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20 de marzo de 2025

"El Rata"

"El rata" 



“El rata” era el gobernante en la sombra de Anapse, el país otrora maravilloso, pero desde hace seis lustros, abocado a la decadencia.
  Los presidentes cambiaban, pero él seguía enraizado en su escritorio. Ninguno quería sustituirlo. Él era tan imprescindible como el ministerio de la Extorsión. Él nunca tenía un «es absurdo» por respuesta. Si hacía falta crear alguna ley, por más ilógica que fuera, y pasar por encima de la otra, se hacía y punto. En su lúgubre despacho colgaba una frase enmarcada: 


Hay que dar al pueblo lo que no necesita 

para quitarle cualquier iniciativa de valerse por sí mismo”.


      “El Rata” estaba trabajando en su nueva idea: cobrar a los ciudadanos por respirar. El escollo que seguía persistiendo era el cómo quitar el aire a los que no pagaban.


     

 


 

19/03/2025, Gijón

© La Pluma del Este

 


17 de marzo de 2025

Mi vecina de arriba

 Mi vecina de arriba




He matado a la vecina del quinto…
     Todo empezó con el fallecimiento de la señora Alpidia, la viuda del señor Hilarino. Vivían en el quinto piso. Su única hija residía en el extranjero, así que puso el piso en alquiler. 
     Los vecinos de la escalera, todos propietarios, estábamos en ascuas por saber si la gente nueva y ajena al espíritu del portal iba a romper nuestro statu quo.
  Los que inauguraron el primer alquiler eran cuatro trabajadores ucranianos que vinieron a la parada de la fábrica metalúrgica de la zona. Todos pensábamos que armarían jaleo por la fama que tienen los hombres del este. Nuestra sorpresa era mayúscula. En su piso reinaba el absoluto silencio. Gente agradable; saludaban al coincidir en el ascensor. Iban a trabajar muy temprano y cuando volvían, solo comían y descansaban. Al marchar, dejaron el piso de la misma manera como lo encontraron.
   Los siguientes inquilinos fueron un matrimonio joven con una niña pequeña. ¡Qué gente más bien casada y bien avenida! Ningún problema, ni gritos ni lloros de la peque. Vivían tranquilos, trabajaban y se dedicaban a lo suyo.
     Los vecinos, y en mayor medida yo, nos relajamos. Yo vivo justo debajo, ¿sabe? Hasta que llegó… Ella. El monstruo con cara de ángel. Fuimos testigos de la infinidad de maletas y cajas que se subieron por un elevador de la empresa de mudanzas; de idas y venidas de pintores, albañiles y demás especie. Nuestro bonito y pulcro portal parecía la zona de guerra. Lo aceptamos.
   Cuando aparentemente la cosa se tranquilizó, empezaron las fiestas hasta las tantas de la madrugada. El tránsito de gente rara, colillas por doquier, gritos por la ventana, música a todo trapo… Nuestro adorable y cuidado por todos jardincito se llenó de latas, basura y algún que otro condón. Hemos llamado a la policía, a la propietaria, hicimos reuniones… Nada sirvió para sacar a la hija de puta del piso. La dueña cobraba sin sufrir las molestias y no movía ni un dedo.
   Desde la mudanza del demonio, yo apenas dormía. Adelgacé. Me quedé de baja por el estrés crónico. Mi casa ya no era un refugio seguro. El colmo que llenó mi vaso era una enorme mancha de lejía en mi vestido preferido que colgué a secar fuera en el tendal. Cuando me quejé a la zorra de arriba, esta me dijo que me comprara una secadora y que si a ella le "daba la gana de usar la lejía para limpiar las ventanas, no era asunto mío”. Tamaña desfachatez me dejó muda. Casi me ahogo en mi propia indignación. Solo el profundo odio me dio fuerzas para volver a mi casa.
     Desde entonces, en mi cabeza empecé a matarla de cien maneras diferentes y con el mayor sufrimiento posible. En todas me detenía la policía, pero no me importaba. Necesitaba dormir. Era yo o ella…
       Ayer, después de comer, me picaron en la puerta. Abrí. Era la hija de puta, pintarrajeada y con una bata que no ocultaba nada:
    —He visto que mi negligé de encaje inglés cayó en tu tendal. Mira a ver si me lo puedes devolver. Es carísimo.
     Ahí, en aquel mismo momento, yo vi mi oportunidad. Me hice la tonta y la dejé pasar a la cocina donde estaba el tendal…
      ¡Pero bueno! ¿No habrán creído que le hice algo a la vecina de arriba? ¡Ya y bromear no se puede! Bueno, tengo mucho que hacer, queridos. Estas viejas maletas llenas de trastos no se sacan solas…



17/03/2025, Gijón
© La Pluma del Este
 

25 de febrero de 2025

El último abrazo

 El último abrazo



 

