1 de noviembre de 2026

Charla #2 Javier Mier Prado

 Con el escritor Javier Mier Prado

Autor de novelas: «Piernas de majorette», «Mi reina de Manila» y «El embajador».





 

Antes de empezar con la entrevista, quiero presentarles a nuestro invitado.

 

Javier Mier Prado es escritor y, antes que nada, un apasionado de la literatura.

Nació en los últimos días de diciembre de 1956, en Ponferrada. Su trayectoria como autor comenzó con «Piernas de majorette», una novela en la que recorre la memoria de la España de posguerra. Después llegó «Mi reina de Manila», una historia en la que utiliza la ironía para acercarse a los hechos de nuestra historia reciente. Su tercer libro, «El embajador», se adentra en la ciencia ficción especulativa y plantea cuestiones como el poder, la libertad, la memoria y la supervivencia.

Pero detrás del escritor hay un hombre con otras vidas. Antes de dedicarse a escribir, Javier fue maquinista de excavadora, un trabajo muy alejado de la imagen que solemos asociar a un autor. Quizá por eso resulte especialmente interesante descubrir cómo llegó de remover las tierras a construir los mundos con palabras.

Hoy tenemos la oportunidad de conocer al hombre que hay detrás de las historias: sus recuerdos, sus inquietudes, su manera de entender la literatura y aquello que todavía le queda por contar.

Querido Javier, bienvenido. Te agradezco que aceptaras ser mi invitado en este Tête-à-tête virtual. Ponte cómodo.

 

1. Para empezar, Javier, si tuvieras que presentarte, ¿qué contarías de ti?

Muchas gracias, Tatiana, por tenerme en cuenta y darme la oportunidad de mostrarme a los lectores.

Pues soy un tipo corriente, si quieres demasiado corriente, con los mismos problemas, supongo, que la mayoría. No me considero especialmente ingenioso, ni tengo grandes proyectos ni elevados ideales; me conformo con vivir sin sobresaltos, o con los mínimos posibles, acompañado de la gente que quiero.

 

2. Dices que eres un hombre corriente; sin embargo, yo añadiría que con mucha imaginación para la escritura. Y esto, seguramente, viene desde lejos. ¿Cómo era Javier cuando era niño?

Yo era hijo de unos padres ovetenses que habían emigrado a Ponferrada tras la Guerra Civil y que, en 1959, decidieron regresar a Asturias, esta vez a Gijón. Vivía en un barrio obrero y pobre, como Roces. Por aquella época, los barrios obreros eran todos pobres. Nosotros éramos los más pobres de aquel barrio de pobres. Fuimos ocho hermanos, así que ya te puedes imaginar. En mi primera novela, Piernas de majorette, se retrata bastante fidedignamente aquel barrio y aquellos ambientes.

 

 3. Parece que fue hace tanto, ¿verdad? Me han contado sobre la posguerra española y cómo la pobreza se expandía del norte al sur. A pesar de las dificultades, seguro que hay un recuerdo de aquellos años que te provoca una sonrisa. ¿Cuál sería?

 Varios. A pesar de lo anterior, mi infancia fue moderadamente feliz, o podría decir, bastante feliz. No sé. Los domingos de cine. En el barrio había uno de la parroquia y, si ibas a misa los domingos, te daban un vale para entrar gratis en la sesión de las tres de la tarde. Los chavalillos de allí, además de los más católicos de España, éramos unos cinéfilos.

 

 4. ¡Ja, ja, ja! Creo que ambas actividades han influido bien en vuestra crianza. Ya estoy imaginando los bancos de madera y los niños, vestidos de domingo, sentados, a la espera de «Tómbola» con Marisol…  ¡Qué tiempos aquellos! Y, dime, Javier, ¿hay alguien que haya sido especialmente importante en tu camino como escritor?

 Nadie especialmente. Lo que sí hubo fueron influencias de algunas lecturas. Recuerdo que mi primer libro «serio» lo leí cuando tenía, creo, doce años: Los robinsones suizos. Me produjo una gran impresión. 

