Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

17 de julio de 2025

La entrevista

La entrevista 



        —Pase, por favor. Siéntase tranquila… Ya hemos leído su currículo, pero nos interesan los matices de su personalidad. Háblenos sobre usted. Sin prisa… Queremos conocerla.     
        —Vale, lo intentaré, pero ruego que comprendan que no es habitual para mí hacer esta especie de autorretrato.
» Como ya sabéis, nací en Ucrania cuando todavía era una parte de la URSS y me he formado ahí. Mi padre murió…  Lo mataron cuando yo tenía veinticuatro años; me tocó cuidar de mi familia. Ha sido muy difícil. Tuve que encargarme de todo. Esto me hizo sentir útil y valorada. Si bien, de vez en cuando, necesitaba un distanciamiento de todo…
» Soy exigente. A veces, maniática. Me gustan las cosas bien hechas. Mi papá me decía: “Hija, todo lo que hagas, hazlo de la mejor manera posible”. Hasta el día de hoy lo cumplo a rajatabla. Sigo el orden y la lógica, pero me esfuerzo por no llevarlos hasta los extremos. Vivir en Cuba y en España me ha “latinizado” un poco. ¿O será la edad que me ha vuelto más flexible?…
» Hace tres años descubrí la escritura creativa. Me vino bien para ordenar mi mente y dar una salida a mi imaginación. Me fascina la novela negra y el thriller policiaco… Puede que demasiado… En muchos de mis relatos muere alguien. Y me surgen las dudas: ¿sería capaz de matar?… Perdone por mi sinceridad… ¡Pero si yo hasta quito los caracoles del camino para que nadie los pise! Muchos perros de la zona me conocen. (Los cabroncetes saben que llevo las chuches en el bolso.) Mis peludos me adoran. Y lloro con las películas tristes. Jamás haría daño a nadie a propósito. Nunca. Esto sí, si me tocan a los míos, a mi familia, no respondo por mí… Lo siento… Creo que seguiré asesinando en mis escritos. Para desahogarme…
» Soy muy sensible… Y romántica…  Me encantan las flores. Mi favorita es el Clavel Turco. Es resistente y se adapta a cualquier terreno. Tiene unas florecitas aterciopeladas entre un marrón chocolate y el amarillo canario. Y con un olor fuerte y, a la vez, delicado. Cada vez que puedo, voy al pueblo a enterrarme en el jardín mondando, plantando y replantando. Hasta tengo un enorme arbusto de la uva crispa. Es muy típica de mi país, Ucrania. Para comer es algo ácida, pero para una mermelada, es perfecta…
» Me gusta muchísimo cocinar. Y mucho más, dar de comer. Si tuviera una casa grande y el dinero, haría fiestas cada mes. Invitaría a mis amigos y a algún que otro vecino. Es muy entretenido observar cuando las personas de diferentes círculos de interés y que no se conocen, al final de la velada, llegan a tener más en común de lo que pensaban. Conocer a gente nueva es muy enriquecedor… Ah, me inscribí en un curso de escritura. Ahí me encontré a cinco personas que me despiertan mucha curiosidad. Tengo ganas de saber más de ellos. O, por lo menos, lo que ellos querrán enseñar de sí mismos…
» Adoro hacer los regalos. Los detalles pequeños, sin importancia, pero como un símbolo de atención. Cuando veo alguna cosita que me gusta, a la mente me viene la persona adecuada para ella…
» Vivo en España desde hace casi treinta años y antes, cinco en Cuba, y todavía no llevo lo de dar dos besos para saludar. Los que me conocen saben cómo soy. Prefiero un apretón de manos. Sincero. Formal. Por el tacto y la manera de dar la mano se puede sentir cómo es el otro. Hay manos como si estuvieran muertas, flojas, frías y húmedas… Para mí, son personas que evitar.
» Perdón, señor, me he ido por las ramas… Uff, es difícil… Creo que lo que estoy contando no tiene sentido… ¿Sigo?… Vale… Mmmmm… Me gusta leer. Pero debería leer más. Tengo unos cincuenta libros nuevos sin abrir. Antes era compradora compulsiva. En un almacén guardo cajas y cajas de libros porque no tengo suficiente sitio en casa.  Libros… Quiero escribir uno. Aunque sea chiquirritico… Para cuando yo ya no esté en este mundo, alguien lo lea y se acuerde de mí…
» Por favor, tengo la garganta seca. ¿Me podría dar un poco de agua?… Gracias. Todo esto me pone nerviosa. Ah, soy puntual. Casi siempre. No me importa trabajar más, si se requiere.
        —Muy bien, señora. Ya tenemos una idea sobre su perfil y creemos que encaja perfectamente en nuestra empresa. Un par de preguntas más y terminamos. ¿Está usted dispuesta a viajar acompañando a nuestros huéspedes? Imagino que sabe conducir. ¿Tiene el carné?
        —Sí. De hecho, lo saqué a la primera. Pero lo de conducir lo tengo medio apartado. Cada vez que cojo el volante, pienso que voy a matar a alguien… Pero en el anuncio no decía que tenía que conducir. Viajar, sí, no me importaría.
        —Bien. Y una última pregunta. En el dosier que nos pasó un colaborador pone que en su juventud tuvo la preparación militar que incluía armas. Exactamente, AK-47. Lanzamiento de granada. Supervivencia. Lucha cuerpo a cuerpo. Participación activa en los juegos de guerra. ¿Es cierta esta información?
        —Bah… Esto fue hace tantísimo tiempo que ya ni me acuerdo. Pero si el puesto lo requiere, tendré que ponerme al día. Aunque es del todo sorprendente. Una ya no tiene edad para estas cosas. Ahora yo funciono más con la cabeza. Decía mi padre, que era un hombre muy sabio, que la mejor manera de ganar una pelea es evitarla. Huyendo, claro… Señores, he de reconocer que esta entrevista me tiene muy confundida. No… No estoy segura de si todo esto es necesario para trabajar en una residencia de ancianos.
        —No es una residencia corriente, señora, ni los ancianos son los normales. De hecho, todos son los ex activos de las FSE. Empieza mañana. 