Matilde se ahogaba en su propia indignación: el violador y asesino de su hija quedaba libre por falta de pruebas.
   Después de que el juez lo declarara no culpable de todos los cargos, el malnacido con descaro le guiñó un ojo y sonrió a la madre de su víctima. Hasta se atrevió a enviarle un repugnante beso. Estaba satisfecho y preparado para la siguiente muchacha. Matilde lo vio en sus ojos muertos. Ese hijo de puta envalentonado querría recuperar el tiempo perdido. Ella estaba segura de ello. Lo presentía. Y, como suele pasar, la policía llegaría muy tarde para evitarlo.
    La mujer estaba asqueada y devastada, todavía sin creer en lo injusto de la justicia. Agarrándose a los respaldos de las sillas, obligó sus piernas a moverse. Salió al pasillo.
   Entre el típico ajetreo de un juzgado, divisó al individuo que hablaba animadamente con su abogada en el rellano de la escalera.  Al lado de una barandilla.  Sin pensar, corrió hacia ellos y, con todas sus fuerzas, se abalanzó sobre él.
   La caída duró una eternidad o un instante, pero Matilde no ha soltado al cabrón que le arrebató lo más preciado, su hijita…
   Los dos se estamparon contra el blanco suelo de mármol en un mortal abrazo.




 

                                                                              25/02/2025, Gijón

© La Pluma del Este


4 de febrero de 2025

La suerte golpea dos veces

La suerte golpea dos veces 



El sonido de un cuchillo, aporreando la copa, interrumpió la animada conversación familiar.  
—¡Ya… no…  puedo… más!
—¿Y eso? Horacio, ¿se puede saber a qué viene tanta tontería? —Eustaquia, a punto de meterse en la boca otro trozo de la suculenta pechuga de pavo, miró por encima de las gafas de culo de botella a su marido.
—¡Que llevo con este sinvivir días y no lo aguanto más!
—Venga, hombre, desembucha. Que nos tienes en ascuas. —Su cuñado, le guiño el ojo.
—Cariño, ¿te acuerdas de cuando estuvimos en Madrid, yo me quedé en la cola en Doña Manolita? Era tan larga que daba una vuelta a la manzana. Tú te cabreaste conmigo y te fuiste de compras a El Corte Inglés.
—¡Y con razón! ¡Gastaste doscientos euros en un solo número, imbécil!…  Solo de recordarlo me pongo mala… Cof… ¡Cof!…  ¡Cofffff!…
 —Pues verás… Nos ha tocado. ¡Cuatro millones de euros! ¿Cariño? Eustaquia, ¿qué te pasa, mi amor? Te estás poniendo morada… ¡Por Dios! ¡Respira!…
—¡Se muere, imbécil!… ¡Haz algo!…  ¡Mi hermana se muere, joder!… ¡Se atragantó con el puto pavo!…
 —Buenoooooo… Cuando uno está en racha, está en racha… ¿Igual habría que
llamar a urgencias? No sé yo…




                                                                          04/01/2025, Gijón

© La Pluma del Este


29 de enero de 2025

Los mazapanes

Los mazapanes 



Toc, toc, toc…
   —Pase.
   —Señor juez, una mujer pregunta por vos. Y yo me marcho ya. Hasta el lunes. Acuérdese de que voy a hacer una visita mi hija.
    —Sí, sí, por supuesto. Dígale que entre. Hasta el lunes… Ah, doña Carmen, qué ricos estaban los mazapanes que me compró para el café. Tráigame una docena más cuando pueda… Señora, pase. Siéntese, por favor. ¿Qué puedo hacer por vos? No tengo el gusto de conocerla.
   —Buenas noches, juez. Soy Maya Fernández, la madre de Terecita Fernández. Vivimos en un pueblo cercano. Vivíamos… ¿Se acuerda de ella? Vino aquí hará un año para solicitarle unos papeles para entrar en la mancebía del puerto.
   —No sé de quién me habla, señora. Por aquí pasan muchas fulanas en busca del permiso legal. Si no tiene otro asunto que tratar, puede irse…
   —Ah, no… No me iré antes de decirle un par de cosas. ¿Cuántas muchachas ha “probado” antes de mandarlas al burdel? Hablo de chicas inocentes y muy perdidas… Mi hija tenía catorce años y era muy niña para trabajar de puta. Y, vos, un viejo libidinoso, la desvirgó y la echó a los lobos… La pobre murió al dar a luz a… ¡Su bastardo! Por cierto, ¿le gustaron los mazapanes? Veo la bandejita vacía. ¿No pudo resistir y los ha comido todos? ¿No ha notado nada raro en ellos?… Veo que sí… Muy tarde para vos. Morirá aquí solo como la rata asquerosa que es.







