29 de enero de 2024

ROJO

 

Llevo media hora delante del armario abierto. ¿Qué ponerme? ¿Una falda y una blusa a juego? ¿Este vestido de chiffon que me envuelve como pétalos de rosas? ¿O el pantalón con la camiseta que resaltan mi figura?
   Cada día es más difícil la elección. Total, ¿para qué? Estoy agobiada… Me siento tan exhausta. Suena egoísta. Cualquiera puede decir que no soy la única que pasa por esto. No puedo hablar por los demás. Sé lo que padezco yo… Es como vivir en el limbo, rememorando los momentos del pasado y agarrándose a los hilos que los unen al de ahora. Sin éxito.
   Intento sacar fuerzas para reponerme y fijar una sonrisa en mi cara, marcada con finas arrugas, unas por la edad y otras, por lo que me tocó a vivir. El amor que siento y que he recibido me empuja adelante, pero tengo momentos de debilidad y siento lástima de mí.
   «¡Basta! ¡Enderézate! ¡Vístete y sal! Vete a verlo, ya es la hora. Seguro que estará como un tigre enjaulado, marcando los pasos, inquieto y gritando a las cuidadoras».
   Las tardes largas son especialmente difíciles. Y yo no quiero que esté atontado con pastillas. Un instante de reconocimiento en sus bellos ojos y yo estaré feliz. Seguiré con nuestra rutina hasta el final…
   Y sonará el “Vals N.2” de Shostakovich al que bailaremos abrazados como aquel día, cuando nos conocimos. Los cinco maravillosos minutos hasta que él de nuevo volverá a vagar por el laberinto oscuro de su memoria… Y yo me vestiré de rojo, el único color que lo hará regresar a mí…




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