20 de octubre de 2026

202. El pájaro de papel

 

Serafima levantó la mirada del libro. Un pájaro de papel rosa se posó en su brazo. Era de esos que se hacen en Japón. La palabra se le quedó en la punta de la lengua... ¿Cómo era...? Ah... Origami. ¡Eso es! Empezó a buscar a un posible sospechoso, autor de aquella maravilla. En el fondo de la cafetería, en una mesa llena de figuritas de papel, vio a un hombre mayor, más bien viejecito, que se afanaba en doblar el papel.
     —Parece que le ha caído bien. —Dijo la camarera al pasar.
     —¿Y eso? ¿Quién es?
    —Lo llamamos el Viejo. Nadie sabe nada de él. Viene todos los días, se sienta en aquella mesa y se pone a doblar los papeles. Pide café o té, pero no los bebe. Solo dobla y dobla los papeles. Todas esas figuritas las mete en una caja y se va. Que yo sepa, no había regalado a nadie ninguna… Qué extraño. —Meneando la cabeza, la camarera continuó con su trabajo.
     Serafima dejó el dinero en la mesa y se acercó al rincón. El Viejo daba últimos toques a un conejito azul.
       —Ejem, ejem… Hola, señor. Le agradezco por el detalle…
     —Hija, coge la silla y siéntate —espetó el viejo con la voz carrasposa. —Elige el papel.
      La muchacha, indecisa, se sentó a su lado.
     —No entiendo nada. Señor, ¿por qué yo? ¿O acaso nos conocemos? Y, de hecho, no sé nada de origami ni me importa. Tengo que irme.
     —Pero, Teresita, si me llevas semanas pidiendo que te enseñe a hacer los pájaros de papel. Y hoy que tengo el día libre para hacerlo, te andas con prisas. Anda, coge esta hoja y fíjate cómo lo hago.
     —Señor, perdóneme, pero me confunde usted con otra persona. —Serafima hizo un ademán para irse, pero los ojos marrones llenos de anhelo la dejaron clavada en la silla.
     —Vale, pero quiero aprender a hacer una grulla. —Con disimulo, la muchacha envió un mensaje a su novio de que no iría al cine y que ya le contaría el porqué.
Las siguientes horas, la camarera y los clientes habían podido observar a un anciano y a una mujer joven haciendo las figuritas de origami. Cada poco, desde aquel rincón alejado de la cafetería se oían risas y las aves de colores alzaban su alegre vuelo.
 


 

19/10/2026, Gijón

© La Pluma del Este

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