29/01/2025, Gijón

© La Pluma del Este


3 de enero de 2025

Nocturnidades recurrentes

Nocturnidades recurrentes


Me desperté con una extraña sensación de que algo horrible iba a suceder.
   Encendí la lámpara de la mesita. Las agujas del reloj estaban a punto de reunirse en las doce. Salí de mi cama caliente al frescor del dormitorio. Los rescoldos de la chimenea apenas podían con el frío invernal que exudaban las paredes de piedra. Me arrebujé en la colcha, metí los pies en las heladas zapatillas y me acerqué a la ventana…
   El pueblo, cubierto por la espesa niebla y el humo de hogares, dormía con un profundo e invernal sueño. Ni los perros ladraban. Sin un ser vivo en las calles, los canes se refugiaban en sus casetas. Hacía demasiado frío para cumplir con su cometido.
   La luna, oculta detrás de las nubes, intentaba zafarse de su prisión.    La farola cerca de mi casa iluminaba a los delicados copos de la nieve que jugaban a perseguirse, creando pequeños remolinos blancos. Era la noche típica de un invierno cualquiera.
   Ya me iba de vuelta al acogedor capullo de mi cama cuando vi a un hombre surgir de la niebla. Iba encorvado, con pasos lentos y hundiéndose en la nieve. ¿Pero qué hacía ahí, fuera, a estas horas y precisamente en esta noche? No podría ser un vecino del pueblo, ya que todos estábamos seguros en nuestras casas y jamás nos atreveríamos a salir. Tendría que ser un forastero. Pobre ignorante. Estuve a punto de llamarlo, pero ha vuelto a desaparecer en la niebla. Como un fantasma. Eso es. No había nadie fuera y era la imaginación de mi cerebro medio dormido.
   Continué con mi retirada cuando un grito desgarrador me dejó clavado en el sitio… Otro más… Y un fuerte aullido.
   Una detrás de otra, las oscuras ventanas de mi calle se iluminaron con las tímidas luces. Algunas se abrieron. Unas cuantas cabezas se asomaron hacia la oscuridad. Yo, también… Nadie decía nada… Vi a santiguarse a doña Manuela desde su pequeña ventana. El cartero, don Francisco, secundó su gesto y cerró la suya.
   Parecía que todos estábamos esperando al final del desenlace. Los gritos se repitieron una y otra vez… Y gruñidos, mezclados con los ruidos de lucha a vida o muerte, entre la espesa niebla. Con otro aullido vino el silencio.
   El viento disipó las nubes y la brillante luna llena se hizo presente. La niebla se replegó cual cortina de un escenario y pudimos ver el horripilante espectáculo de la inmaculada nieve teñida de un rojo intenso como la sangre. De hecho, era la sangre. Esparcida por la calle principal de nuestro pueblo. Y algún que otro bulto oscuro. Es todo lo que había quedado del pobre forastero que se atrevió a salir en esta diabólica noche.
    Las cabezas de los vecinos desaparecieron, las ventanas se cerraron… Seguro que con los pestillos extra. Nunca se sabe… Igual se ha quedado con hambre.
   Y, por la mañana, la mayoría iremos al otro pueblo a por el pan fresco. El panadero tardará un par de días en volver a ser el mismo. Pobre hombre, quedará destrozado cuando su mujer le cuente lo de esta noche. Pero no es culpa de él. Ella tenía que haberlo encerrado mucho mejor. Les dije que mi presupuesto de la puerta blindada del sótano era muy razonable. Ahora, lo pagarán con más ganas. Ya miraré si les pongo un plus de inmediatez.
   Me voy a la cama. Mañana será un día muuuuy largo…





02/01/2025, Gijón

© La Pluma del Este

 

 

13 de noviembre de 2024

Atando los cabos

 Atando los cabos



—¡Qué feliz estoy con esta aventura! Menos mal que insististe en traerme a este acantilado. Las vistas son maravillosas. Y el mar, ahí, abajo, se ve tan implacable, tan cruel, tan inmenso. Es una pena que casi nadie conozca este lugar. Gracias…  No merezco tu ami…
   «Amistad, zorra… Amistad… ¡Serás puta mentirosa! ¡Claro que no te la mereces! ¡Dios, qué fácil ha sido! No lo esperabas, ja, ja, ja… No te dio tiempo ni para gritar, zorra. De entre todos los hombres, ¿por qué mi marido? ¿Por qué? Me clavaste un puñal, zorra. Me jodiste la vida… Ya anochece, la marea sube y a saber dónde arrastrará tu cuerpo escuálido, cabrona. Ahora voy a cocinar una cena “exquisita” para el hijo de puta con el que me casé… Su última cena…»






