Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

16 de octubre de 2024

El botín

 El botín

 

 

 —¿Qué te cuentas, primo?
 —Nada. Aquí estoy, esperando.
 —¿A quién?
 —Psss, disimula. No chilles. Habla bajo.
 —Vaaale. ¿Y?
 —¿Y qué?
 —Pareces tonto. Te lo estoy preguntando yo. ¿A quién esperas?
 —No a quién, sino a qué. A una oportunidad. ¿Ves a los tres en aquella mesa? Llevo un rato observándolos. Dos de ellos han pedido hamburguesas completas y la otra, un perrito caliente. Están devorando sus hamburguesas. Ni las raspas quedarán. Pero la del perrito lo está mareando. No tiene pinta de poder con él.  Lo dejará casi entero. Segurísimo… Se van. ¡Ahora! ¡Sígueme!
   Dos gaviotas se abalanzan sobre la mesa del bar y, rompiendo las copas y botellas, huyen con el botín: medio bollo de pan… Sin el perrito.





16/10/2024, Gijón


15 de octubre de 2024

Hijo de mi tierra

 Hijo de mi tierra

    

Del amor fingido, huyo.
De la falsedad me aparto.
De mentiras yo me alejo
Y de loas, yo me guardo.
 
No me creo a los sabios
Que se venden a los amos.
Y los pueblos, cual ovejas,
Obedientes y tan mansos.
 
Yo soy libre como el viento,
Sin temores y sin cadenas.
¿Dónde posaré mi cabeza?
¿Dónde lloraré mis penas?
 
Subiré a las montañas
Para estar cerca del cielo,
Dejaré que mi alma vuele,
Libre de culpa y anhelo.
 
Gritaré con todas fuerzas
Que me oiga el mundo entero:
Yo soy el hijo de mi tierra
Y la amaré hasta que muera.



14/10/2024, Gijón


11 de octubre de 2024

La propiedad privada

 La propiedad privada




Me senté en la hierba a fumar un cigarrillo.
La brisa con olor a la tierra revuelta jugaba con la llama del mechero. Por fin el humo llenó mis fosas nasales y buscó la salida. A la tercera calada dejé de temblar. Otra calada. Otra más. Casi me quemo los dedos con la colilla. La tiré al agujero, donde se apagó con un suave siseo.
   Me quedé a oscuras. La luna apenas se reflejaba en el metal frío de la pala. El silencio cómplice de la noche redujo todos los sonidos. El mundo que me rodeaba sabía lo que estaba haciendo. Sentí que me observaban. No me importó: tenía la razón de mi lado. No fui yo quien entró en una casa ajena. Tampoco fui yo, él, que cuchillo en mano, atacó al propietario. Y no he sido yo el que mató primero…
   Con un fuerte empujón, el cuerpo del intruso cayó al hoyo. Enseguida empecé a llenarlo con piedras y tierra. El nogal, que esperaba ser plantado, movió sus hojas en señal de protesta. Parece que el abono no era de su gusto… Pero es lo que hay.
    Mañana me ocuparé de Nico. Mi perro. Un amigo fiel merece ser enterrado a plena luz del día.






10/10/2024, Gijón