31 de octubre de 2023

Buscándote

 

Gota a gota el agua del cielo.
Limpia de polvo y de la suciedad
Las casas, los árboles y las aceras
De nuestra pequeña ciudad.
 
Paso a paso recorro sus calles,
Intentando buscar el lugar,
Donde la vi por la vez primera
Y donde la hice soñar.
 
Beso a beso caímos en pecado,
Sumergidos en noches de pasión.
Ella fue para mí lo más preciado
Y le pedí firmar nuestra unión.
 
Después me fui y me fui muy lejos,
Dejando mi amor y mi hogar,
Para plantar la cara al enemigo
Y por mi tierra mi sangre derramar.
 
Luché y luché en el frente,
Soñando con ella regresar.
Rogué a Dios que no me maten,
Que me deje volverla a besar.
 
Sigo y sigo camino a casa
Ahí está ella, esperando por mí.
Pero las oscuras ventanas cerradas
Me dijeron que ya no está aquí.
 
Hola y hola, mi amor. Ya he vuelto.
El crujir de la puerta al abrir,
El olor a cerrado y el silencio
Me dio de lleno hasta morir.
 
Rezo y rezo buscando ayuda,
Necesito saber qué pasó.
Me ahogo en tristeza y duda,
Sin creer que ella me olvidó.
 
Giro y giro, buscando su huella
Camino sin rumbo y con pesar,
Recordando a la muchacha bella,
La más hermosa de aquel lugar.





                                                           31/10/2023, Gijón

      

23 de octubre de 2023

La vida de una guitarra

 

La vida de una guitarra



Hecha cuerpo de una mujer, ella es parte del guitarrista. 
Ambos crean belleza.
Pero para esto, un árbol tuvo que morir.

    



                                                                                                         23/10/2023, Gijón

12 de octubre de 2023

Sé que volverás

  

¡Amo, qué alegría! Veo que sacas mi arnés y la correa. Andas de un lado para otro. ¡Guau! Vamos a salir. ¡¡Guau, me encanta!! Adoro ir contigo, aunque hasta la esquina. Sé que ya no soy un cachorro y no me muevo tan rápido, pero los paseos largos me chiflan.
 ¿Bajamos al garaje? Mucho mejor. ¡¡Guau!! ¿Vamos de viaje? ¿Podemos ir al pueblo? Porfaaaaaaa… Me encantaría volver a ver a la hembra que vive al lado. Hemos llegado a un medio acuerdo. La tengo en el bote, como decís, los humanos. Solo falta traerle una salchicha. ¡Qué alegría! ¡Me encanta! Pa-se-o, pa-se-o… Nos-va-mos-de-pa-se-o…
   Amo, te noto extraño. Huelo preocupación. Tu tranquilo. Hacemos un buen equipo: tú y yo. Aunque no le gusto demasiado a tu nueva hembra. No te preocupes, la ganaré. Soy un especialista en las hembras. Sé que ella se enfadó mucho cuando mordí su bolso. Pero es que estaba tan apetecible y olía tan bien que no me pude resistir. Ya sé que los perros tan mayores como yo no deberían hacer estas cosas. Pero no he podido aguantar… Nunca más. Te lo prometo. ¡Ah! Lo de aquel zapato, no cuenta. Te pedí el perdón. Aunque me debes una por lo del otro día: meterme un termómetro por el culo no ha molado nada de nada. Esto no se hace. Y sin esperar. Uff… Todavía me tiemblan los cuartos traseros al recordar aquella encerrona en la clínica.
     Me encanta ir en coche contigo. Nunca sabes qué aventura vamos a vivir. Ay, qué tiempos aquellos, cuando éramos unos críos. Tú, con tu pelota de futbol, y yo con la mía, de goma. Qué bien nos lo pasábamos. Y hasta dormíamos juntos. Ahora tienes la puerta cerrada. Bah, no pasa nada. Estoy más a gusto en la cocina donde pasa el tubo de agua caliente. Uno ya tiene edad, ¿sabes? Aunque me siento como un chaval todavía.
     ¡¡Aaaaaamo!! Creo que te equivocaste de camino... 

Sé que volverás…



(Este relato continúa en mi libro, Detrás de la puerta, Vol. 1)






                                                                                                            11/10/2023, Gijón

La Pluma del Este






Este relato participó  en el concurso de El tintero de oro y fue el ganador del Tintero de Plata. 









   

6 de octubre de 2023

La salvación


La salvación

 (Continuación de “La huida”)

 

   Su búsqueda diaria por los contenedores no le llenó el estómago: un trozo de pizza y una madalena rancia — es todo lo que encontró entre la basura. Y para el colmo, empezó a llover. Todavía hambriento, volvió a su escondrijo y se puso a dormir con el sonido de las gotas.
   Soñaba con un plato de carne y salchichas cuando oyó unos gritos. Se levantó con mucha rapidez. Salió a la calle y afinó su viejo oído. Los gritos se repitieron. Cruzó un par de callejones detrás de las naves. Se acercó al hueco que había en la valla. El ruido de una lucha lo llevó hasta unos matorrales.
   Vio a dos humanos peleándose. Uno estaba tirado en el suelo y el otro, encima, haciéndole daño. El de abajo lloraba y gritaba. Sufría. Era una hembra que peleaba por su vida. Tenía que ayudarle. Corrió y saltó a la espalda del malo y le clavó los dientes en el cuello. Su boca se le llenó de sangre. El humano gritó y soltó a su presa. Cuando se giró hacia él, su cara expresaba sorpresa y dolor.
   —¡Pero qué coño es…! — e intentó darle una patada. Él hincó los dientes en su pierna. El humano sacó una cosa brillante y la clavó en su lomo. Un fuerte dolor lo hizo caer. La humana, llena de golpes y arañazos, se levantó. Antes de caer inconsciente, por el rabillo del  ojo, vio que ella volvía con algo alargado en las manos y asestaba un tremendo golpe al malo. Otro. Y otro. Este caía. Después, oscuridad…
   Cuando abrió los ojos, se sintió aprisionado y con algo molesto en la boca. Un pitido le taladraba los oídos. Entre todos los olores del lugar reconoció a uno. De ella. Estaba ahí con él.
   —Te vas a poner bien. Muy pronto nos iremos a casa…