                                                12/11/2024, Gijón

29 de octubre de 2024

Sara

 Sara




El hombre bajaba por la escalera hacia la oscuridad. Con mucho cuidado y apoyándose en las paredes de cemento, llegó al sótano. Encendió la bombilla.
   La puerta de hierro oxidado estaba abierta de par en par. La cadena y el candado, rotos, reflejaban la sucia luz.
   —Saraaaaaa…  Saraaaaaaaa… ¿Estás aquí? ¿Dónde te escondes? Has sido una chica mala. Muy mala. ¿Qué voy a hacer contigo ahora?
   Desde un rincón se oyó un lloro y suaves quejidos. Una sombra se ha movido y algo se arrastró hacia el hombre. Era una muchacha de unos trece años, delgada, desnuda y llena de sangre y arañazos. Su melena apelmazada escondía un rostro sucio y con los surcos claros de lágrimas.  Los ojos azules imploraron al hombre. Este la cubrió con una manta rosa.
     —Lo… lo… Siento muuucho. Por favor… Lo siento…
  —¿Cómo pudiste escapar? Te di el triple de somníferos, te encadené y cerré bien esta puerta de hierro. —El hombre la abrazó para tranquilizarla. —¡Qué desastre! Cada luna te haces más y más fuerte. Y esta vez has dejado cuerpos. ¡Hablamos de no cazar a las personas!… No tenías que haber ido a aquel parking.  ¡Tres hombres! ¡Destrozaste a tres tipos más grandes que yo, muchacha! De nuevo tendremos que mudarnos. Sube a ducharte y a descansar un poco. Avisaré al colegio que estás con la gripe… Pero… ¿Qué escondes ahí? ¡Madre mía!… ¿Un conejo vivo?
   —Papi, porfa, déjamelo. Quiero tenerlo. Por favor. No lo mataré. Lo prometo…



                                       


                                                                  28/10/2024, Gijón

11 de octubre de 2024

La propiedad privada

 La propiedad privada




Me senté en la hierba a fumar un cigarrillo.
La brisa con olor a la tierra revuelta jugaba con la llama del mechero. Por fin el humo llenó mis fosas nasales y buscó la salida. A la tercera calada dejé de temblar. Otra calada. Otra más. Casi me quemo los dedos con la colilla. La tiré al agujero, donde se apagó con un suave siseo.
   Me quedé a oscuras. La luna apenas se reflejaba en el metal frío de la pala. El silencio cómplice de la noche redujo todos los sonidos. El mundo que me rodeaba sabía lo que estaba haciendo. Sentí que me observaban. No me importó: tenía la razón de mi lado. No fui yo quien entró en una casa ajena. Tampoco fui yo, él, que cuchillo en mano, atacó al propietario. Y no he sido yo el que mató primero…
   Con un fuerte empujón, el cuerpo del intruso cayó al hoyo. Enseguida empecé a llenarlo con piedras y tierra. El nogal, que esperaba ser plantado, movió sus hojas en señal de protesta. Parece que el abono no era de su gusto… Pero es lo que hay.
    Mañana me ocuparé de Nico. Mi perro. Un amigo fiel merece ser enterrado a plena luz del día.






10/10/2024, Gijón


 

4 de julio de 2024

"Seré bueno"

“Seré bueno”


 

