Bienvenido a La Pluma del Este

Relatos de misterio, amor, memoria y sombras del alma humana.

Historias donde conviven el noir, lo gótico y la emoción.

Pasa y lee. Siempre hay un nuevo relato esperando.

12 de septiembre de 2023

La bendición caída del cielo

   La bendición caída del cielo






El valle y su pueblo, sedientos y con el verdor quemado, llevan semanas esperando por las preciosas gotas de la lluvia. Las hojas enroscadas de eucaliptos y los matorrales entre sus troncos podrían prenderse con una mínima chispa de algún desaprensivo amante de fuego. Los vecinos bajo el sol inmisericorde, en cuadrillas, trabajando a destajo, limpian los cortafuegos. Todo es poco para prevenir el desastre.
Los pájaros, cansados y perezosos por el calor, dejan sus trinos para el anochecer. Las vacas ya no se ven desperdigadas por los prados. Buscando la sombra, los rumiantes se esconden bajo las ramas protectoras de los árboles. A las tres de la tarde un silencio espeso cubre el valle y los montes alrededor. El calor es insoportable. Los paisanos del pueblo dicen que es para la lluvia. Ojalá.
   Pero los viejos no se equivocaron.
   Detrás del pico más alto han aparecido las nubes de gris plomizo con toques violeta. Y con ellos, los truenos. Su sonido es ensordecedor. Todo tiembla. Da miedo. El can de los vecinos se escondió en nuestra casa. Pobrecito. Y mira que es un perro de pueblo. ¿No se supone que ellos están acostumbrados a todo? Los nuestros, que vienen de la ciudad, pasan de este ruido y duermen a pata suelta. Son unos afortunados.
   Y con los truenos llegaron los rayos que partieron cielo en trozos irregulares. El fuerte viento trajo el olor a lluvia. La bendita lluvia.
  Las primeras gotas dejaron las manchas en la tierra seca. Una detrás de otra, y así, poco a poco, el suelo amarillento, oscureció, tomando el color de chocolate con leche.
   Al caer la noche, el temporal se hizo más fuerte: truenos, relámpagos, el vendaval y agua, a raudales. Ha sido imposible dormir con toda esta fanfarria de la naturaleza.
   Cuando llegó la mañana, los tímidos rayos de sol atravesaron las nubes. Su brillo se reflejó en las gotas de agua, dejando la alfombra de yerba, llena de brillantes gemas. Parece increíble, pero solo en una noche, la flora ha despertado más verde que en los últimos tres meses. Es sorprendente ver de cómo la tierra aprovecha cada oportunidad para volver a ser exuberante y llena de vida.
   Y, mirando un poco más allá, al fondo del valle, se ve la niebla hecha jirones, suspendida por encima de los tejados de las casas. Los montes, de un verde oscuro, más cercanos, y en gris y marrón apagado, más lejanos, rodean el valle como los guardianes de aquel secreto despertar…





                                                                                                                     09/09/2023, Trabada, Lugo

 
   

8 de septiembre de 2023

Bailar contigo


Bailar contigo





   Los acordes inconfundibles de tango, el olor a puros y café, el murmullo de conversaciones, alguna que otra risa, acompañada del tintineo de copas, son típicos del Tortoni. La créme de la créme de la sociedad intelectual argentina se reúne aquí. No es raro ver a Alfonsina Storni, rodeada de jóvenes postulantes a escritor, o a Jorge Borges, leyendo sus cuentos. El mismísimo Carlos Gardel es un cliente asiduo. Y otros tantos que se dedican al oficio literario. Pero yo no vengo aquí por eso. No. Solo quiero ver bailar a Ella.
   Son casi las once de la noche y su pase está a punto de empezar.
   Como una diosa surge detrás de las cortinas de terciopelo. Su pelo azabache brilla sobre el rojo de su vestido. Las piernas torneadas, envueltas en medias negras, calzan unos zapatos de tacón. Un chal con flecos rodea sus hombros y acaricia las caderas. La boca roja con media sonrisa pide ser besada, pero los ojos negros, matarían a uno si se atreviera a hacerlo.
   Su compañero la sostiene con una fuerza delicada, llevándola con el movimiento sensual al mundo seductor del tango. Dos pares de pies, en completa sincronización, encadenan intrincados pasos al son de la música. Giros, caminatas y ganchos se suceden a lo largo de la coreografía. La espalda de la bailarina es firme y a la vez, gatuna. Sus brazos se mueven con gracia y no dejan de abrazar a su pareja. Parecen estar unidos con los hilos invisibles de la danza.
   Yo quiero ser él. Con cada poro de mi piel. Con cada gota de mi ser. Es mi único deseo. Pero es imposible: la silla de ruedas ahora son mis piernas. Ir a la guerra tiene su precio. Por lo menos volví. Muchos no han tenido esta suerte.
   A las doce, ella desaparece como la cenicienta. Su galán se queda a coquetear con las mujeres. Dicen que no son pareja y es un tremendo alivio para mí. Sí. La amo. Pero desde mi mesa solitaria, en el rincón más alejado del salón. La llevo en mi corazón antes de irme al frente en la lejana Europa. Ella es la razón por la que sobreviví y volví de aquel infierno.
   Ahora, como tantas veces, desde hace un año, en su camerino la espera un ramo de rosas rojas con una nota: «Eres mi luz en la oscuridad…».









