Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

25 de agosto de 2023

La fuente del tiempo

La fuente del tiempo




 La vieja fuente, con su canto hipnótico, me dejó adormecida.
        De repente, yo ya no era la de ahora, sino una niña que hacía flotar los barquitos de papel en el estanque del jardín detrás de la casa de los abuelos. Las pequeñas naves de colores se mecían en las olas y refulgían bajo los rayos del sol, llenándome de alegría y gozo.
Me encantaba la fuente. Su agua cristalina llenaba un pequeño estanque y, en el centro, estaba la figura de un angelito con alas cubiertas de verdín. Por encima de su bonita cabeza sostenía un ánfora de la cual salía el chorro. Con el sol, el efecto era mágico: las brillantes gotitas saltaban al cielo en colores del arcoíris. Parecían piedras preciosas. Pero cuando yo las tocaba con la mano, solo eran agua…
       Han pasado años. Ahora soy algo mayor. Es verano y hace mucho calor. Me reía a carcajadas y a mi lado estaba un chico, pelirrojo y pecoso. Me decía algo, se metía al estanque e intentaba arrancar un nenúfar rosa. Resbaló y cayó al agua. ¡Será payaso! Me sentía feliz…
          Otro salto en el tiempo. Esta vez, el mismo pelirrojo, pero ya es un hombre joven; tartamudea, me mira con sus ojos de color cielo y me dice que me ama. Se arrodilla y me da un anillo. Su piedra brilla igual que las gotas de la fuente. Yo le digo que sí…
         Un remolino de años y recuerdos me transporta a otra época: a mi lado, justo en el borde del estanque, hay un niño pequeño con el pelo como fuego y los ojos verdes. En sus manos, un barquito de papel. Me llama «abuela» y me pide que le enseñe a hacer flotar su pequeña nave blanca. Esta no quiere moverse y los dos nos ponemos perdidos intentando hacer las olas. Nos morimos de risa. Y, por armar tanto jaleo, aparece un hombre mayor, con canas entre su pelo zanahoria y risa en los ojos de cielo. En las manos trae una cesta llena de barquitos de colores…
      —Abuela, ven, la comitiva ya sale para el cementerio. Mis padres te están buscando, pero yo sabía que estarías aquí. Este también era un lugar preferido del abuelo. Lo echaré de menos. Tenemos que irnos. Nos esperan.






                                                                                                               23/08/2023, Gijón
La pluma del Este





21 de agosto de 2023

Nuestro tiempo

   


Nuestro tiempo










Una y otra vez nos hacemos la pregunta: «¿Qué es el tiempo?» No hablo del clima, no. Hablo del tiempo, de esto que es tan intangible y que escurre entre nuestros dedos, como la arena o como el agua, sin poder evitarlo. De hecho, es del todo imposible.
   El tiempo somos nosotros mismos y vivimos sumergidos en él… Sí. Aunque suene a una locura. Estamos hechos de nuestro tiempo y del de los demás. Al preguntar: «¿Cuánto cuesta la barra de pan?», lo lógico sería decir: «¿Cuánto tiempo cuesta…?» Y así con todo. Cada céntimo, cada euro o dólar ‒ es nuestro tiempo. Lo gastamos para ganar el dinero y los otros lo gastan para producir el producto.
   Creo que por esto pensamos que lo tenemos de sobra. Pero como el pan que ya está comido, el tiempo está gastado.
   ¿Suena pesimista? No, qué va. Solo es una aceptación del hecho de que tampoco hay que llenar cada día de mil cosas y experiencias buscadas. La vida y el tiempo fluyen. Solo hay que elegir una nave y compañeros de viaje, soltar el amarre, izar las velas y disfrutar de la aventura.
   A unos les tocará navegar en una pequeña y tranquila charca; a otros, en un gran lago; y, a los afortunados, en un océano sin fin, lleno de tempestades y días de calma…
                     



                                    

                                                                                                                                             