Mis dedos temblorosos apenas han podido sostener la llave maestra y esta se cayó al suelo. La recogí y la metí en la cerradura. El suave clic y el crujido de las bisagras me provocaron un escalofrío. Durante unos segundos me quedé paralizado. Al otro lado, dentro, estaba el mundo del que hui y al que me prometí no volver jamás —el piso de mis tíos— la única familia que me quedaba después del accidente de mis padres.
   Entré…
   El olor a cerrado y a un cuerpo en descomposición me dio de pleno como una bofetada. Sentí unas arcadas y, rodeado de una nube de moscas, salí de nuevo al rellano.
   Me obligué a volver. Recorrí con la mirada las paredes forradas en papel pintado con un horroroso estampado, los muebles oscuros y añejos sobre el suelo cubierto de polvo y trastos, amontonados por doquier. Nada había cambiado en los últimos treinta años. La casa de mis tíos como un lóbrego mausoleo seguía asustándome. Me paré sin ganas de adentrarme más …
   De repente todo se llenó de uniformes y trajes blancos. Los focos y flashes han iluminado el ambiente opresivo con una luz fría, sacando a la vista los tenebrosos rincones y un enorme e hinchado cadáver… de mi tío.
   El cerdo la había palmado en su asqueroso sofá. Era su lugar preferido. Ahí pasaba todo el día sentado viendo los documentales. De esos, donde un animal mata al otro para comérselo todavía vivo. Y las hienas… Sí, esas le encantaban. De hecho, él se parecía mucho a una. Aunque le sobraban unos cien kilos. Estaba muy gordo, el cabrón …
   Juan, mi compañero me preguntó algo. Le dejé hacer y de nuevo me sumergí en el pasado…
   Mi tía. La hermana de mi padre. Pobre mujer. Se mató. Después de la enésima paliza, salió de casa y nunca volvió. Pasados unos días de su entierro oí a las vecinas decir que se tiró al mar, «pobrecita ella». La odié por aquello como puede odiar un niño de seis años que se ha quedado a merced de un monstruo. Ya nadie me iba a proteger, ni recibir los golpes por mí. Ni darme los besos con sabor a lágrimas…
   La vida con mi tío ha sido una confusa sucesión de golpes y castigos hasta que los servicios sociales me han sacado de aquel infierno con casi nueve años…
  Los de la morgue ya se han llevado el cadáver, mi compañero hablaba con la vecina, un par de agentes continuaban recogiendo las muestras y yo seguía clavado al lado del sofá. Juan me sacó al presente:
   — Manu, el piso está vacío. Los de la científica casi han terminado. Según el forense, el tal M.J. Pérez lleva muerto unos cuatro meses.  También que la muerte podría ser accidental. El tipo se atragantó con un trozo de pizza. Lo que no me sorprende. El tique de la pizzería es de cuatro de marzo, así que las fechas cuadran.  La vecina dijo que no salía mucho. Ni siquiera a comprar. Todo le traían los repartidores. Tampoco trataba con los vecinos. No le suena que tuviera parientes. Era un tipo muy raro. Creo que es todo. ¿Nos vamos?
   — Espera, daré otra vuelta por si se nos había escapado algo. Ya sabes, los cuatro ojos ven mejor que dos. No tardaré. —No me gusta mentir a mi compañero, pero necesito estar a solas unos minutos.
   Mis pasos me llevaron a una puerta al final del pasillo. Es mi habitación. Lo era. Sigue igual: una cama pequeña cubierta con el edredón de ganchillo que me hizo mi tía, la mesita con una lámpara en forma de faro y la foto de una mujer muy guapa y risueña con un niño rubio en sus brazos. Mi tía y yo… Antes de vivir en el infierno. Un oso azul de peluche… Un par de coches en un estante… Comparada con el resto de la casa, la habitación estaba ordenada.
   Me aproximé al armario cerrado. Giré la llave. Lo abrí de par en par… El interior oscuro olía al orín.  Aparté algunas prendas. Con las manos temblorosas saqué mi linterna. La encendí. Casi se me cae al suelo. En la pared del fondo, con algo afilado, se veía grabada en repetidas veces la frase “seré bueno”, “seré bueno”, “seré bueno” … De varios tamaños. En distintas direcciones. Todas escritas con la misma mano, la mía…
   Cerré el armario y volví al salón. Ya todos se habían ido. En el sofá quedaba una enorme mancha maloliente.
   Ya ves, tío. Al final, no he sido bueno, ¿verdad? El trozo de pizza que te metí por el gaznate lo confirma.



                                                    
                                                                                                            04/07/2024, Gijón

  

12 de junio de 2024

Cariño, ya estoy en casa

 Cariño, ya estoy en casa.





El peso de cientos de kilos de tierra y escombros poco a poco hace su trabajo: aplastarme como un miserable insecto.
   He perdido la noción del tiempo. ¿Cuánto llevo aquí abajo? ¿Una hora, un día, una semana…? Da lo mismo. Para mí, una eternidad. El pánico de los primeros minutos acabó cuando un punzante dolor en el costado izquierdo me hizo desmayar…
   Cuando me he vuelto en mí, comprendí que muy pronto iba a morir… Un rato después, dejé de gritar y llorar… Me reí con la boca llena de tierra. Qué situación más absurda: todavía vivo, pero muerto. Es para morirse. Puta redundancia.
   Apenas respiro y tengo un hierro clavado en el costado. Mi vida se me escapa a borbotones. ¿Cuánta sangre tiene una persona? ¿Cinco, seis litros? Al principio pude sentir el calor del chorro pegajoso. No he podido taponarlo ni siquiera con las manos, ya que las tengo retorcidas en ángulos imposibles, rotas y encajadas entre los trozos de hormigón.
   Ya no noto el goteo. Parece que la tierra y la sangre coagulada han hecho un tapón. Justo para que el rato que me quede de vida esté divagando gilipolleces. Total, nadie sabe dónde estoy.
  No tenía que haber vuelto a… mi antigua casa. Estúpido… Imbécil… Joder. Pude dejarlo todo a la suerte y olvidar. Igual nadie la hubiera encontrado después de más de veinte años.  A mi primera esposa… Son solo unos huesos. Limpios y blancos. Hervidos con lejía durante horas. Seguro que ni ADN encontrarían. Pero tuve miedo. Mucho miedo. Mi vida actual ahora es perfecta. Y he pagado un precio muy alto para conseguirla.
   Así que aquí estoy, de vuelta con ella: en el pozo de nuestra casa. Su calavera con las mandíbulas rotas a martillazos, cuando le arranque los dientes, me mira fijamente. Y se ríe de mí. Maldita hija de puta. Ni muerto puedo separarme de ti. Cariño, he vuelto…  A casa contigo… Ja, ja, ja…
 


