Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

29 de enero de 2024

En rojo

 En rojo



Llevo media hora delante del armario abierto. ¿Qué ponerme? ¿Una falda y una blusa a juego? ¿Este vestido de chiffon que me envuelve como pétalos de rosas? ¿O el pantalón con la camiseta que resaltan mi figura?
   Cada día es más difícil la elección. Total, ¿para qué? Estoy agobiada… Me siento tan exhausta. Suena egoísta. Cualquiera puede decir que no soy la única que pasa por esto. No puedo hablar por los demás. Sé lo que padezco yo… Es como vivir en el limbo, rememorando los momentos del pasado y agarrándose a los hilos que los unen al de ahora. Sin éxito.
   Intento sacar fuerzas para reponerme y fijar una sonrisa en mi cara, marcada con finas arrugas, unas por la edad y otras por lo que me tocó vivir. El amor que siento y que he recibido me empuja adelante, pero tengo momentos de debilidad y siento lástima de mí.
   «¡Basta! ¡Enderézate! ¡Vístete y sal! Vete a verlo, ya es la hora. Seguro que estará como un tigre enjaulado, marcando los pasos, inquieto y gritando a las cuidadoras».
   Las tardes largas son especialmente difíciles. Y yo no quiero que esté atontado con pastillas. Un instante de reconocimiento en sus bellos ojos y yo estaré feliz. Seguiré con nuestra rutina hasta el final…
   Y sonará el “Vals N.2” de Shostakovich, al que bailaremos abrazados como aquel día, cuando nos conocimos. Los cinco maravillosos minutos hasta que él de nuevo volverá a vagar por el laberinto oscuro de su memoria… Y yo me vestiré de rojo, el único color que lo hará regresar a mí…




 © La Pluma del Este


22 de enero de 2024

SUCESOS: "El afortunado"



SUCESOS

Encontrado el cuerpo sin vida de un hombre

La Pluma del Este

 

 

Ayer, 22/01/2024, a las 10.35 de la mañana, un paseante de perros encontró el cuerpo sin vida de un hombre en la playa de San Lorenzo.

A.G.G. declaró que al principio pensó que era una alfombra enrollada, pero al acercarse vio que era un hombre vestido con un traje y gabardina.

Las autoridades no quieren especular, sin embargo, las fuentes cercanas hablan de un posible suicidio. El comisario Benítez no lo ha confirmado, pero tampoco lo ha desmentido.

Al finalizar su rueda de prensa, la policía ha pedido la colaboración ciudadana para poder identificar el cuerpo del desconocido. Para aportar la información sobre el caso, contactar por tel. 999 999 999.

Descripción del fallecido:

Varón de unos 50-52 años. Alto, de complexión mediana. Calvo. Vestido con el traje color azul marino y la gabardina gris. En el bolsillo interior de la misma se encontró una nota:

“Después de veinte años jugando los mismos números, este sábado, por fin, me ha tocado el Gordo. Con tanta suerte que mi mujer ha lavado mis pantalones sin mirar en los bolsillos.

Esto no es vida…”

Seguiremos informando.





                                                                                             22/01/2024








 

19 de enero de 2024

El accidente

 El accidente



La cada vez más grande mancha roja se expandía por el suelo, llegando a la nueva alfombra beige… Las caras de los presentes estaban congeladas por el susto y sin saber qué hacer. Él solo podía pensar en los noventa y cinco euros que le ha costado la puñetera botella de vino.



                                                         19/01/2024, Gijón

 

20 de diciembre de 2023

El grupo de apoyo

                       El grupo de apoyo




 