                                                                                                                                            20/08/2023, Gijón


16 de agosto de 2023

En el bosque

 En el bosque






  El bosque oscuro devolvió el eco de los gritos.
  El fuego ya había consumido casi toda la casa, donde fueron felices los últimos cinco años. Ahora, en su interior, se quemaban su padre y su madrastra…
  Desde la muerte de su mamá, Hansel y Gretel vivían en un calvario. Su padre había empezado a beber y consumir drogas. Lo despidieron y en todo culpó a sus hijos.
  Un día trajo a una mujer. Y ella se quedó. Era fea y mala. No cocinaba, fumaba mucho y bebía. Los niños no le importaban. Una noche Gretel sin querer tiró una cerveza y la mujer la abofeteó. El padre se rio cuando la pequeña nariz de su hija explotó con sangre.
 A partir de ahí empezó todo: golpes, castigos, falta de comida y abusos. Ya no iban al colegio. Hansel, de solo diez años, sufría por no poder proteger a su hermanita. Tenían que escapar de ahí.
 Una noche, cuando los monstruos se han ido a emborracharse, los niños recogieron sus escasas pertenencias y huyeron.
  Estuvieron deambulando por el inmenso bosque varios días. Hasta que una mañana, en un claro, vieron una casita, salida de los libros de los cuentos que les leía mamá. Les abrió la puerta una viejita y sin preguntar nada, les dejó a vivir con ella…
  Hoy, en la fiesta de Calabaza, los tres estaban en su puesto de tartas y mermeladas. Hubo mucha gente. La venta se dio muy bien y los niños pidieron a la abuela el permiso para ir con unos amigos a la noria. No tardarían mucho.
  Estaban felices y contentos. Apenas recordaban su otra vida. Al bajar de la atracción fueron a por unos refrescos.
  —¡Peggy, mira a quién tenemos aquí! —la voz carrasposa de su padre les dejó helados. Aquella horrible mujer iba con él.
   Hansel lo empujó y echó a correr arrastrando con él a su hermana.
   —¡Abuela, nuestro padre está aquí! ¡Tenemos que irnos ya!
  Han recogido el puesto lo más rápido que han podido. Al llegar a la casa, aparcaron la furgoneta en la parte de atrás y empezaron a hacer las maletas.
   La luz de unos faros entró por la ventana del salón. Era un coche que no conocían. Al ver quién se bajaba de él, los niños se pusieron a temblar.
   La abuela les mandó salir por detrás y esconderse en el bosque. Pasara lo que pasara, no tenían que volver, y que la esperaran donde el roble viejo. Ella iría a buscarlos. Les dio un fuerte abrazo a cada uno y se fue a recibir a la visita indeseada.
   —Hola, señora —dijo el hombre —. Nos han dicho que aquí vive un chico de unos quince años llamado Hans y una niña de diez, Gretel. ¿Es así? Somos sus padres y los llevamos buscando muchos años. Estamos desesperados. Queremos que vuelvan a casa. ¿Podemos pasar? —Empujó a la abuela y entraron.— Niños, papá y mamá están aquí. Les hemos echado de menos. Venid con nosotros.
  —Vieja, —dijo la mujer— ¿dónde están nuestros hijos? ¿Dónde los escondes?
  —¿Hijos? Ah, claro, los niños. Salieron a dar una vuelta. Volverán enseguida. ¿Les apetece tomar algo mientras esperan? ¿Té? ¿Café? ¿Refresco?
   Repantigados en el viejo sofá, los intrusos dieron una buena cuenta del té helado con pasteles de calabaza. Con cada minuto que pasaba, se sentían más y más relajados. Ellos no tenían por qué saber que estaban en la casa de una bruja, que amorosamente acogió a los hermanos y los crio y cuidó como si fueran sus propios nietos. No tenían por qué saber que el té contenía un fuerte somnífero. Y tampoco sospechaban que jamás saldrían vivos de aquella casa, que sería su tumba…




14/08/2023, Gijón