Una semana antes.
  «—… Sí, sí, es un ambicioso proyecto de construcción que cambiará la imagen del barrio de Cerrillano. Toda esta zona de casas viejas, hasta el mes pasado, era un foco de insalubridad y tráfico de estupefacientes. Los okupas y delincuentes tenían aterrorizados a los vecinos. Pero gracias a los fondos europeos y la participación del sector privado, el barrio volverá a ser bonito y con mucha gente nueva que se mudará a esta zona residencial.
   —Gracias, señor alcalde. Como podéis observar, las máquinas excavadoras ya han empezado a demoler y remover el terreno. Según el proyecto, debajo de cada edificio habrá dos plantas de aparcamientos, lo que no es usual en este tipo de construcciones. Así que van a cavar muy profundo…»
   ¡Mierda, mierda, mierda…! ¡Joder! No puede ser. Ahora, no. ¡Si aquello antes era un pueblo fuera de la ciudad! Nunca se me había ocurrido que iban a construir ahí. ¡Mierda! Tengo que desenterrarla y cambiarla de sitio. ¡Joder!
   —Laura, nena, debo ir de viaje unos días a Madrid. Sí, también el fin de semana, pero ya sabes, que el curro es lo que tiene: te avisan de un momento a otro. Dale un beso a Nina de mi parte. Las veré el lunes. Te quiero.







                                                                                                11/06/2024, Gijón

 

 

 


10 de mayo de 2024

El tío duro

 

El tío duro

 

Con una inesperada finta, el atacante me dejó casi KO. El golpe ha sido tan fuerte que mi cabeza empezó a dar vueltas y sentí tremendas ganas de vomitar.
   —¿Qué, vas a llorar como una niñita? ¿Ya no eres tan terne, guapito? Me vas a suplicar que pare, mientras escupes los dientes. Lo que quedará de ti, lo tendrán que recoger con una pala. — El tipo me dio varias patadas en el estómago. Me doblé del dolor. Sus compinches le jalearon.
   Por el rabillo del ojo avizoré a Marco, haciéndome la señal de que el rescate ha salido bien. Mis hijos estaban a salvo.
  El odio y la rabia acumulados me impelieron al ataque. Cogí al cabrón por sorpresa. Con un fuerte puñetazo en los riñones y con una patada en su rodilla derecha, lo derribé al suelo. Me puse encima y con un twister le rompí el cuello. Los pandilleros se quedaron mudos. Ahora, a por ellos…
   —¡Corten! ¡Corten! Los del maquillaje, necesito más drama y más sangre. La cara del protagonista no está bastante maltratada. Los de la banda, no sois tan fieros como exige el guion. ¡Poneos las pilas! Vamos a repetir la escena. Cuando quieran.
—¡5 y Acción!
   Mis ojos tumefactos apenas han visto venir el puñetazo. Ser un especialista es una mierda…

  


                                                                      09/05/2024, Gijón

25 de abril de 2024

Un trabajo perfecto

 Un trabajo perfecto

 

 
Decía mi padre, que en paz descanse: “En todo lo que hagas, intenta ser el mejor. Un trabajo bien hecho requiere las mismas energías que uno desastroso. Y el respeto de la gente será tu tarjeta de visita”.
   He seguido su consejo al pie de la letra toda mi vida.
   Por ejemplo, ahora mismo. Con mucha delicadeza voy echando el producto al agua y con la paleta estoy mezclando los ingredientes. A mano. No me gustan los artilugios, soy un artesano. Lo remuevo todo con constancia y calma. En esto las prisas no son buenas. Por fin, la mezcla adquiere una textura suave y ligeramente elástica, con un poco de brillo lacado. Perfecta.
   Con movimientos precisos, desarrollados durante muchos años de mi total dedicación al oficio, voy colocando un ladrillo detrás de otro. Ya no necesito usar el nivel. Mi ojo del buen cubero sabe detectar cualquier defecto. Las filas rectas de ladrillos, unidos con mortero, van subiendo a buen ritmo. Ya casi he terminado la pared.
    Echo el último vistazo a mi obra. Perfecta. Nada falta, nada sobra.
   Pasarán muchos años, seguro que yo estaré criando malvas, pero alguien descubrirá mi colección de cuerpos emparedados. En fin, es a lo que me dedico…

 



                                                                           25/04/2024, Gijón

22 de enero de 2024

SUCESOS: "El afortunado"



SUCESOS

Encontrado el cuerpo sin vida de un hombre

La Pluma del Este

 

 

Ayer, 22/01/2024, a las 10.35 de la mañana, un paseante de perros encontró el cuerpo sin vida de un hombre en la playa de San Lorenzo.