   —Hola a todos. Espero que hayáis pasado un buen fin de semana. Veo que tenemos caras nuevas. ¿Alguien quiere empezar? Tú. Sí. ¿Te apetece presentarte y compartir con nosotros por qué estás aquí? No seas tímida. Adelante.
   —¡Ejem, ejem!… Ho…, hola a todos. Me llamo Alida.
   —¡¡¡Hola, Álida!!! —el grupo al unísono.
   —Gracias. Ssois muy amables. Ejem… Hace casi cinco años me he casado con un rey. Aunque parezca mentira, por amor. Me enamoré como loca de ese hombre.
   —¡Ji, ji, ji …!
   —¡Ejem! … Me han llamado de todo a mis espaldas. Pero no les guardo rencor. Cuando el rey se me declaró y pidió la mano, yo acepté encantada. Sabía que era viudo y que tenía una hijita del matrimonio anterior. No me importó, sino todo lo contrario: deseaba ser una buena madre para aquella niña. —Con la mano temblorosa, Alida cogió el vaso y bebió un poco de agua—.  Ahí es donde me equivoqué y me arrepiento de haber aceptado la proposición.
» Ya antes de la boda, Blancanieves, así se llama aquel demonio con cara de ángel, me quemó el velo “sin querer”. Era con el que se casaron mi madre y mi abuela. Llevaba en nuestra familia varias generaciones. Se lo hice saber a mi novio y él dijo que lo dejara pasar, que no era nada, que me compraría otro, más bonito y mucho más caro. Y su hija, abrazada a él, haciéndose la inocente, me miraba con los ojos llenos de odio.
» La luna de miel era maravillosa. Pero a la vuelta, empezó mi calvario… Yo, una extranjera en la corte, estaba comparada continuamente con la reina anterior. Que ella hacía las cosas de otra manera, que ella sabía de cocina, que cantaba como un ruiseñor, que era mejor que yo en todo… Blancanieves hacía travesuras y cuando yo la reñía e intentaba explicarle que una chica educada no escupe al suelo, no pega a los demás ni tira las cosas para que las criadas las recojan, ella se quejaba a su padre. —Glú, glú, glú… Ejem… —Empezamos a distanciarnos y a discutir por la niña. La pasión y el detallismo de mi marido dio paso a un frío trato de dos desconocidos bajo el mismo techo. Me he convertido en una paria. Si no fuera por el espejo mágico con el que podía hablar y llorar, me volvería loca. Y hace una semana Blancanieves ha huido. El rey, lleno de dolor y rabia, me culpó a mí en todo. Ha roto mi espejo. Estoy desesperada. Me he ido del castillo. Y creo que le voy a pedir el divorcio…
   —¡¡Plas, plas, plas!!
   —Muy bien, Álida. Eres muy valiente. Te apoyamos todos. Después te daré el contacto de un grupo de amigos que ayudan en estos casos. Todo saldrá bien. ¿Quién es la siguiente?
   —Ho… hola… Hola a todos. Soy Priscila.
   —¡¡¡Hola, Priscila!!!
  —Soy viuda con dos hijas y una hijastra. Mis hijas no son malas chicas, solo que su padre, mi primer marido, les pegaba a ellas y a mí cuando llegaba borracho a casa. Hasta que un día se mató, al caer del caballo. Y que Dios me perdone, me alegré por ello…
»Conocí a mi segundo marido cuando este paraba en nuestra posada. Era un hombre muy amable y agradable, también viudo. Después del luto prudencial, nos casamos. Él necesitaba a una madre para su hija y yo, a un buen padre para las mías. A principio todo iba bien. Vivimos muy felices. Las chicas eran hermanas entre sí. Hasta que, en invierno pasado, justo antes de la Navidad, mi marido se fue en busca de regalos y de uno en especial para su hija: los zapatos de cristal de roca tallados a mano. Cenicienta estaba encaprichada con ellos. Yo intentaba explicarle que eran muy raros y, seguro, carísimos, y que su padre ya no era joven para ir de viaje en pleno invierno. Pero la muchacha lo engatusó.  Mi queridísimo esposo consiguió los zapatos de cristal. Los trajo de las montañas lejanas del Reino de los Trolls. Volvió a casa justo en Nochebuena. A la mañana siguiente ya no se levantó. Tuvo muchísima fiebre. Con el temporal de ventisca, el médico no pudo llegar. Y a la noche siguiente, murió… Después del funeral, Cenicienta nos echó de casa. Hemos vuelto a la posada. Me siento rota por dentro y muy muy triste, por mí y por mis hijas. Cada día ruego a Dios que se apiade de aquella muchacha arisca y egoísta. Les agradezco por darme esta oportunidad. Necesitaba hablar con alguien. Muchas gracias a todos por escucharme. Si necesitáis un techo y un trabajo honrado, os ofrezco mi humilde posada.
