El
viaje a ninguna parte
—«Un
viaje a Hawái podría ser tuyo». Oooh, qué mono. Siempre he soñado con esto.
Cariñito, ¿qué pone en tu galletita?
—«Sin
esfuerzo no hay premio». Bah, chorradas. Típico. ¿Te imaginas a una enorme
fábrica con cientos de chinos recortando estos mensajitos y hablando de los
tontos que creen en estas gilipolleces?
—Eres un
descrédulo.
— ¿No
será “incrédulo”?
—Otra vez
me corriges. Ya te vale. —La mujer, una morena despampanante, le dio un pequeño
golpe en el pecho de su acompañante.
El
hombre, riéndose a carcajadas, tiró el dinero en la mesa, cogió a la mujer por
la cintura y le estampó un beso en la boca. La dejó pasar por delante y le dio
un cachete en el culo. Abrazados y felices, salieron del restaurante chino a la
oscura y desierta calle. Sus risas y jolgorio rebotaron en las paredes sin
vida.
Ellos no
lo sabían, pero había alguien observándolos. La dichosa frase «Un viaje a Hawái
podría ser tuyo» era la señal que esperaba el asesino. Así escogía a sus
víctimas. La guapa iba a tener su viaje, pero no a las islas paradisíacas. Su
sótano necesitaba a una nueva huésped.
El tipo
apuró la botella de cerveza, la escondió en el bolsillo de su gabardina y salió
por la puerta de atrás. Nadie se fijó en él. Él no era nadie.
© La Pluma del Este
16/02/2026, Gijón

No eran galletas de la suerte, precisamente.
ResponderEliminarJa, ja,ja. Ahí les has dado. Un saludo.
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