A.G.G. declaró que al principio pensó que era una alfombra enrollada, pero al acercarse vio que era un hombre vestido con un traje y gabardina.

Las autoridades no quieren especular, sin embargo, las fuentes cercanas hablan de un posible suicidio. El comisario Benítez no lo ha confirmado, pero tampoco lo ha desmentido.

Al finalizar su rueda de prensa, la policía ha pedido la colaboración ciudadana para poder identificar el cuerpo del desconocido. Para aportar la información sobre el caso, contactar por tel. 999 999 999.

Descripción del fallecido:

Varón de unos 50-52 años. Alto, de complexión mediana. Calvo. Vestido con el traje color azul marino y la gabardina gris. En el bolsillo interior de la misma se encontró una nota:

“Después de veinte años jugando los mismos números, este sábado, por fin, me ha tocado el Gordo. Con tanta suerte que mi mujer ha lavado mis pantalones sin mirar en los bolsillos.

Esto no es vida…”

Seguiremos informando.





                                                                                             22/01/2024








 

19 de enero de 2024

El accidente

 El accidente



La cada vez más grande mancha roja se expandía por el suelo, llegando a la nueva alfombra beige… Las caras de los presentes estaban congeladas por el susto y sin saber qué hacer. Él solo podía pensar en los noventa y cinco euros que le ha costado la puñetera botella de vino.



                                                         19/01/2024, Gijón

 

6 de octubre de 2023

La salvación


La salvación

 (Continuación de “La huida”)

 

   Su búsqueda diaria por los contenedores no le llenó el estómago: un trozo de pizza y una madalena rancia — es todo lo que encontró entre la basura. Y para el colmo, empezó a llover. Todavía hambriento, volvió a su escondrijo y se puso a dormir con el sonido de las gotas.
   Soñaba con un plato de carne y salchichas cuando oyó un grito. Se levantó con mucha rapidez. El grito otra vez. Salió a la calle y afinó su viejo oído. Los gritos se repitieron. Cruzó un par de callejones detrás de las naves. Se acercó al hueco que había en la valla. El ruido de una lucha lo llevó hasta unos matorrales.
   Vio a dos humanos peleándose. Uno estaba tirado en el suelo y el otro, encima, haciéndole daño. El de abajo lloraba y gritaba. Sufría. Era una hembra que peleaba por su vida. Tenía que ayudarle. Corrió y saltó a la espalda del malo y le clavó los dientes en el cuello. Su boca se llenó de sangre. El humano gritó y soltó a su presa. Cuando se giró hacia él, su cara expresaba sorpresa y dolor.
   —¡Pero qué coño es…! — e intentó darle una patada. Él hincó los dientes en su pierna. El humano sacó una cosa brillante y la clavó en su lomo. Un fuerte dolor lo hizo caer. La humana, llena de golpes y arañazos, se levantó para poder huir de su agresor. Antes de caer inconsciente, por el rabillo de los ojos, vio que ella volvía con algo alargado en las manos y asestaba un tremendo golpe al malo. Otro. Y otro. Este caía. Después, oscuridad…
   Cuando abrió los ojos, se sintió aprisionado y con algo molesto en la boca. Un pitido le taladraba los oídos. Entre todos los olores del lugar reconoció a uno. De ella. Estaba ahí con él.
   —Te vas a poner bien, mi pequeño héroe. Muy pronto nos iremos a casa…







