Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

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3 de enero de 2025

Nocturnidades recurrentes

Nocturnidades recurrentes


Me desperté con una extraña sensación de que algo horrible iba a suceder.
   Encendí la lámpara de la mesita. Las agujas del reloj estaban a punto de reunirse en las doce. Salí de mi cama caliente al frescor del dormitorio. Los rescoldos de la chimenea apenas podían con el frío invernal que exudaban las paredes de piedra. Me arrebujé en la colcha, metí los pies en las heladas zapatillas y me acerqué a la ventana…
   El pueblo, cubierto por la espesa niebla y el humo de hogares, dormía con un profundo e invernal sueño. Ni los perros ladraban. Sin un ser vivo en las calles, los canes se refugiaban en sus casetas. Hacía demasiado frío para cumplir con su cometido.
   La luna, oculta detrás de las nubes, intentaba zafarse de su prisión.    La farola cerca de mi casa iluminaba a los delicados copos de la nieve que jugaban a perseguirse, creando pequeños remolinos blancos. Era la noche típica de un invierno cualquiera.
   Ya me iba de vuelta al acogedor capullo de mi cama cuando vi a un hombre surgir de la niebla. Iba encorvado, con pasos lentos y hundiéndose en la nieve. ¿Pero qué hacía ahí, fuera, a estas horas y precisamente en esta noche? No podría ser un vecino del pueblo, ya que todos estábamos seguros en nuestras casas y jamás nos atreveríamos a salir. Tendría que ser un forastero. Pobre ignorante. Estuve a punto de llamarlo, pero ha vuelto a desaparecer en la niebla. Como un fantasma. Eso es. No había nadie fuera y era la imaginación de mi cerebro medio dormido.
   Continué con mi retirada cuando un grito desgarrador me dejó clavado en el sitio… Otro más… Y un fuerte aullido.
   Una detrás de otra, las oscuras ventanas de mi calle se iluminaron con las tímidas luces. Algunas se abrieron. Unas cuantas cabezas se asomaron hacia la oscuridad. Yo, también… Nadie decía nada… Vi a santiguarse a doña Manuela desde su pequeña ventana. El cartero, don Francisco, secundó su gesto y cerró la suya.
   Parecía que todos estábamos esperando al final del desenlace. Los gritos se repitieron una y otra vez… Y gruñidos, mezclados con los ruidos de lucha a vida o muerte, entre la espesa niebla. Con otro aullido vino el silencio.
   El viento disipó las nubes y la brillante luna llena se hizo presente. La niebla se replegó cual cortina de un escenario y pudimos ver el horripilante espectáculo de la inmaculada nieve teñida de un rojo intenso como la sangre. De hecho, era la sangre. Esparcida por la calle principal de nuestro pueblo. Y algún que otro bulto oscuro. Es todo lo que había quedado del pobre forastero que se atrevió a salir en esta diabólica noche.
    Las cabezas de los vecinos desaparecieron, las ventanas se cerraron… Seguro que con los pestillos extra. Nunca se sabe… Igual se ha quedado con hambre.
   Y, por la mañana, la mayoría iremos al otro pueblo a por el pan fresco. El panadero tardará un par de días en volver a ser el mismo. Pobre hombre, quedará destrozado cuando su mujer le cuente lo de esta noche. Pero no es culpa de él. Ella tenía que haberlo encerrado mucho mejor. Les dije que mi presupuesto de la puerta blindada del sótano era muy razonable. Ahora, lo pagarán con más ganas. Ya miraré si les pongo un plus de inmediatez.
   Me voy a la cama. Mañana será un día muuuuy largo…





02/01/2025, Gijón

© La Pluma del Este

 

 