A ver, yo antes de eso leía lo que todos los críos, tebeos: el Jaimito, Pulgarcito, Tío Vivo… qué sé yo. Pero con aquel libro descubrí que la lectura te podía transportar a mundos lejanos, exóticos… Y ya fue un no parar. Claro, a medida que iba creciendo, llegaban las lecturas más maduras. Aparecieron la Ilíada y la Odisea; la Eneida, de Virgilio; la Divina Comedia, de Dante. Esta me la encontré en la biblioteca de un hospital en el que me tiré tres meses. Naturalmente, no solo leía eso, también leía novela contemporánea. Me gustaban y me siguen gustando los autores latinoamericanos del realismo mágico: Alejo Carpentier, García Márquez… Pero digamos que aquellos clásicos son como mi fondo de armario literario. No obstante, algunos escritores contemporáneos, especialmente los de la narrativa barcelonesa en castellano, fueron los que más me influyeron: Marsé, Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza. Sin duda, en mi modo de escribir hay algo de ellos… Pero oye, que no sé si estoy contestando a tu pregunta o me estoy yendo por los cerros de Úbeda.

 

5. Madre mía… Ahora ni me atrevo a seguir con esta entrevista. Creo que no leí ninguno de esos libros, aparte de Ilíada y de Odisea, y porque nos lo mandaban en el colegio. Tienes un tremendo bagaje literario. Sí, señor… Ahora si te pregunto: ¿qué cosas pequeñas pueden arreglarte un día malo? ¿Cuáles serían?

Pocas cosas me hacen tan feliz como tomarme una copa de vino en buena compañía. Si tuviera que irme a una isla desierta, solo me llevaría unas botellas de vino y algún libro. Más vino que libros.

 

6. ¡Ja, ja, ja! Vaya salto que hemos dado. Pero estoy segura de que todos los escritores clásicos de vez en cuando se abandonaban en los brazos de Baco. Ja, ja, ja. De escritor a escritor, cuando escribes, ¿prefieres hacerlo en silencio o necesitas tener ruido alrededor?

No necesariamente en silencio, pero sí en un ambiente tranquilo.

 

7. En esto coincidimos. Aunque he visto a gente escribiendo en una cafetería con mucho ruido. Y les envidio un poco por saber aislarse. Y dime, Javier, ¿tienes alguna manía que quienes te conocen bien ya dan por inevitable?

No sé si es una manía, pero los que me conocen bien saben que a veces soy un poco bocazas. Quiero decir que, en ocasiones, hablo lo que no debo o a destiempo. Qué se le va a hacer. Nadie es perfecto y yo menos que nadie.

 

8. ¡Ja, ja, ja! Qué sinceridad más encantadora... ¿Eres de los que necesitan tener un plan cuando escribes o te dejas llevar por la historia y personajes?

¡Uf! ¡Qué va! Soy absolutamente caótico y poco disciplinado. Puedo estar un día entero dándole a la tecla para, al final, aprovechar media docena de líneas, si no lo borro todo. Y otras veces me paso semanas, meses, sin acercarme al teclado. Además, empiezo una historia y, a medida que la narración va tomando forma, me doy cuenta de que lo primero que escribí tiene que ir en el capítulo dieciséis. O escribo un par de capítulos y a continuación se me ocurre el final, antes de continuar donde lo había dejado.

Efectivamente, son la historia y los personajes los que me escriben el guion; no tengo método alguno. Mira, Mi reina de Manila estuvo parada como siete u ocho años. Por el contrario, El embajador lo escribí en muy poco tiempo. No sé exactamente cuánto, pero poco más de dos meses. Escribirlo, porque luego vienen las correcciones y eso es otro cantar.

 

9. ¿Quién lo iba a decir? He leído Mi reina de Manila y El embajador, y son las novelas con mucho control en el texto. Imagino que te ha costado lo tuyo. Y saliendo un poco del tema literario, ¿hay algún lugar al que llegues y sientas inmediatamente que estás en casa?

