de color.


¿Por qué no dije qué pensaba?
¿Por qué te dejé marchar sin más?
Es tarde, lo sé, para decirte
que fuiste mi luz en la oscuridad.


El viento frío de las montañas
crea ventiscas de pétalos caídos,
que se enredan entre mis pies,
cansados de vagar buscándote.


Cientos de rostros a mi alrededor
y yo anhelo solo el tuyo, cuando
llega la noche con su silencio,
envuelta en estrellas lejanas.


La muerte no es un adiós
y más, cuando un amor inmenso
nos une con hilos irrompibles.
Espera por mí, ahí dónde estés.




                                                                                                     26/05/2023, Gijón



20 de junio de 2023

Buenos vecinos

Buenos vecinos



Señor Juan esperó que su nuevo vecino se fuera.
Ahora podría subir a la finca y, sin que nadie lo vea, recolocar el palo que marca la frontera entre sus tierras. En la última tala de eucaliptos, hace un mes, lo vio en su sitio. O eso creía. No estaba seguro. Pero la semana pasada, cuando subió al monte, el palo no estaba. Alguien lo hizo desaparecer. Su hijo le insistía cada poco que apuntara las coordenadas por el GPS y pusiera algo más permanente, como un poste de hormigón. Las modernidades no iban con él y no quería gastar el dinero a lo tonto. Una buena rama de madera, con un trapo, era todo lo que necesitaba. Nadie se atrevería a moverla o quitarla de su ubicación. La palabra de un paisano y un apretón de manos le valían más que una firma.
   Manolo, su anterior vecino, murió y sus hijos vendieron la casa y el terreno del monte a uno que vino de la capital “para buscar la vida tranquila”. No pintaba nada aquí. Él deseaba aquellos terrenos, pero los herederos pedían demasiado. Seguro que no querían vendérselos a él. Desgraciados.
   La sospecha de que el nuevo quería robarle sus tierras no le dejaba dormir. Pasaba las noches en vela. Se sentía agobiado y lleno de ira…
   Dejó su coche entre los árboles para hacer el resto del camino a pie. El teléfono otra vez. Con esta ya son cuatro llamadas perdidas de su hijo. Ya le llamará más tarde.
   — Hola, señor Juan.— Es él, el nuevo.— Qué raro. No veo la marca entre nuestras fincas. ¿Sabrá usted algo?
 “Mentiroso. Me miras a la cara y mientes como un bellaco”  pensó —. “Y ahora, ¿qué narices haces aquí? ¿No ibas al pueblo?”
   — Cuando vine para contrastar los límites con la escritura, había un palo con algo blanco.
   — Sí. La marca. Siempre estuvo aquí. De toda la vida. Mira por ahí, más abajo. Igual la ves.
   El vecino le dio la espalda y se inclinó para mirar entre los matorrales. El golpe seco, fuerte, justo debajo de la nuca, lo empujó ladera abajo…
   El corazón de Juan empezó a palpitar a mil por hora. El martillo resbaló de sus manos. El sudor frío bajó por su espalda. El sonido del teléfono casi le hizo perder el equilibrio. 
   — Diga.
   — Hola, papá. Perdona por molestarte, igual estás con tu siesta. Yo ando muy liado, por esto se me olvidó decirte que al final he apuntado las coordenadas del GPS de estos palos que marcan la finca del monte.  Hace una semana subí con un compañero del curro. Y al girar el coche, rompimos uno que estaba justo en el camino. Pero no te preocupes, el punto exacto lo tengo apuntado. Este finde paso por ahí y lo volveremos a colocar. 

     Si tú quieres…





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                                                                                               20/06/2023, Gijón