   —¡¡¡Plas, plas, plas, plas…!!!
   —¡Muy bien, Priscila! ¡Qué alegría tenerte entre nosotros! Muchas gracias por tu ofrecimiento; lo tendremos en cuenta. ¿Quién es la siguiente? ¿Alguien más?
   —Ssssi…, sí, ssssoy, yo. Buenas tardes. Ejem… Me llamo Freda.
   —¡¡¡Hola, Freda!!!
   —Yo también me casé con un viudo con hijos. Y también intenté encajar en aquella familia y ser una madre para Hansel y Gretel. Soy muy buena cocinera, así que les preparaba todo tipo de dulces y pasteles, para agradar y llegar a sus corazones. Eran niños traviesos y no muy obedientes. Su padre trabajaba fuera. Era afilador y viajaba de un pueblo a otro. Ejem… Muchas veces estaba ausente varios días. Yo tenía que encargarme de los niños, el huerto, los animales y de la casa. Por más que les pedía ayuda a mis hijastros, estos se escabullían al bosque para no hacer nada. Solamente les importaba jugar. ¡Ejem! … Un poco de agua, por favor… Gracias… —Glú, glú… —Algunas veces desaparecían el día entero. Me daba mucho miedo que les pasara algo. Yo era responsable de ellos mientras su padre no estaba. Ejem, ejem…
» Hace ya un mes de aquello. Mi marido se fue a una ciudad más lejana que de costumbre. Nos besamos. Nos despedimos. Él abrazó a sus hijos y les ordenó que me ayudasen e hicieran caso. Hansel le dio su palabra de que sería el hombre de la casa. Gretel, como de costumbre, le regaló una adorable sonrisa a su padre.
» Yo me puse con los quehaceres y, como los niños rondaban cerca, me fui al huerto. Tardé ahí un par de horas. Volví a casa para preparar el almuerzo. Llamé a los niños. No vinieron… ¡Ejem, ejem…! Salí del cercado y entré en el bosque. Los volví a llamar. Nada. Grité y grité… Pero ni rastro de ellos. Dios, ¿dónde podrían estar? Me adentré más. Me daba muchísimo miedo. Todavía tiemblo de recordar aquello. ¡Ejem, ejem…! —Glú, glú, glú…— Lo siento, ¿por dónde iba? Ah, el bosque.
» Ya anochecía cuando en el suelo vi unas piedrecitas blancas.  Se adentraban al interior, a lo más profundo de la espesura. No me quedaba otra que seguirlas pensando que era algún tipo de broma de los niños. Me he quedado afónica de gritar tanto. Pero el bosque solo me devolvía mi propio eco. Dios, cómo lloraba por los pobres Hansel y Gretel. También me moría de miedo por lo que iba a decir a mi marido. Y así estaba yo, metiéndome más y más adentro, guiándome por las piedritas. Y, de repente, vi una luz. Casi corriendo llegué a un claro donde estaba una pequeña casa. Era de lo más extraño. No sabía que alguien podría vivir ahí. Lejos de todo. Entré. No había nadie. Solo una vela encendida en la polvorienta mesa… Las telarañas y el olor a rancio y cerrado me dijeron que hacía mucho que nadie la habitaba. De repente, la puerta se cerró de golpe… ¡Ejem, ejem, ejem…! Después, los postigos de las dos únicas ventanas. Me quedé solo en compañía de la velita. Empecé a dar las patadas a la puerta y gritar. Me entró pánico. Y lo que oí al otro lado me puso el pelo de punta: las voces infantiles seguidas de las carcajadas de Hansel y Gretel. Todo era una broma. Me querían ahí, sola y encerrada. A su merced.
» Yo les pedí, les supliqué, les rogué que me dejaran salir. Nada. Prometieron contar a su padre que yo los había abandonado y que me he ido con otro y se han marchado, dejándome ahí.
» Estuve encerrada en aquella casucha una eternidad. Por lo menos es lo que me pareció. Sin agua, sin comida. En plena oscuridad. Me rescataron de milagro unos leñadores. No conté a nadie lo que había pasado. Sois los primeros en oír mi historia. No tengo fuerzas para enfrentarme a los niños tan desalmados. Pero, quién sabe. Quizás algún día lo haré. Muchas gracias a todos por tener la paciencia de oírme.
   —¡Tremenda historia, la tuya, Priscila! ¿Puedo abrazarte? Eres una superviviente. Seguro que entre todos te podemos ayudar y apoyarte. Aplaudamos a esta valiente mujer.
   —¡¡¡Plas, plas, plas…!!!
  —Bueno, ¿alguien más? Nos queda todavía un cuarto de hora. Ah, vaya, ¡qué sorpresa! Pasa, pasa, no seas tímido. Aquí no mordemos a nadie. Preséntate, por favor.
   —Hola a todos…
   —¡¡Ejem…, ejem …, ejem …!!
  —¡Por favor! Dejemos que hable. No te preocupes. Sigue, por favor.
   —Hola, soy Lobo …




                                                                                        06/12/2023, Gijón