Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

16 de diciembre de 2024

Frío

 Frío



Frío…
Siento mucho frío…
   La despiadada gelidez clava sus garras y me come … Mordisco a mordisco. Trozo a trozo. Con mucho esfuerzo, enfoco mi mirada en la luna: llena, redonda, impasible. Su perfecta luz no desprende calor. También es fría. Muy, muy fría.
   La luna es el testigo mudo. Es como si me observara desde su infinita distancia. Ella lo ve todo, lo contempla, no toma partido por nadie. Ella es el ojo fijo del universo. Con su luz blanca ilumina lo justo para que uno sepa donde está y en qué situación. Sería mejor que las nubes no se hubieran movido. Así yo seguiría en las penumbras. Solo. Desvaneciéndome. Como si no existiera…
   Debo moverme. Los pensamientos cortocircuitados, como flashes, me impelan a luchar. ¡Muévete! ¡Levántate! ¡Arrástrate! Poco a poco. Para que te vean, si hay suerte. ¿Y el dolor? ¿Qué hago con tanto dolor que me tiene clavado en esta congelada zanja? No puedo. Estoy cansado… De todo… De luchar. De sufrir. De vivir.
   Quiero gritar… Pero mis labios están pegados con la sangre helada. Hace un rato lloré. Las lágrimas congeladas me han roto la piel. Sentí el dolor. Pero ya no. Estoy en las últimas…
   ¡Dios! ¡Voy a morir! ¡Qué absurdo! Yo solo tuve un reventón de la rueda. En esta solitaria carretera no había nadie. Y… no puse el chaleco. El puto camión apareció de la nada. Un tremendo golpe me hizo volar por los aires. Desde arriba vi el blanco e infinito páramo, mi coche, las luces traseras de la máquina mortal… Después, una caída en la nevada cuneta… Y el silencio…
  He perdido la última gota de calor que me quedaba. Luna… Luuuuna… Frío, fri… o…




                                                               16/12/2024, Gijón









14 de diciembre de 2024

Feliz Navidad

 Feliz Navidad





No sé a vosotros, pero a mí me encanta la Navidad.
   En estos días las infinitas guirnaldas hacen que las calles aburridas se desprendan de la monotonía y, al anochecer, se conviertan en reinos encantados, brillando con la mágica luz y colores. Cuando las casas y las ventanas de los edificios participan en un campeonato de luces, sin que parecieran a los clubes de carretera. Y ese “algo” en el aire, que nos predispone a ser más generosos… Con los demás. Con nosotros mismos…
   No me molesta ver los escaparates llenos de decoración y regalos que te invitan a gastar. ¿Por qué no regalar algo que sabes que va a gustar y llevas meses ahorrando para conseguirlo?
   El mes de diciembre, es un no parar. Puentes, viajes, cenas y comidas de las empresas, amigos invisibles no tan invisibles; encuentros con los compañeros y familiares que no vemos durante el año.
   Las Navidades es una estación alegre y, a la vez, nostálgica.
   Con más o menos dinero, con conocimiento de cocina o no, nos sumergimos en las preparaciones culinarias. Muchas veces decimos a sí mismos: «Este año no voy a cocinar. No me meteré en la cocina. Quiero disfrutar de la fiesta». Pero nada más ver el enésimo vídeo de una receta “superespecial, económica y superfácil de hacer”, nos volvemos a caer, cumpliendo las interminables horas en la cocina. Y, con mucho ingenio, montamos un festín, digno de reyes. Las caras felices de los comensales nos confirman que ha merecido la pena.
   Con el paso de los años las sillas en la mesa están quedando vacías. Y esto me provoca tristeza y nostalgia. Pero con la edad empiezo a aceptar esta parte de la vida que nos hace continuar el viaje sin las personas que nos acompañaron desde el primer respiro… Nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos… Ahora nos toca a nosotros — despedir y dar la bienvenida a los nuevos integrantes de la gran familia.
   Agradezco a Dios por cada buena persona que se ha cruzado en el camino de mi vida. Algunas de ellas, ocuparán las sillas vacías… Y, otra vez más, nuestro hogar se llenará de risas y de nuevos recuerdos. Quedará un resquemor y la añoranza por el pasado. Es verdad. Pero, doy las gracias por lo vivido y por la suerte que he tenido de compartir mi camino con los que ya no están…
   Feliz Navidad.