 

 17/072025, Gijón

© La Pluma del Este


11 de julio de 2025

No tengas tanta prisa

 

No tengas tanta prisa




 
—Bueno… ¿Te vas a tirar de una vez? ¿O no? Este es el cuarto tren que pasa y aquí seguimos como dos pasmarotes. ¿Sabes que por tu culpa tengo mucho trabajo atrasado? Te lo cuento. Veamos. Tengo acumulados unos cientos de accidentes de coche; un naufragio, un par de guerras sin sentido, a los de hospitales; y de las residencias de mayores, ni te cuento… Fiuuuuu… Un montonazo de curro. En resumen, un sinfín de encargos por hacer y heme aquí contigo, contando los trenes. Soy Muerte, ¿lo sabes? ¿Y a qué me dedico? Pues eso. No puedo perder mi tiempo con uno que no se atreve a saltar el puente. ¡Dios! ¡Qué castigo! Miren como se agarra a la barandilla. Hasta parece que sus dedos son una parte de ella… ¡Venga! Hasta el próximo tren quedan menos de diez minutos. Así que cuéntame, ¿por qué quieres morir? ¿Sabes que no es tu momento? En mi lista tú dejas este mundo con noventa y siete años y durmiendo plácidamente. Ni te enteras. Y, por supuesto, rodeado de un montón de hijos y nietos y hasta un bisnieto. ¡Caramba! Una bonita vida, sí, señor. Que no te miento…. Te lo juro por mi guadaña. ¿Cuántos tienes ahora? ¿Treinta? ¿Treinta y cinco? Ah, ya lo sabía. Te estoy tomando el pelo. ¡Venga! Ahora en serio, ¿por qué te quieres morir tan pronto?… Otro tren que se va. Bueno, me alegro de haber charlado contigo. Adiós. Nos vemos dentro de sesenta y dos años.


 




 

                                             11/07/2025, Gijón

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4 de julio de 2025

Las traviesas

Las traviesas 



 

 Carmen y Elvira, con sus ochenta años bien llevados, tenían un pacto inquebrantable: mientras sus cabezas funcionen y el cuerpo lo permita, jamás envejecer del alma.
   Cada jueves se escapaban del geriátrico disfrazadas de turistas extranjeras («los guiris pasan desapercibidos», decía Elvira), solo para comer unos churros con chocolate y después, ir al bingo y pedir los chupitos de whisky en tazas de té.
  —¿Y si nos pillan? —preguntaba Carmen, con una risa traviesa que hacía saltar su dentadura postiza.
  —Nos hacemos las sordas o mudas. Y las locas, si hace falta. —Le contestaba Elvira, limpiando las gafas empañadas con el dobladillo de su falda plisada amarilla.
  Una vez cantaron el bingo. Con el premio compraron un loro que decía groserías en ruso. Lo llamaron Rasputín. Desde entonces, nadie se aburre en la residencia, ya que hasta los familiares y las visitas se empeñan en enseñarle a decir los tacos en español.

        



 

                                                                                     03/07/2025, Gijón

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1 de julio de 2025

No mires atrás

No mires atrás




Me dijo que no mirara atrás…
   Y le hice caso. Agarré a nuestro hijo; lo apreté fuertemente contra mi pecho y empecé a arrastrarme por el pasillo. En la calle y delante de nuestra casa se oían las voces de los enemigos: gritos de nuestros vecinos, chillidos de los perros y continuos disparos de los Kaláshnikov. Los asesinos estaban a punto de entrar.
   «Salva a nuestro hijo, corre…», me dijo. «Te amo, los amo a los dos… Marchaos…».
     Antes de salir por la puerta trasera que daba al bosque, me giré… Lo vi… Estaba de pie con una mano agarrándose a su abdomen. La camisa nívea, teñida de un rojo intenso, no absorbía la sangre y esta corría como un río… En la otra mano tenía una granada.
   La puerta de la entrada se abrió… Oí hombres gritando… Él, como si supiera que lo estaba mirando, se giró… Y me sonrió. Con sus perfectos dientes blancos agarraba la anilla…
   Corrí como nunca… La onda explosiva nos alcanzó cuando llegamos a los primeros árboles… Nuestro hijo, con los ojos muy abiertos, no se quejó, no lloró. Él solo miraba detrás de mí y en sus pupilas se reflejaba el fuego que devoraba nuestro hogar, nuestras vidas, nuestros sueños…
  Me dijo que no mirara atrás… Sin embargo, no dejo de hacerlo, buscándome a mí misma, la que se quedó junto a él.
                                      




                                                                                 01/07/2025, Gijón

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