                                                                                                                 06/10/2023, Gijón

20 de junio de 2023

Los buenos vecinos

Los buenos vecinos



Señor Juan esperó que su nuevo vecino se fuera.
Ahora podrá subir a la finca y, sin que nadie lo vea, recolocar el palo que marca la frontera entre sus tierras. En la última tala de eucaliptos, hace un mes, lo vio en su sitio. O no. No estaba seguro. Pero la semana pasada, cuando subió al monte, el palo no estaba. Alguien lo hizo desaparecer. Su hijo le insistía cada poco que apuntara las coordenadas por el GPS y pusiera algo más permanente, como un poste de hormigón. Las cosas modernas no iban con él y no quería gastar el dinero a lo tonto. Una buena rama de madera, con un trapo, era todo lo que necesitaba. Nadie se atrevería a moverla o quitarla de su ubicación. La palabra de un paisano y un apretón de manos le valían más que una firma.
   Manolo, su anterior vecino, murió y sus hijos vendieron la casa y el terreno del monte a uno que vino de la capital “para buscar la vida tranquila”. No pintaba nada aquí. Él deseaba aquellos terrenos, pero los herederos pedían demasiado. Seguro que no querían venderlos a él. Desgraciados.
   La sospecha que el nuevo quería robarle sus tierras no le dejaba dormir. Pasaba las noches en vela. Se sentía agobiado y lleno de ira…
   Dejó su coche entre los árboles para hacer el resto del camino a pie. El teléfono otra vez. Con esta ya son cuatro llamadas perdidas de su hijo. Ya le llamará más tarde.
   — Hola, señor Juan.— Es él, el nuevo.— Qué raro. No veo la marca entre nuestras fincas. ¿Sabrá usted algo?
 “Mentiroso. Me miras a la cara y mientes como un bellaco”  pensó —. “Y ahora, ¿qué narices haces aquí? ¿No ibas al pueblo?”
   — Cuando vine para contrastar los límites con la escritura, había un palo con algo blanco.
   — Sí. La marca. Siempre estuvo aquí. De toda la vida. Mira por ahí, más abajo. Igual la ves.
   El vecino le dio la espalda y se inclinó para mirar entre los matorrales. El golpe seco, fuerte, justo debajo de la nuca, lo empujó ladera abajo…
   El corazón de Juan empezó a palpitar a mil por hora. El martillo resbaló de sus manos. El sudor frío bajó por su espalda mojando los calzoncillos. El sonido del teléfono casi le hizo caer para hacer la compañía al otro.
   — Diga.
   — Hola, papá. Perdona por molestarte, igual estas con tu siesta. Yo ando muy liado, por esto se me olvidó decirte, que al final he apuntado las coordenadas del GPS de estos palos que marcan la finca del monte.  Hace una semana subí con un compañero del curro. Y al girar el coche, rompimos uno que estaba justo en el camino. Pero no te preocupes, el punto exacto lo tengo apuntado. Este finde paso por ahí y lo volveremos a colocar. Si tú quieres…




                                                                                               20/06/2023, Gijón




                                                                                 

5 de mayo de 2023

El secreto

 El secreto




Anoche la tempestad hizo estragos: arrancó los árboles y rompió algunas ventanas. La vieja puerta del jardín, sacada de sus goznes, estaba tirada a varios metros.  Y lo más extraño es que hace muchos años nadie la abría.
    Al acercarme hasta la abertura me acordé de lo que contaba mi abuelo cuando yo era una niña. Decía, que esta puerta protegía el secreto de la familia y que jamás nadie debía abrirla. Por nada del mundo. 
    Entré… 
    En el centro de un precioso jardín había una fuente. Su agua cristalina cantaba una extraña melodía. Me acerqué. Vi en el borde una inscripción: 

“Serás y tendrás todo lo que deseas,
si de esta fuente el agua es bebida. 
Pero cuidado, toda tu familia 
pagará el precio con su vida”

    El agua fría y sabrosa bajó por mi garganta…
    Nunca me supo tan bien…




                                                                                                       23/04/2023, Gijón     


Este relato participa en el reto de Paleta de las emociones del blog Tintero de oro

Emociones: Interés, Vigilancia, Anticipación, Alegría, Sorpresa.



28 de marzo de 2023

El final esperado

     El final esperado



Aquella infausta relación no presagiaba nada bueno…
    Los vecinos cada poco llamaban a la policía y ver varios coches aparcados enfrente del portal ya era algo habitual. El tipo salía esposado, pero volvía de nuevo a casa. Ella, aun estando vilipendiada y mancillada delante de todos, con marcas de golpes y arañazos, seguía sin denunciarlo. Era su marido y que los demás nos metiéramos en nuestros asuntos. 
    El verano pasado fue especialmente tórrido y las ventanas abiertas nos hacían partícipes de las tropelías del maltratador…
     Al oír los gritos infantiles, me tiré por las escaleras.
    Escuché farfullar a alguien. Un niño tenía su mirada límpida, fija en cada vez más grande charco de sangre…




                                                                                                25/01/2023, Gijón

© La Pluma del Este


25 de marzo de 2023

Muerto ya estoy...

     Muerto ya estoy
   




Con el primer disparo, José Carlos hundió su cara en su propia sangre. Todos quedamos congelados viéndolo morir. La siguiente fue mi mujer, Mercedes. De su nívea blusa brotó un jardín carmesí. Todavía veo sus ojos verdes como esmeraldas, fijados en mí, pero muertos. El resto nos tiramos al suelo. Sonó el teléfono. Nadie se movió a cogerlo. Me arrastré yo.
   —Esto es un aviso. Si publicáis algo sobre la Compañía, los siguientes en morir seréis vosotros y vuestros familiares. —Colgaron…
   Cinco minutos antes, todos de la redacción del periódico, estábamos discutiendo de cómo soltar el bombazo sobre la estafa millonaria de la Compañía que causó tantas víctimas mortales.
   Han pasado dos años desde aquello. Ahora en mi ordenador marcaré el “enviar”. Yo no tengo nada que perder…
   Muerto ya estoy




      
                                                                                                        09/03/2023, Gijón