                                                                 07/09/2023, Trabada, Lugo


29 de agosto de 2023

La reunión del banco

La reunión del banco




   —Mira, Manolo, ¿esa no es la hija de una que era tu vecina? La mujer del que trabajó contigo en la Factoría. 
   Sí, esa es. ¡Cómo pasa el tiempo!
   —¿Pero la Maruja no ha muerto también? Que Señor la acoja en su seno…
   —Noooo. Esa era Isabel.
  —Paco. ¿Cómo se llamaba la mujer aquella? La mujer del camionero que nos traía el carbón a la fábrica.
  —¿Qué camionero? Ah, el fulano aquel, que un día, al dar la marcha atrás, aplastó el nuevo Mercedes del consejero de Industria. ¿Ese?
   —Sí, sí. ¡La que se armó! El paisano estuvo preso. ¿No estaba borracho como una cuba? Su mujer había parido y él lo celebró como dos días seguidos. ¡Qué tiempos aquellos!
   —Pues murió…
   —¿Quién?
   —El consejero. ¿Quién si no?
   —No lo sabía.
   —Ni yo. ¿De qué murió?
   —Dicen que de un infarto. Parece que cuando estaba con la querida, lo vio su mujer. En un restaurante de esos, de gente pija. Se armó la marimorena. Volaban las copas y botellas. Vino la Guardia Civil y todo. Parece que el consejero, la mujer y la querida durmieron en el calabozo. En la Comandancia. Al día siguiente, el pobre, murió. Vaya mala suerte que tuvo. No era un mal consejero. No como esos de ahora. Vienen más verdes que la yerba; sin experiencia, solo saben mandar.
  —Siii. Ahora todo son esas cosas modernas de los internetes. No quitan los ojos de los chismes. Parecen los caballos, aquellos con anteojeras.
   —Pues ha vendido el piso y el bajo, me parece. Y por un buen pellizco.
   —¿Quién?
   —La viuda del camionero. ¿Juan, sabes cómo se llamaba?
   —Maruja.
  —Sí, sí, esa. Pues se marchó del barrio. Ahora vive por el Centro y me dijo la mujer del pescadero que por las tardes sale a tomar un chocolate con churros al sitio ese. Uno grande. Al lado de un teatro de esos famosos. Lo tengo en la punta de la lengua. Bah. Ya me acordaré.
   —¿A qué estamos hoy?
   —Déjame mirar el teléfono. Buena cosa es esa. Te dice el tiempo, calendario y hasta las mareas. Qué pena que en nuestros tiempos no los había. Me lo regaló mi nieto para el cumpleaños. Me dijo que tenía que ser más moderno. Hoy es veintitrés de agosto. Miércoles. El viernes ya se puede cobrar la pensión.
   —Cada vez, peor. Ya ni por la ventanilla puedes cobrar.
   —Sí. No nos respetan, a los viejos.
   —Habrá que levantar el ala. Va a ser la una y media. Mi mujer se cabrea si no vengo a la hora. Dice que soy un egoísta y no valoro su trabajo.
   —Yo voy a por el menú. El mesero me lo tendrá ya preparado. ¿Vienes, Juan? Hoy tienen fabas pintas con chorizo.
   —¡Vaya, qué pena más grande! Miren esa esquela. ¿Quién será? Es que por el nombre no me doy cuenta.
   —Ni yo. Con ochenta años. Qué joven.
   —Que sí, sabéis quién es. Es el aquel paisano que…





23/08/2023, Gijón