16 de diciembre de 2024

Frío

 Frío



Frío…
Siento mucho frío…
   La despiadada gelidez clava sus garras y me come … Mordisco a mordisco. Trozo a trozo. Con mucho esfuerzo, enfoco mi mirada en la luna: llena, redonda, impasible. Su perfecta luz no desprende calor. También es fría. Muy, muy fría.
   La luna es el testigo mudo. Es como si me observara desde su infinita distancia. Ella lo ve todo, lo contempla, no toma partido por nadie. Ella es el ojo fijo del universo. Con su luz blanca ilumina lo justo para que uno sepa donde está y en qué situación. Sería mejor que las nubes no se hubieran movido. Así yo seguiría en las penumbras. Solo. Desvaneciéndome. Como si no existiera…
   Debo moverme. Los pensamientos cortocircuitados, como flashes, me impelan a luchar. ¡Muévete! ¡Levántate! ¡Arrástrate! Poco a poco. Para que te vean, si hay suerte. ¿Y el dolor? ¿Qué hago con tanto dolor que me tiene clavado en esta congelada zanja? No puedo. Estoy cansado… De todo… De luchar. De sufrir. De vivir.
   Quiero gritar… Pero mis labios están pegados con la sangre helada. Hace un rato lloré. Las lágrimas congeladas me han roto la piel. Sentí el dolor. Pero ya no. Estoy en las últimas…
   ¡Dios! ¡Voy a morir! ¡Qué absurdo! Yo solo tuve un reventón de la rueda. En esta solitaria carretera no había nadie. Y… no puse el chaleco. El puto camión apareció de la nada. Un tremendo golpe me hizo volar por los aires. Desde arriba vi el blanco e infinito páramo, mi coche, las luces traseras de la máquina mortal… Después, una caída en la nevada cuneta… Y el silencio…
  He perdido la última gota de calor que me quedaba. Luna… Luuuuna… Frío, fri… o…




                                                               16/12/2024, Gijón









14 de diciembre de 2024

Feliz Navidad

 Feliz Navidad





No sé a vosotros, pero a mí me encanta la Navidad.
   En estos días las infinitas guirnaldas hacen que las calles aburridas se desprendan de la monotonía y, al anochecer, se conviertan en reinos encantados, brillando con la mágica luz y colores. Cuando las casas y las ventanas de los edificios participan en un campeonato de luces, sin que parecieran a los clubes de carretera. Y ese “algo” en el aire, que nos predispone a ser más generosos… Con los demás. Con nosotros mismos…
   No me molesta ver los escaparates llenos de decoración y regalos que te invitan a gastar. ¿Por qué no regalar algo que sabes que va a gustar y llevas meses ahorrando para conseguirlo?
   El mes de diciembre, es un no parar. Puentes, viajes, cenas y comidas de las empresas, amigos invisibles no tan invisibles; encuentros con los compañeros y familiares que no vemos durante el año.
   Las Navidades es una estación alegre y, a la vez, nostálgica.
   Con más o menos dinero, con conocimiento de cocina o no, nos sumergimos en las preparaciones culinarias. Muchas veces decimos a sí mismos: «Este año no voy a cocinar. No me meteré en la cocina. Quiero disfrutar de la fiesta». Pero nada más ver el enésimo vídeo de una receta “superespecial, económica y superfácil de hacer”, nos volvemos a caer, cumpliendo las interminables horas en la cocina. Y, con mucho ingenio, montamos un festín, digno de reyes. Las caras felices de los comensales nos confirman que ha merecido la pena.
   Con el paso de los años las sillas en la mesa están quedando vacías. Y esto me provoca tristeza y nostalgia. Pero con la edad empiezo a aceptar esta parte de la vida que nos hace continuar el viaje sin las personas que nos acompañaron desde el primer respiro… Nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos… Ahora nos toca a nosotros — despedir y dar la bienvenida a los nuevos integrantes de la gran familia.
   Agradezco a Dios por cada buena persona que se ha cruzado en el camino de mi vida. Algunas de ellas, ocuparán las sillas vacías… Y, otra vez más, nuestro hogar se llenará de risas y de nuevos recuerdos. Quedará un resquemor y la añoranza por el pasado. Es verdad. Pero, doy las gracias por lo vivido y por la suerte que he tenido de compartir mi camino con los que ya no están…
   Feliz Navidad.




05/12/2024, Gijón

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