                                                                                                                 06/10/2023, Gijón

La Pluma del Este

4 de octubre de 2023

El cuento atronador

 El cuento atronador



 

   —¡Abuelaaaa! ¡Está tronando!
   —No tendrás miedo, ¿verdad?
   —Noooo. Y Dooby tampoco tiene miedo. ¿Verdad, Dooby? Buen perrito. Eres muy valiente, igual que yo.
   La pequeña Cristina, con la nariz pegada a la ventana, contemplaba el tremendo aguacero. Con sus deditos intentaba seguir el rastro de las gotas huidizas que resbalaban por el cristal. Los rayos se reflejaban en sus curiosos ojos. Cada vez que tronaba, ella daba un respingo. Con una mano, agarrada al conejo de peluche y con la otra, a su fiel compañero de juegos, Dooby, la niña se sentía protegida.
   —Abuela, ¿de dónde salen los truenos? ¿Y los rayos? ¿Y la lluvia?
   —Cariño, deja que termine de coser y te lo explicaré todo. Hay una gran historia que espera ser contada.
   La pequeña se quedó aguardando sin quitar la vista de lo que pasaba fuera.
   —Ven, nena. Deja a Dooby y siéntate en mi regazo. ¿Por dónde empiezo? Ah, sí…
»Muy arriba, en el cielo, más allá de las nubes, escondido en el Valle de Arcoíris, hay un reino. Hace muuucho tiempo, ahí gobernaba un Rey muy poderoso. Él tenía tres hijos: los mellizos Trueno y Rayo, y la hija menor, Lluvia. El rey los amaba por igual. Pero los dos hermanos estaban celosos el uno del otro y continuamente se peleaban por la atención de su padre. La hermana pequeña se entretenía jugando sin importarle las riñas de los mayores. 
»Los años pasaban y los niños crecían. Los hermanos ya eran hombres y Lluvia se ha convertido en una bella princesa. Trueno y Rayo seguían de malas uno con otro y competían para demostrar al rey quién era el mejor cazador, guerrero o jinete de los Dragones de las Nubes. Cada uno deseaba ser el heredero del trono. Pero al viejo rey esto no le importaba, ya que confiaba en que, después de su muerte, sus hijos respetarían su decisión.
   Cristina estaba muy absorta y muy quieta escuchando, lo que de por sí era un milagro. Abuela sonriente la besó en la coronilla y continuó: 
   «Llegó un día y el rey se puso muy enfermo. Antes de morir llamó a sus tres hijos y les dijo su última voluntad:
   —Hijos míos. Llegó mi hora para partir al Reino de la Noche Eterna. Dejo todo en vuestras manos para que gobernéis con honor y en paz. Cuidaos unos de otros y del mundo que existe abajo. Mi deseo es que tú, hijo mío Trueno, gobiernes durante los primeros seis meses y tú, mi hijo Rayo, durante los siguientes seis. Y así, uno detrás de otro, ocuparéis el trono durante el resto de sus vidas. Y tú, mi queridísima hija Lluvia, te nombro la Cuidadora del Reino, ya que serás la que vigile que tus hermanos cumplan con su tarea.
»El rey falleció y una bella carroza hecha de estrellas lo llevó al Reino de la Noche.
»Los dos hermanos aguantaron sin discutir solo una semana. Después, Trueno se fue al Norte y construyó un palacio de hielo. Ahí se refugió con sus tropas y sirvientes. Rayo se fue al Sur. Ahí, en la montaña más alta del mundo, hizo una fortaleza de fuego. Y Lluvia se quedó en el palacio real de su padre, ya que no quería tomar parte por ningún hermano: los amaba por igual…
    —Abuelita, yo quiero muchichisimo a mi hermanito. Aunque algunas veces se mete conmigo y me quita los juguetes.
    —Y Alex también te quiere —. La sonrisa de la pequeña confirmó que lo sabía —. Sigo contando; ya falta poco para el final.
»Nadie recuerda lo que pasó, pero los hermanos declararon guerra el uno al otro. Desde el Castillo Helado del Norte empezaron a volar gigantescos trozos de hielo y desde la fortaleza de Fuego del Sur unos enormes relámpagos salieron a su encuentro. Trueno y Rayo, durante días y noches, intentaban destruirse mutuamente. Esto provocaba un tremendo ruido que sacudía toda la tierra. La pobre Lluvia, sufriendo por todo este desastre, ya que sus hermanos no le hacían ningún caso, se ponía muy triste y empezaba a llorar: lágrima por lágrima, gota por gota. Algunas veces, lloraba tanto, que inundaba las ciudades enteras.
»Y así, hasta el día de hoy, los dos hermanos descansan para recuperar sus fuerzas y de nuevo continúan con su interminable guerra. Y Lluvia, viendo todo esto, sigue llorando y llorando y llorando…
   Cristina ya estaba profundamente dormida cuando su abuela terminó el cuento.





 

 

 

FIN