Sí. Y es una sensación curiosa. Me pasó en Roma. En el Trastevere nunca me sentí de afuera. Es todo como muy de andar por casa, no sé, me resulta familiar. Tanto nos gustó, a mi mujer y a mí, que unos cuantos años después volvimos. Sin embargo, ya no era lo mismo: allí ya no viven los romanos, todo son negocios hosteleros y apartamentos turísticos. El turismo masivo lo estropea todo. Y me incluyo.

 

10. Cierto. Por más que nos guste viajar, dejamos una huella que cambia los lugares. Nada vuelve a ser lo mismo cuando lo vimos por vez primera. Y esto deja una sensación agridulce. Tengo una curiosidad, Javier. Fuiste un maquinista de excavadora. ¿Cómo recuerdas a Javier de aquella época?

De aquella época recuerdo levantarme al alba, las jornadas eternas, la ausencia de festivos, llegar a casa siempre muy tarde, sin tiempo que dedicarle a la familia. Sobre todo en verano, que es cuando se hacen la mayoría de las obras públicas. Recuerdo los largos desplazamientos por carretera, porque las obras muchas veces estaban a cien kilómetros o más. Pero no siempre fui maquinista de excavadora; fueron las circunstancias las que me condujeron a ello.

Como mucha gente de mi época, sin carrera, tuve que empezar a trabajar muy pronto y desempeñar multitud de empleos. En la construcción; en una plataforma petrolífera mar adentro; en una empresa de reparaciones navales, con la que recorrí los puertos de España, hasta que la atmósfera irrespirable de los tanques de los petroleros me enfermó. Y entonces fue cuando apareció la máquina excavadora. Nunca me entusiasmó ninguno de aquellos trabajos, pero era lo que había.

 

11. Vaya, Javier, te ha tocado vivir unas cuantas vidas antes de sentarte a escribir. Un currículum impresionante; daría para varias novelas. Ahora que has compartido todo esto, me gustaría saber: ¿cuál es el mejor maestro para ti, la vida o los libros?

Ambos, solo que cada uno enseña cosas diferentes.

 

12. Cierto. Aunque yo creo que la vida es la que enseña a los que escribimos. Uuy, nos hemos vuelto solemnes, ja, ja, ja. Y si miráramos atrás, ¿qué cosas haces hoy que el Javier de hace veinte años no habría imaginado?

Esto que hago ahora, tu entrevista, escribir. Tardé mucho en empezar. Aunque hacía tiempo que, después de tanto vivido y leído, me apetecía también a mí contar cosas, pero o no encontraba el momento o no sé qué. Un día llegué a casa y me puse a escribir. Me salió un truño, pero me sirvió para aprender. Después vino Piernas de majorette, de la que creo que salió razonablemente bien. La gente me ha dicho que les gustó mucho. No sé, ellos sabrán.

 

13. Yo he leído La reina de Manila y lo confirmo: muy bien escrito y con un sentido de humor que me hizo reír a carcajadas. Como sabes, no soy española, pero gracias a tu libro he aprendido un montón de palabras cultas. Manejas el vocabulario con una maestría envidiable. Y aquí viene la siguiente pregunta: ¿Hay algo que antes te preocupaba muchísimo y que hoy te resulta casi anecdótico?

Uf… No sé. La verdad es que las cosas que me preocupaban antes siguen preocupándome ahora. No sabría decirte.

 

14. Ja, ja, ja. Bueno, no pasa nada. Cuando publiques el siguiente libro, dejaremos esta pregunta para una nueva entrevista. Tienes un buen sentido del humor, pero me gustaría saber qué te hace reír de verdad.

Está bien hecha la pregunta: «de verdad». Porque hay cosas que te promueven la risa, pero es una risa nerviosa. Pues me hace reír el humor inteligente, irónico, no las zafiedades que se estilan ahora.

 

15. Estoy de acuerdo contigo, Javier. Me gustaría creer que esto sea una moda pasajera y que el humor inteligente volverá a ocupar su lugar. Y en tu día a día, cuando no escribes, ¿qué sueles hacer?