05/12/2024, Gijón

© La Pluma del Este

















4 de diciembre de 2024

Cuando...

Cuando…


Cuando veas mis zapatos viejos,

Solo así imaginarás los caminos tortuosos

Que me ha tocado recorrer.

 

Cuando veas las arrugas de mis ojos,

Comprenderás las lágrimas,

De dicha y dolor, derramadas.

 

Cuando veas mis manos cuarteadas,

Verás los años de trabajo

Arduo y constante para crear mi mundo.

 

Cuando veas mi mirada ausente,

Sabrás que me he perdido

En la memoria y amores, dejados atrás.

 

Cuando me veas caminar encorvado,

Dirás que soy un viejo. Sin embargo,

Es por el peso de mis decisiones y no años.

 

Cuando me veas sonreír, siéntete feliz por mí,

Ya que es la alegría de haber vivido bien

Es la que me ilumina el alma.




                                      04/12/2024, Gijón

  

El amor no retornado

 El amor no retornado

(Romance)

 

Ay, pobre de mí y de mi alma,

Que sufre llena de amor

Por la doncella altanera.

Y afligido por dolor,

Yo vago como un espectro

En un mundo sin color.

Le he cantado mis poemas,

Segado por su esplendor

La adoré como a una virgen

Por su belleza y candor.

Y sangre, la he derramado,

En la hazaña por su amor.

Reté a nobles y vasallos,

Para rendirle mi honor.

Regalos, telas y alhajas,

No han ganado su valor.

Nunca seré digno de ella…

 

Soy, simplemente, un bufón.




                                            04/12/2024, Gijón


20 de noviembre de 2024

No se han ido

 No se han ido




 

El sol matutino se asomó de entre los árboles y se desparramó por el claro. El plácido e invernal sueño se rompió. La batalla de bolas de nieve ha empezado. Decenas de proyectiles, de un lado y de otro, dieron en el blanco…
   Las carcajadas infantiles llenaron el silencioso parque con alegría y gozo. Algún bromista sacudió las ramas bajas y la lluvia nevada cubrió por completo a los pequeños traviesos. El jolgorio, acompañado de bolas voladoras de nieve, asustó a los indignados pájaros. Los niños corrieron hacia los columpios.
   —¡Quién llega el primero, puede montar el columpio dos veces! ¡Nico, sígueme!
   —¡No es justo! Yo tengo los pies pequeños y Sergey y Nico, siempre llegan primeros… No es justo… No voy.
   —Katia, no les hagas caso. Ya sabes cómo son. Te toman el pelo. Además, ellos no son tan malos. Son solo… chicos. Y te quieren. Dame la mano; verás qué rápido llegamos. —Las dos chicas, corrieron alborozadas cuando sus amigos ya montaban en el columpio. Y para resarcirse, las niñas empezaron a lanzarles las bolas de nieve.
   El jolgorio se interrumpió cuando por el recodo del camino aparecieron una mujer con una niña de unos cinco-seis años. Se dirigieron hacia el parque. Los chicos, sorprendidos por la inesperable compañía, han huido, dejando los columpios oscilando en vacío.
   —¡Mamaaaa! ¿Por qué los niños se fueron? Yo quiero jugar con ellos. ¿Por qué ellos no quieren jugar conmigo?
   —¿Qué niños, cielo? Ahí no hay nadie. Solo estamos tú y yo.
   —¡Sí que estaban! Dos chicos grandes, una chica grande y una como yo. Se han ido por ahí…
   —Cariño, aquí no había nadie. Ven al columpio. Te empujaré lo más fuerte que pueda. Hasta el mismísimo cielo.
   Cuando se acercaron, los delicados copos de la nieve ya empezaban a cubrir las múltiples huellas de pequeños pies, que se alejaban hacia la espesura del parque… Ahí es donde había un orfanato… Antes de la guerra.
   —¡Mamá! ¡Te lo dije! Yo vi a unos niños. Quiero jugar con ellos. Vamos a buscarlos.
   —No, cielo. Ahora tenemos que irnos. Empieza a nevar. Vendremos el otro día. —La madre, con un gesto disimulado, secó una lágrima y cogió a su hija en brazos. Los rumores eran ciertos. Los niños no se habían ido…




20/11/2024, Gijón