Llevo una vida bastante tranquila. Mira, cuando me jubilé, mi señora esposa me dijo: «Elige, cocinar o limpiar, hacer las camas, planchar, la lavadora…» Obviamente, escogí cocinar. Ana fue muy generosa. Entonces suelo hacer yo la compra y cocinar. También hago pilates, que me viene bien para la espalda que me fastidió la máquina excavadora. Paseamos y nos vamos los dos de vinos.

 

16. ¡Un cocinillas! Otra pregunta que queda apuntada para la próxima vez.  Y esa misteriosa Ana tiene que ser una gran mujer. Y la siguiente pregunta nos viene de perlas: ¿Qué cosas necesitas que estén en tu vida para sentirte bien?

Creo que, más o menos, lo que quiere todo el mundo. Tener cerca a la gente que quieres, mi esposa, nuestros hijos y, por supuesto, algunos amigos.

 

17. Creo que todos deseamos lo mismo, Javier, que nuestra gente esté bien y cerca de nosotros. ¿Qué cualidad valoras más en las personas?

Ah, sí. El humor, la conversación inteligente, la honestidad y algo que no sé si valora todo el mundo: la puntualidad.

 

18. ¿Puntualidad? ¡Qué cosas! Y eso que no se practica mucho en estos tiempos. Y, dime, si pudieras recuperar un solo día de tu vida para volver a vivirlo, ¿cuál elegirías?

Umm… carajo, la preguntita. Yo no sé si contestar con las obviedades de siempre: el día que conocí a mi mujer, el día que nació mi hijo… La primera vez que mi señora y yo nos pudimos tomar unas vacaciones de verdad, que tampoco fue gran cosa, un viaje a Mallorca a un hotel de cuatro estrellas, pero para nosotros en aquel momento sí lo fue. Fíjate tú.

 

19. Oooh, qué bonito y romántico. (Ana, cuando leas esto, dale un achuchón.) Imagina si mañana no tuvieras ninguna obligación durante una semana, ¿qué harías con esos siete días?

Irme otra vez a las Rías Baixas, por ejemplo. Nos gustan mucho las rías y en general toda Galicia. Vamos todo lo a menudo que podemos, y también los gallegos nos gustan; bueno, no todos, algunos no. Je, je.

 

20. Ay, Galicia… Me encanta. Me hace suspirar. Es tan parecida a Asturias y tan diferente. Después de todo lo vivido, Javier, ¿qué crees que todavía te falta por aprender?

Mucho. Siempre hay cosas que aprender; aquel que crea que ya lo sabe todo es que no sabe casi nada. Mira, ahora estoy en un curso sobre la historia de Oriente Medio, desde Sumeria en adelante. También estoy haciendo un cursillo sobre primeros auxilios y me está resultando de lo más instructivo; espero no tener que poner en práctica tales enseñanzas.

 

21. No paras de sorprenderme. Oriente Medio, Sumeria, antiguas civilizaciones… Los primeros auxilios, creo que deberíamos saber hacer todos y desde el colegio Y para acabar, una pregunta extra: ¿Hay algo que te gustaría compartir con los lectores y que no te haya preguntado?

A ver, a ver… No me has preguntado qué signo del zodiaco soy, que se lleva mucho en algunas entrevistas. Bueno, pues soy Capricornio.

 

¡Ja, ja, ja! Javier, te agradezco esta oportunidad de conocerte y que te conozcan tus lectores. Esto no es una despedida, sino un hasta pronto. Nos vemos cuando quieras; ojalá sea con el otro libro bajo el brazo. Estamos en contacto.

Hasta luego, escritor.

 

Y aquí acaba nuestra charla con el escritor Javier Mier Prado en el Tête-à-tête en la casa virtual de La Pluma del Este. Y ahora os toca a vosotros. Dejadnos vuestros comentarios y preguntas. ¡Os leemos!


Y si quereis zambillirce en una buena lectura le dejo los enlaces a los libros de Javier:


AMAZON «Piernas de majorette»

AMAZON «Mi reina de Manila»

AMAZON «El embajador»

Recuerden que Amazon les ofrese a leer una muestra de cada libro. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario